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Federación Internacional de Comunicadores Populares

"La opción de cambio perdió en Colombia" por Lorenzo Gonzalo (sub director de Radio Miami)

(Foto © Virgilio PONCE)

21 de Junio del 2010

Cuando llegamos a una ciudad, los taxistas son una fuente de información social de gran valor, al menos para orientar el olfato de analistas políticos y sociales.

Existen pocas variantes en el número de opiniones, que transitan desde el apoyo al candidato oficialista Santos, el opositor Antana Mockus o la apatía.

Los últimos se lamentan de que las elecciones no cambiarán los males que impiden un mejor progreso. No importa quien gane. Sin embargo, muchos admiten que el candidato Atanna Mockus es “el menos malo”.

Otros se quejan de la globalización. Uno de ellos resumía este asunto diciendo que “los precios son los mismos aquí que en los países ricos, pero los salarios son cuatro veces más bajos”. Luego narra la complejidad de ser taxista y lo poco que se gana porque hay que “pagar a las empresas a las cuales por ley debemos afiliarnos”. “Tenemos además que pagar seguros que en nada nos protegen y en caso de accidente, tenemos que desembolsar dinero”.

Evidentemente se trataba de un chofer contrario al oficialismo, que al final se declaró partidario de Petro, el candidato de Polo que agrupa a la izquierda colombiana.

La mayoría de los conductores parecen ser partidarios de Santos. Al menos ese fue mi hallazgo entre las dos docenas cuyos servicios hube de utilizar. Bogotá tiene decena de miles de taxis que compensan la movilidad y enriquecen el transporte masivo. Curiosamente, varios de los taxistas eran jubilados y un alto porcentaje tenían educación formal. Cuatro de ellos dijeron ser ingenieros que trabajaron para compañías en otros países, como sus representantes o vendedores. En Colombia donde la educación tiene bajos niveles, el fenómeno de ver profesionales en tareas propias de calificaciones laborales bajas, es debido a la gran escasez de puestos de trabajo.

Los partidarios de votar por Mockus, aunque fueran simpatizantes de otros políticos, aducían la corrupción y el clientelismo implementado por el Presidente Uribe.

Los seguidores de Santos, manifestaban su intención de voto como un tipo de agradecimiento hacia el mandatario que termina su período. Las razones aducidas son la lucha contra la guerrilla, la cual asocian con la violencia. Es curioso que sea únicamente la guerrilla la asociada con éste flagelo que tantas víctimas inocentes ha ocasionado y no incluyan a los paramilitares, de quienes existe una amplia documentación de desmanes pocas veces igualados en la historia. En otras instancias, cuando se menciona la guerrilla la asocian con el narcotráfico. Son los clichés, introducidos por la prensa que se sostiene con los anuncios comerciales de los grandes intereses que controlan el poder.

Otras personas, trabajadores de supermercados y servicios, también manifiestan ser partidarios de votar por Santos. En todos los casos, la razón fundamental es que el gobierno de Uribe logró una paz relativa que los ciudadanos agradecen. El análisis no va más allá. No importa que ese mismo gobierno no haya sido capaz de sacar de la pobreza a amplios sectores de la población; que los precios de los productos alimenticios sean más de una vez, superior al de Estados Unidos y el salario varias veces inferior. Las personas agradecen por encima de todo la “seguridad” inmediata que significa andar con cierta tranquilidad por las carreteras y que muchos hayan podido regresar a visitar a sus familiares en pequeñas poblaciones que quedaron aisladas por una violencia incontrolada y sobre todo injustificada.

Colombia es de los pocos países latinoamericanos y caribeños que, durante los últimos años, ha mostrado un aislamiento del conjunto de los países hemisféricos. Las nuevas tendencias reformistas, de la mayoría de los gobiernos del área, han contrastado con una especie de empecinamiento del gobierno de éste otro país, por estigmatizar los procesos de cambio. La existencia de un movimiento guerrillero, convertido cada vez más en un reclamo marginal que aspira a proclamar cambios desde fuera de las instancias políticas, le ha restado capacidad de gobernación a los poderes de turno. La violencia, que no sólo viene de la guerrilla y cuya existencia la precede largamente en el tiempo, ha sido manipulada y convertida en programa político. Bajo el signo de semejante estrategia, los asuntos más pertinentes, relacionados con la solución de la pobreza, han sido anulados y las relaciones vecinales han sido sacrificadas en aras de satisfacer ciertos intereses contrapuestos a la región, que se mueven en Washington.

La manipulación de la violencia, por los representantes del poder, ha logrado que la Colombia de hoy asocie las ideas progresistas y los planteamientos de cambio y reformas económicas con la guerrilla. De aquí que las llamadas izquierdas, estén tan debilitadas y se hayan fragmentado en debates bizantinos o irracionales.

Es injusto decir que en Colombia ha ganado el oficialismo, cuando en la realidad se ha tratado de un voto contra la violencia, erróneamente adjudicada únicamente a la guerrilla. Dicha visión desconoce que el crimen y la opresión que se desprende de dicha práctica, tiene sus orígenes en hechos tan recientes como los gobiernos represivos y dictatoriales que fueron impuestos para servir de punta de lanza a Estados Unidos en su Guerra Fría contra la antigua Unión Soviética. Pero más allá de esos orígenes tan recientes, existieron los gobiernos generados por la proliferación del soborno que introdujo el interés foráneo en conjunción con inmorales egoísmos nacionales. En la realidad, en ésta elección que acaba de producirse en Colombia, los únicos perdedores han sido las nuevas generaciones que han quedado apresadas por una forma de lucha que caducó cuando el voto se convirtió en un instrumento posible para elegir las corrientes del poder. La guerrilla, si alguna vez tuvo razones reales de lucha, perdió su vigencia cuando los mecanismos políticos hicieron posible cjava-scriptr los cimientos de los viejos poderes.

No obstante, los resultados logrados hasta el momento, pudieran enriquecerse, si se pone en práctica la concepción ética de vida, que predica Mockus, quien le restó importancia al fracaso de perder la contienda y convocó a trabajar con el nuevo gobierno, ser vigilante de sus actos y sobre todo, no aceptar compromisos infundados. Su discurso fue una apelación para construir Colombia desde la oposición, en la seguridad de que por ese camino, las nuevas fuerzas llegarán al poder.

La guerrilla, que quizás en un momento se convirtió en una esperanza para cambiar la realidad, es hoy una pesadilla que contribuye a mantener al país aislado de los cambios de los nuevos tiempos. Su existencia constituyó un indiscutible baluarte para el triunfo de Santos, porque desgraciadamente, la seguridad es muchas veces más importante que los alimentos, la educación y la salud misma.

De la contienda electoral de Colombia, quizás podamos decir que Santos no fue el ganador y que la opción de cambio, erróneamente identificada con los remanentes guerrilleros, fue la gran perdedora.

*Lorenzo Gonzalo: periodista cubano residente en Miami y sub director de Radio Miami.

(Foto © Virgilio PONCE)

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