HERMES

Federación Internacional de Comunicadores Populares

"Entrevista a Ramón Cernuda" por Edmundo García*

Programa: La Tarde Se Mueve.

Director Edmundo García*.

Fecha: Martes 13 de octubre del 2009.

EG: Edmundo García

RC: Ramón Cernuda

El programa La Tarde Se Mueve se puede escuchar en internet, en la siguiente dirección electrónica: http://www.lanochesemueve.us/

Edmundo García (fotos © Virgilio PONCE)

EG: Hoy en La Tarde se Mueve, está pautada una entrevista con un hombre que ha sido protagonista
en esta ciudad, conocido, que ha despertado a veces pasiones y que ha
jugado un
papel en dos terrenos a veces distantes, como es la cultura y la vida
política.
Me refiero al galerista Ramón Cernuda. Buenas tardes Cernuda, y gracias
por
acceder a una entrevista con la Tarde se Mueve.

RC: Muy buenas tardes Edmundo. Estoy encantado de estar aquí contigo.

EG: Cernuda, alguien me ha dicho que alguna vez usted quiso pasar por la vida como cantante.

RC: No, eso no es cierto.

EG: ¿Nunca?

RC: Jamás.

EG: ¿Nunca cantó? ¿Nunca tuvo la intención de cantar?

RC:_ Nada, en la ducha sí de vez en cuando.

EG: No, yo lo decía por lo del pelo blanco y lo muy elegante que usted está siempre.

RC: Ah, muchas gracias, muchas gracias.

EG: La elegancia es siempre como una distinción en usted.

RC: Bueno, quizá sea más bien una manera formal de vestirse que una manera elegante ¿No? La corbata
es un instrumento que es bonito, ¿no?

EG: ¿Y usted piensa mucho todas las mañanas en que me voy a poner hoy?

RC: No, tú puedes creer que no. Llego allí y recojo lo primero que encuentro y me lo pongo.

EG: Ramón Cernuda, ¿Cuándo llega usted a los Estados Unidos?

RC: El 5 de octubre de 1960.

EG: Hizo ahora 49 años. ¿Y usted era muy pequeño cuando vino?

RC: Trece años de edad.

EG: O sea, a los trece años lo trajeron sus padres.

RC: Sí claro, me trajeron mis padres, pero consciente yo del paso que la familia tomaba y de la
decisión que ese momento compartíamos todos, de salir del
país.

EG: Usted me dice que a los 13 años se quería ir de Cuba.

RC: No me quería ir de Cuba. Entendí en ese momento, al igual que mi familia, que por el bienestar de
la familia y para garantizar la integridad de la familia debíamos irnos
de
Cuba.

EG: ¿Por qué? ¿Porque era una familia que pertenecía a alguna clase acomodada, fueron afectados por el
proceso revolucionario cubano?

RC: Mi familia participó en un proceso de apoyo, mi padre concretamente, a la insurrección
antibatistiana, dentro de un sector moderado, que estaba muy cerca de
Manolo
Ray, el grupo que después se conoció como el JURE, la revolución
traicionada, y
que poco tiempo después de los primeros cambios, que tomaron lugar en el
año
1959, y 1960, se volcaron en una gestión de oposición al gobierno
cubano.

EG: O sea, ¿usted me dice que a los 13 años ya usted tenía una conciencia política?

RC: Yo creo que sí. Yo estaba consciente de los problemas que se presentaban. Estábamos evidentemente
viviendo una etapa de radicalización de la revolución cubana, y eso nos llegaba
al hogar. Era palpable.

EG: ¿Y las medidas que tomaba la Revolución en esa época en alguna forma afectaron a su familia? ¿Usted
venía de una familia de clase alta?

RC: Nuestra familia era una familia de comerciantes, una familia de clase media acomodada.

EG: ¿Fueron afectados?

RC: No, en el momento que se toma la decisión de la emigración no había habido, de manera directa,
ningún efecto de estas políticas revolucionarias, gubernamentales, hacia
los
intereses económicos de la familia. Era más bien una cuestión de
discrepancia
política.

EG: ¿Y la familia salió entera o hubo una parte que permaneció en Cuba?

RC: Prácticamente el núcleo familiar salió completo. Mi padre, mi madre, mis hermanos.

EG: ¿Sus padres aún viven?

RC: Sí, viven mis padres.

EG: ¿Han regresado sus padres a Cuba?

RC: Mi madre sí, ha viajado varias veces a Cuba. Desde que se abrió el contacto con la comunidad,
ella empezó a viajar a Cuba y ha estado en contacto con la parte de la
familia
que quedó allá, mis tíos y la parte materna.

EG: ¿De qué parte de Cuba son ustedes?

RC: De La Habana, de la ciudad de La Habana.

EG: ¿Y a cuál actividad comercial se dedicaba su familia?

RC: Negocios de muebles.

EG: ¿Y aquí no se dedicaron al negocio de las mueblerías?

RC: No, mi padre trabajó varios años como ejecutivo de Sears. Sus primeras posiciones en la
empresa fuera precisamente en los departamentos de muebles._ Pero
después
continuó ascendiendo dentro de la empresa, y ya no tenía que ver
directamente
con ese renglón.

EG: ¿Su formación en Estados Unidos es anglófila? O sea, usted es un hombre criado dentro del mundo
norteamericano. O educado quiero decir.

RC: Bueno, la familia llegó en octubre de 1960 a Miami y enero de 1962 emigramos a Puerto Rico, y
vivimos en Puerto Rico durante 12 años. Y allí fue que estudié y asistí a
los
colegios preuniversitarios, y también a la Universidad de Puerto Rico.
Después
fue que regresé a Miami, en la década del 70.

EG: ¿Y cómo_ vivió usted la década del 60, sobre todo a finales , con la obligatoriedad de tener
que inscribirse en el Ejército, de tener que ir a la Guerra de Vietnam?
¿Cómo
vivió toda esa etapa? Me refiero a los procesos políticos que afectaron a
los
jóvenes, porque hay jóvenes de su época, de su generación, que tuvieron
actitudes políticas en la comunidad cubana. ¿Cómo fue ese proceso en
usted?

RC: Bueno, yo participé, en el campo de la política cubana, con el Movimiento Demócrata
Cristiano, durante la década del 60. Después, dentro del propio
Movimiento
Demócrata Cristiano surgió una corriente progresista que postuló la
necesidad de
promover o tratar de abrir caminos de diálogo con las autoridades
cubanas. Hay
que recordar que en aquella época en América Latina estaba muy activa la

izquierda cristiana, y también desde El Vaticano había un movimiento de
revisión
de las relaciones con las
autoridades cubanas y con el gobierno de la Revolución. Y entonces,
dentro del
Movimiento Demócrata Cristiano surge una corriente progresista, en la
que yo
estuve muy involucrado, ganamos algunas elecciones en el sector juvenil,
y
fuimos expulsados del Movimiento Demócrata Cristiano, junto con otros
dirigentes
del ala juvenil, por postular posiciones en favor del levantamiento del
embargo
y diálogo con las autoridades, las posiciones que la Iglesia Católica en
Cuba
estaba abogando por ellas en la década del 60. Eso es el campo del
escenario
cubano. En el escenario internacional, nuestra posición fue de oposición
a la
Guerra de Vietnam.

EG: ¿Usted evadió ir a Vietnam?

RC: Yo no lo evadí. Yo me negué. Una cosa es evadir y otra cosa es enfrentarse de una manera activa.

EG: ¿Y eso le ha traído consecuencias?

RC: Sí, que el gobierno norteamericano ha insistido mucho en que esa decisión nuestra —y digo
nuestra porque no fue mía solamente. Fue mía a título personal, pero un
grupo de
amigos que participábamos en todas estas gestiones nos negamos a seguir
en el
Ejército, y hasta ahora, pues ninguno ha podido lograr la ciudadanía
norteamericana, de hecho casi todos ni siquiera la residencia
permanente. Se
mantiene en un estado de limbo.

EG: ¿Cuál es el estatus migratorio que usted tiene en Estados Unidos?

RC: __Yo logré la residencia permanente en la década del 80, después de varios procesos judiciales
y con representación de abogados. La residencia sí. La ciudadanía norteamericana
no.

EG: ¿No se la han dado?

RC: Ah, no, no. Ha sido denegada varias veces, Incluso en apelaciones.

EG: Cernuda, Esta época política suya, con respecto a Cuba, en Puerto Rico, ¿estamos hablando de
la década del 70?

RC: Estamos hablando de finales de la década del 60. Finalizamos nuestra permanencia dentro de la
Democracia Cristiana a finales de los 60, en 1967. Después fundamos
Vanguardia
Social Cristiana, con un grupo de amigos, exiliados cubanos en Puerto
Rico, y
desde allí postulamos de manera más enérgica estas
posiciones

EG: El grupo que se crea en Puerto Rico, que favorece los viajes a Cuba, que al final desemboca con
otras organizaciones de jóvenes inmigrantes, y en la reunión de la
Nac
ión y
la Emigración de finales de los 70. ¿En ese grupo usted no llega a
estar?

RC: Teníamos muy buena relaciones con muchos de ellos. Pero no estábamos directamente relacionados.
Teníamos relaciones de amistad. Pero nosotros manteníamos, desde la
década del
60, una actitud crítica hacia el gobierno revolucionario cubano.
Entendíamos que
si bien había que ir a un proceso de diálogo, de acercamiento, que si
bien las
políticas norteamericanas de un embargo y una disposición a favorecer
gestiones
agresivas, militares hacia Cuba, no eran conducentes, tampoco estábamos
en la
disposición de un apoyo incondicional a las políticas gubernamentales
cubanas.
Manteníamos una posición de oposición constructiva.

EG: ¿Usted no ha regresado nunca a Cuba?

RC: Yo no he regresado a Cuba, entre otras cosas porque el gobierno cubano no me ha permitido regresar.

EG: ¿Usted conoció a Carlos Muñiz Varela?

RC: Sí lo conocí, cómo no.

EG: La muerte, el asesinato de Carlos Muñiz Varela, ¿usted cómo lo recibió?

RC: Imagínese, fue una noticia espantosa. Porque fue un vil asesinato. Tuvimos relaciones de amistad
con él, y con algunos de los otros amigos que colaboraban con él, en las

gestiones de los viajes a Cuba. Nos pareció una cosa horripilante. Pero
le
recuerdo que en aquella época la violencia y el terror fueron utilizados
de
manera frecuente por ciertos grupos opositores al gobierno cubano. No
solamente
aplicada esa violencia, y esas gestiones de terror hacia figuras del
gobierno
cubano, dentro del mundo diplomático y demás, sino también hacia figuras
de los
cubanos en el extranjero que no coincidían con las líneas más radicales,
más
extremistas de derecha de estos factores del exilio.

EG: Ese crimen nunca ha quedado aclarado. Incluso su hijo, que tiene ahora más edad, que la que tenía
Carlos al morir, intenta que el gobierno federal entregue a las
autoridades
puertorriqueñas toda la documentación que tiene. Algunos de los posibles
implicados pueden haber muerto, pero otros pueden estar vivos, incluso
viviendo
aquí en Miami. ¿Tiene usted fe en la justicia norteamericana, cree que
esos
crímenes que se cometieron algún día se esclarecerán?

RC: Chico, cuesta mucho trabajo contestarte la pregunta, porque la justicia norteamericana, que
ciertamente tiene mucho de positivo, en su comportamiento y en las
oportunidades
que le da al individuo, yo gané un caso federal que todo el mundo
pensaba que no
tenía la más remota posibilidad de ganar, cuando el gobierno
norteamericano
trató de procesarme de manera criminal, por mi actividad en el
coleccionismo de
pintura cubana, y fui al tribunal federal, demandé yo a las autoridades
norteamericanas, un mero extranjero, y en un tribunal federal logré un
fallo
contundente, categórico, a favor mío y de mi familia, la devolución de
nuestras
colecciones de arte, y también quedó eliminado todo un proceso de
investigación
criminal que tenía el objetivo de meterme en la cárcel.

Así que por un lado he visto como la justicia en un momento determinado pudiera favorecer al más débil.
Por otro lado, también hemos visto como en los últimos años la
administración concretamente de Bush ha ido colocando en cargos importantes de jueces
federales
a personas que algunos de ellos realmente no deberían estar ahí. Y que
ahora
incluso hay todo un proceso internacional, donde se está hablando de que
a
Rumsfeld habrá que procesarlo o por lo menos investigarlo, y si se
investiga a
Rumsfeld, surgirán o pudieran surgir, a partir de esa propia
investigación,
informaciones muy comprometedoras para otros miembros del Ministerio de
Justicia
norteamericano. Inclusive figuras que han estado activamente
determinando
quiénes van a ser los jueces.

EG: Alberto González, que fue secretario de Justicia.

RC: Alberto González, claro. O sea, que la respuesta es muy difícil, porque también a veces depende
mucho de en qué momento es que te toca llegar a un tribunal
norteamericano y
cuál es el clima que existe en ese momento.

EG: ¿Tiene usted, si es que tiene información, si es que está al tanto, sobre el caso de Los Cinco?

RC: No, yo no tengo mucha información sobre el caso de Los Cinco, tengo alguna idea en general de
este caso. Yo todavía no entiendo bien las acusaciones y la condena de
espionaje
en todos los casos, no tengo los detalles. Pero más bien me parece que
algunas
de las actividades que estas personas desempeñaron no caen
categóricamente
dentro de la definición específica de espionaje. Me parece que ha sido
quizás en
algunos caos, o en todos quizás, un poco una exageración.

EG: Usted se sintió en algún momento de su vida perseguido por un sistema de Justicia que lo trató de
llevar a la cárcel, y le confiscaron su colección de arte. ¿Jorge Mas
Canosa,
que entonces era un poderosísimo e influyente hombre de la comunidad
cubanoamericana tuvo que ver con la persecución de la cual usted fue
víctima?

RC: Sí Edmundo, pero mira. No era solamente la colección de arte. Es que el gobierno norteamericano
dirigido por quien entonces desempeñaba las funciones de fiscal general
aquí,
Dexter Lehtinen, el esposo de Ileana Ros-Lehtinen, impulsado por la
presión y
las peticiones de la Fundación Nacional Cubano-Americana, inició un
proceso con
un gran jurado, que estaba preparando un caso criminal, en
donde se me podía llegar a pedir, por
el delito de comerciar con el enemigo, y violar leyes federales en ese
sentido,
hasta 10 años de cárcel por cada pintura y la colección estaba compuesta
por 134
pinturas.

EG: Mil trescientos cuarenta años.

RC: Mil trescientos cuarenta años.

EG: ¿Y Mas Canosa estaba detrás de esto?

RC: Absolutamente, y además lo admitió. Mas Canosa, en un momento de sinceridad, en un programa
radial, con [Armando] Pérez Roura lo admitió abiertamente. Y nosotros
inmediatamente solicitamos la cinta. Era la época en que las estaciones
tenían
que conservar las cintas de los programas durante un tiempo prudencial,
creo que
un par de semanas, y cualquiera que pidiera una copia de las cintas
había que
dárselas, había que pagar algo pero te las daban. O sea, que yo tengo la
cinta
oficial, entregada por la estación de radio, en donde Jorge Mas Canosa
admite
que él fue la persona que impulsó esta investigación, justo al día
siguiente de
la redada de 14 agentes del Tesoro y del FBI a mi casa, y a nuestra
empresa
editorial, para la confiscación de la colección de arte. Y además, la
Fundación
Nacional Cubano-Americana de aquella época —ahora ha evolucionado mucho—
intentó
establecer un clima autoritario en Miami. Una especie de dictadura
tropical, una
cosa realmente espantosa. Porque aquí se persiguió a gente como Hubert
Matos,
aquí se persiguió a gente como Alberto González, el de “La Mogolla”. Te
estoy
hablando de gente de la derecha. Uno porque rivalizaba con Mas Canosa en
la
gestión política opositora y otro porque se burlaba de éste en la radio.
No se
trata solamente de los elementos más a la izquierda del centro o
aquellos que
abogábamos por el levantamiento del embargo, las relaciones culturales
con Cuba,
sino todo aquel que de una manera o de otra pudiera poner en peligro los

intereses de la Fundación era agredido y perseguido por esta
organización,
lamentablemente.

EG: Incluyendo periodistas.

RC: Incluyendo periodistas.

EG: Ramón Cernuda, finalmente ese caso termina en la Corte Suprema, que falla a favor suyo.

RC: No llega a la Corte Suprema. En la primera instancia de la Corte Federal, el juez Kenneth
Ryskamp, conservador, un hombre de derecha, pero que vio claramente la
patraña y
que emitió un fallo de 94 páginas que nosotros, con la autorización de
la corte,
mandamos a hacer mil copias y las repartimos entre amigos y algunos que
no lo
eran tanto, porque el fallo fue categórico. Fue un abuso de autoridad,
fue una
violación de derechos constitucionales. Bueno, en todos los aspectos, en
las 94
páginas, el juez nos dio la razón en todo, e inclusive planteando que el
arte no
podía ser sometido a la ley del embargo.

EG: Ese es el punto. O sea, ese caso abre el precedente del levantamiento de restricciones a la compra
de obras de arte o al comercio de arte cubano, abre la posibilidad de
que éste
no pueda ser sometido a las leyes establecidas por el embargo. Antes de
ese caso
no existía esa distinción.

RC: Correcto. Lo que hay es lo siguiente. Se entendía que los materiales informativos estaban
protegidos por la Constitución, la Primera Enmienda, el derecho a la
libertad de
expresión. Para tú poderte expresar libremente tú tienes que tener libre
acceso
a la información. Este es el corolario del concepto de la libertad de
expresión.
La libertad de expresión presupone libre acceso a la información. Como
es un
derecho constitucional, protegido por la Constitución, ninguna ley
subalterna,
leyes congresionales, pueden violentar ese derecho. Entonces, la prensa
no puede
estar bloqueada por el embargo, ni el acceso a libros y a revistas, y ya
el
Congreso había determinado que la música y el cine también eran
materiales
informativos. El arte no se había definido como tal, y lo que hace
nuestro caso,
gracias a dos figuras que lo definen, una de ellas es un profesor
universitario
ilustre, Juan Martínez de aquí de la Universidad Internacional de la
Florida,
que prepara un estudio de cómo el arte, desde la época de la caverna
hasta la
actualidad, ha sido un instrumento que ha comunicado y transmitido
información
que nos ha hecho a todos, a la Humanidad, mucho más rica. Y que por lo
tanto
debía ser también el arte incluido como material informativo. Y ese es
el fallo
del tribunal federal. Además en el momento en que nosotros llevamos el
caso, no
solamente terminó el embargo a lo que se refiere al arte cubano, sino
también en
aquella época había un embargo al arte vietnamita y al arte que venía de
Libia.
Se trataba de cuatro o cinco países. Entonces todo eso quedó
resuelto.

EG: Ramón, en Miami, entre las muchas cosas que se dicen en Miami, aparecen figuras, algunos que han
vivido en Cuba hasta ayer, otros que desde aquí pontifican sobre Cuba
desde
centros universitarios, que dicen que Cuba ha destruido, ha vendido y ha
acabado
con el patrimonio cultural, y se refieren básicamente a la pintura y la
escultura cubana, al mundo de las artes plásticas. Usted es un hombre
que aunque
no ha estado en la isla tiene muchas referencias y muy buenas. ¿Qué
opinión le
merece a usted el tratamiento que le otorgan las autoridades de la isla
al
patrimonio nacional de Cuba?

RC: Edmundo, sobre este tema estoy muy bien enterado, porque es lo que hago a diario, y vengo
realizando una labor en el campo del coleccionismo, y dentro del Museo
Cubano de
Arte y Cultura fui miembro de la junta de directores durante 15 años,
fui
vicepresidente del Museo Cubano. Como coleccionista de arte cubano llevo
35
años, mi señora y yo, coleccionando pintura cubana, y ahora 10 años de
una
galería de arte cubano abierta y activa. Y te puedo asegurar, porque yo
pudiera
criticar al gobierno cubano en muchos aspectos, pero te puedo asegurar
que la
política más estricta de protección al patrimonio nacional, de un país
de
América Latina, la tiene el actual gobierno cubano. Mucho más estricta
que la
mexicana, que es conocida porque protege a los principales pintores de
México,
sobre obras que no pueden exportarse. Además es más estricta inclusive
que la
peruana, que también tiene ciertas medidas para proteger el arte
precolombino, y
que la de otros países como Guatemala y demás. La política cubana es
estricta en
cuanto a control de las exportaciones. No siempre es uniforme en su
aplicación,
pero es estricta. Y se trata al máximo de conservar el arte cubano
dentro de
Cuba. El Museo Nacional está repleto de obras que nunca exhibe, porque
tiene
tanta obra cubana que lamentablemente hay obras que llevan décadas en
las
bóvedas y no salen a exhibirse.

EG: ¿Usted tiene información de que ha habido una inversión para conservar ese patrimonio, de
cuidarlo, de mantenerlo para las futuras generaciones en estado
óptimo?

RC: Sí, yo sé que en el Museo Nacional se cuida y se trata de salvar ciertas obras del deterioro
mediante un proceso de conservación.

EG: En su criterio, ¿ha habido una política responsable por parte del gobierno de Cuba, para
proteger el patrimonio nacional?

RC: Sí, a veces hasta excesiva en esa dirección.

EG: Entonces eso que dicen aquí algunas personas es falso.

RC: Es que el afán de realizar una labor opositora a veces nubla la crítica. La crítica, en el sector
de la cultura, no puede ir por ese camino porque esa vía no es
transitable desde
un punto de vista sensato. Ese no es el camino de la
crítica.

EG: Usted habla de labor opositora. Usted en un momento estuvo vinculado a los procesos disidentes
dentro de Cuba. Específicamente tengo entendido que al grupo de Elizardo
Sánchez
Santacruz.

RC: Correcto.

EG: ¿Qué vínculo tuvo usted con Elizardo y con la oposición interna dentro de Cuba?

RC: Bueno, yo me sumé inmediatamente que empezó a surgir este movimiento de la disidencia dentro de
Cuba. Muchos de los líderes de la primera etapa, o casi todos venían
precisamente del Partido Comunista o de la Juventud Comunista. Personas
que
creían que dentro de Cuba debía irse hacia una sociedad más tolerante,
con
relación a aquellos que discrepaban, que no estaban totalmente de
acuerdo, que
querían ver cambios. La institucionalización del proceso revolucionario por la
vía de la formalización de una Constitución, leyes, etc. A la vez, la
personalización de un proceso. Y después toda una serie de otros factores por
los que luchaba y abogaba ese movimiento disidente de derechos humanos
principalmente dentro de Cuba. Era la época en que ese movimiento, en el
exilio
cubano y por las autoridades norteamericanas, era percibido como una
quinta
columna del gobierno cubano. O sea, lo que era el Departamento de
Estado, lo que
era la administración norteamericana, y las organizaciones del exilio,
consideraban a la disidencia como un factor fabricado por el gobierno
cubano
para dar la impresión de que había un mínimo de tolerancia dentro de
Cuba hacia
ciertas gestiones discrepantes u opositoras. Y entonces era la época en
que aquí
—te estoy hablando del año 1987, 1988 y 1989— identificarse con estos
factores
te traía todo el ataque y la crítica de las fuerzas políticas del exilio
cubano,
y también del gobierno norteamericano, que te marcaba como un elemento
sospechoso, porque estabas apoyando a gente que dentro de Cuba estaban
“muy
raras”.

EG: Y usted se vincula a esos grupos viviendo aquí, sin visitar Cuba. ¿Cómo sucede eso? ¿Por obra y
magia? (risas de Cernuda)

RC: Bueno, las cosas no suceden por obra y magia. Si tú eres una persona que está al tanto, deseosa
de mantenerte activa en un campo específico, tú buscas las vías y las
maneras. Y
además te enteras. El movimiento de la disidencia en Cuba logró algunos
viajes
por razones humanitarias. Uno de los primeros que viajó fue Lino
Sánchez, el
hermano de Elizardo, con quien establecimos la primera relación ya
formal de
trabajo. Posteriormente Elizardo Sánchez también viajó, y vino a Estados
Unidos.
Yo viajé con él a España, nos reunimos allí con Felipe González y con un
grupo
de las figuras más importantes del gobierno español. En Francia también,
con la
gente de Mitterrand y del partido socialista. En Suecia con el partido
socialista sueco.

EG: ¿Entonces usted estaba vinculado con esos gobiernos europeos en apoyo de la disidencia interna
dentro de Cuba?

RC: Efectivamente. Esa fue la posición original de la disidencia de izquierda.

EG: ¿Se consideraba una disidencia de izquierda en esos momentos?

RC: Se consideraba una disidencia de izquierda en el sentido de que criticaba el embargo norteamericano.

EG: Dice el gobierno cubano que Elizardo Sánchez Santacruz es un “camaján”. ¿Qué opinión tiene al
respecto?

RC: Elizardo Sánchez Santacruz es mi amigo, y es una persona a la cual yo respecto. No estoy de
acuerdo con decisiones que tomó en un momento determinado, y que tomó un
sector
de la disidencia con el cual yo trabajé, y por eso me retiré. Pero me
retiré en
los términos más respetuosos, y además yo abogo por un nuevo lenguaje,
un
lenguaje más respetuoso, incluso hacia aquellos con los que no estamos
de
acuerdo. No me gusta eso de estar ofendiendo a la gente.

EG: Pero, ¿por qué usted se separa de Elizardo Sánchez Santacruz y de la disidencia interna?

RC: Te voy a decir porque, y esto no lo he querido decir públicamente mucho. Lo he quizás insinuado
en algunas ocasiones, pero no lo he dicho públicamente quizás con todos
los
detalles que te voy a decir. En un momento determinado, gente dentro del

movimiento pensó que había que ir a un acercamiento con factores de la
derecha
del exilio cubano y con el gobierno norteamericano, concretamente
también
buscando apoyo financiero para la disidencia. Desde que me sumé al
movimiento,
yo planteé, y en eso coincidíamos en las primeras etapas, que era
necesario
mantenernos independientes del gobierno norteamericano y de las ayudas
económicas del gobierno norteamericano.

EG: ¿Pero usted aceptaba ayuda económica de España, Francia y Suecia?

RC: Sí.

EG: ¿Por qué de esos tres sí y de los Estados Unidos no?

RC: España, Francia y Suecia estaban gobernadas por partidos socialistas que no estaban a favor del
embargo norteamericano, y que querían ver un proceso gradual, evolutivo,
de
cambio dentro de Cuba, que aspiraban a que los procesos dentro de Cuba
no fuesen
violentos y que estaban en la mejor disposición de tendernos la mano. Yo

participé de manera muy activa en estructurar esas ayudas, incluso
tuvimos
ayudas hasta de miembros de partidos comunistas europeos, que nos
ayudaban con
las entregas de los fondos en Cuba. Porque a estos partidos socialistas,
de
España, de Francia, de Suecia, de Alemania, no tenían la entrada tan
fácil al
país, como a veces se suponía en aquella época. Y miembros de partidos
comunistas europeos sí nos ayudaron llevando la ayuda material a los
disidentes
en Cuba.

EG: ¿Y qué pasó entonces? ¿En dónde usted no estuvo de acuerdo, en que un sector de la oposición
interna trató de buscar una mayor cantidad de dinero de organizaciones
del
exilio o del propio gobierno norteamericano articulado con elementos de
la
derecha de Miami?

RC: Sí, se pudiera decir de otra manera eso mismo. Hubo, en un momento determinado se llegó a
pensar que el nivel de activismo dentro de Cuba requería más fondos,
pero que
además requería un acercamiento hacia las posiciones norteamericanas. Se
llegó a
pensar que había que tener acceso frecuente a Radio Martí, cosa con lo
que yo no
estaba de acuerdo.

EG: ¿Usted nunca estuvo de acuerdo con Radio Martí?

RC: No, ni con TV Martí tampoco. En alguna ocasión participamos en entrevistas en Radio Martí y
demás, pero precisamente para desarrollar estas críticas a lo que estaba
pasando
con una política norteamericana que entendíamos que era nociva inclusive
al
movimiento de la disidencia.

EG: ¿Le parece que esas políticas y esas emisoras son un acto de injerencia en la soberanía de
Cuba?

RC: Yo no estoy seguro que lo definiría como un acto de injerencia. Yo pienso que, desde la posición
norteamericana, de un embargo y de una política de tanta agresividad
hacia Cuba,
no era políticamente correcto, no era estratégicamente válido, estar
participando tan cerca de los intereses norteamericanos e ir con la
ayuda
económica del gobierno norteamericano. Este gobierno postulaba políticas

agresivas hacia Cuba, y eso no era lo que debía ser la disidencia y como
debía
identificarse la disidencia cubana dentro de la isla. En otras palabras,
si tú
tienes un gobierno en los Estados Unidos que plantea e insiste en un
embargo,
¿cómo algunos disidentes van a estar recibiendo dinero de ese
gobierno?

EG: Se les pudiera calificar de agentes extranjeros.

RC: Bueno, ya eso le correspondería a abogados y a personas que conocieran mejor los detalles de las leyes. Pero realmente, a mí políticamente no me parecía
inteligente.

EG: ¿Ya usted se separó de ese tipo de inclinación de tener contactos con esa disidencia política
dentro de Cuba? ¿Usted está lejos de eso o todavía le queda algún
bichito por
dentro encendido? (risas de ambos)

RC: No, no, ya yo no tengo actividad política ninguna. Eso no quiere decir que no tenga ideas y
criterios y opiniones. Pero actividad política directa ninguna después
que me
separé del grupo con el que trabajé durante varios años. Además esta
separación
se llevó a cabo con todo respeto. Discrepamos, y lo expresé, se sabía
cual era
mi posición.

EG: ¿Pero no pretende volver a ese tipo de actividad?

RC: No pretendo volver a ese tipo de actividad con esa gente.

EG: ¿Qué opinión tiene usted de Fidel Castro?

RC: Chico, la figura de Fidel Castro es una figura histórica, una figura que durante 50 años, de una
manera casi monopolizadora, ha definido el destino de la nación cubana.
Habrá
que ver históricamente cómo esa figura evoluciona ante los ojos de
aquellos que
viven en el pasado y no tanto observan el presente. Una pregunta, una
interrogante es si habrá continuidad después de la generación que hizo
la
Revolución, si habrá un relevo generacional que le dará continuidad a
ese
proceso. ¿Será ese proceso capaz de continuar manifestando una
flexibilidad, una
capacidad de adaptación a nuevas realidades? Estamos en un momento muy
interesante, y queremos ver también. Todos estamos queriendo ver como el

gobierno cubano, con la figura de Fidel Castro jugando un papel
importante en la
dirección de ese gobierno, aunque no ocupe en estos momentos un cargo
oficial
dentro del gobierno, va a ir respondiendo a estas situaciones tan
cambiantes en
el escenario internacional, y también en el escenario
nacional.

EG: ¿Qué papel cree usted que debe jugar o que papel, de forma legítima, le concede usted a la
comunidad cubanoamericana, a los emigrados cubanos, en relación a su
país de
origen. O sea, cuál cree usted que debe ser el papel o el lugar que debe

aspirar, con legitimidad, una comunidad en el exterior con respecto a su
país de
origen, en este caso Cuba?

RC: Mira, hay muchos papeles. Y muchos de esos papeles son legítimos. Cada quien tiene que determinar
lo que a nivel personal quiere y puede ser, y ciertamente habrá
consideraciones
morales y éticas, y también consideraciones políticas válidas, que hagan
válidos
o no esos papeles y esas contribuciones. Habrá personas que
sencillamente ya han
perdido todo interés en este tema, y yo puedo entender eso. No es mi
posición,
pero lo entiendo y lo respeto. Me refiero al tema cubano. Es lamentable,
porque
el recurso más importante que tiene una nación es sus recursos humanos.
Debemos
tratar de hacer lo más posible, todos los cubanos, por evitar esa
pérdida. Por
evitar ese abandono del interés en los asuntos cubanos. Hay muchos
papeles.
Habrá papeles de apoyo humano, apoyo económico, de cercanía desde el
punto de
vista familiar.

EG: Pero dentro de esa visión de la integración con Cuba, ¿usted cree que los postulados de la extrema
derecha tienen algún lugar en la isla? Eso que dice la extrema derecha
en Miami,
de procesos judiciales, de implosión. Ese lenguaje y esa pasión de
arrinconar a
Cuba. ¿Dónde coloca usted eso?

RC: Bueno, realmente todo eso pertenece a un género de política-ficción. O sea, yo eso lo veo un poco como cuando de muchacho leía a Flash Gordon. Yo creo que esas cosas no
tienen
sentido dentro de las posibilidades reales, aparte de que pueden o no
tener
validez moral y ética. Pero desde el punto de vista práctico, nada de
eso es
posible, nada de eso ha sucedido en sociedades que han evolucionado, de
modelos
más cerrados hacia un modelo más abierto. Yo creo que lo que estamos
presenciando son fenómenos distintos, en los países donde se han dado
estas
transiciones, estas evoluciones no se ven esos revanchismos, no se ven
esas
vueltas al pasado, no se ven esos pases de cuenta. Yo creo también que
cada vez
queda menos gente que piensa así.

EG: ¿Eso lo lleva a pensar que ha habido un cambio en la comunidad cubanoamericana, digamos con los
emigrados de las últimas generaciones? Me gustaría una reflexión de
Ramón
Cernuda sobre cómo ve la nueva emigración cubana en los Estados
Unidos.

RC: La nueva emigración cubana. Bueno, volvemos a lo mismo. Hay muchas, hay distintas. Es
variopinta la emigración cubana. Hay gente que emigra estrictamente por
razones
económicas, hay otros que realmente salen del país y todavía conservan
un afán
de regresar. Entonces, ya no son únicamente emigrantes, quizás son
cubanos que
viven en el exterior, pero aspiran a mantener un vínculo, una relación
con su
país. Yo pienso que sí, que hay elementos generacionales que hay que
tomar muy
en cuenta en el proceso político y social de Cuba. Lo estamos viendo en
la Plaza
Cívica, ahora llamada Plaza de la Revolución, y lo estamos viendo en el
Versailles. Estamos viendo como se está presentando un fenómeno
generacional,
dentro de todo este proceso que ha tenido tantas etapas. Hay un elemento

generacional que se está manifestando, y me parece que de alguna manera
las
nuevas oleadas de cubanos, que llegan al extranjero, que llegan aquí a
Miami y a
otros lugares, también se perfilan muy a menudo con características
generacionales. Mucha gente más joven, mucha gente con una visión más
dinámica,
más actual de la realidad cubana, y con la disposición a priorizar otros

asuntos, no los tradicionales.

EG: ¿Usted cree que estas oleadas de cubanos, como grupo humano, son exiliados políticos o son
emigrantes?

RC: Volvemos al detalle de no generalizar. Creo que dentro de ese grupo humano hay muchos
factores distintos. Yo creo que el componente de la emigración por
razones
económicas es en estos momentos muy importante. Y que efectivamente
alguna gente
llega ya saturada de toda una imposibilidad de canalizar expectativas
dentro de
la sociedad cubana, y por lo tanto se desconecta y aspira a buscar la
manera de
canalizar esas aspiraciones fuera de Cuba.

EG: Pero eso también le pasa a un argentino o a un mexicano.

RC: Claro, yo no estoy diciendo que no. Y le pasa a un norteamericano que decide irse a Canadá, porque
los medicamentos son más baratos. Pero eso no quiere decir que esas
personas son
estrictamente emigrantes económicos. Cuando tú ves a un mexicano que
viene a los
Estados Unidos, a trabajar unos meses para reunir dinero para mandarle a
la
familia, para ver si logra ahorrar un poquito y con ese poquito que
ahorra
hacerse de un pequeño negocio. ¿Ese es un emigrante económico o esa es
una
persona que está aquí durante un tiempo, queriendo lograr un resultado a
partir
de su trabajo para regresar a su país? Es una pregunta. Cuando tú ves a
un
cubano que viene de la isla, joven, porque no ve dentro de Cuba
posibilidades de
canalizar sus inquietudes de mejoría de vida, de establecer una familia
con un
mínimo de confort, de tener una motocicleta. Esa persona que llega aquí,
¿ya se
desconectó para siempre, ya es un emigrante para siempre o
eventualmente, el día
que en Cuba se produzcan los cambios y que se permita que una juventud
se
desarrolle económicamente, entonces regresará o no? Yo quiero pensar que
sí, yo
quiero pensar que no son personas que ya han emigrado para siempre, que
hay
mucha gente todavía que está aquí, y quizá aún no se han dado cuenta,
pero que
en un momento determinado, cuando veamos la evolución y los cambios,
esas
personas decidirán regresar a Cuba.

EG: Cernuda, ¿usted ha intentado regresar a Cuba?

RC: Correcto.

EG: ¿Se lo han negado las autoridades cubanas?

RC: El silencio es la respuesta. Ha sido en seis o siete ocasiones.

EG: ¿Usted tiene una explicación? ¿Trata de buscar una respuesta sobre el porqué no se le ha permitido regresar? Se le ha permitido a Menoyo. Está viviendo en Cuba
Menoyo.
¿Por qué a usted no le han dejado visitar Cuba, no le han dado la
autorización
para visitar Cuba?

RC: Yo quisiera poderte responder esa pregunta. Pero quizá sea la única pregunta que no te pueda
responder en esta entrevista. Yo no sé porque. Sería interesante
enterarse, pero
como no ha habido respuesta pues no se sabe.

EG: ¿Usted continúa insistiendo en visitar Cuba?

RC: Bueno, ya después de seis o siete gestiones yo me he planteado un compás de espera, hasta que
alguna señal llegue que efectivamente hay una disposición
favorable.

EG: Usted tiene magníficas relaciones, usted presenta artistas que son considerados en Cuba
figuras de primer nivel. Estoy pensando en Flora Font, en Alfredo
Sosabravo, la
lista es más amplia, algunos premios nacionales de artes plásticas.
¿Usted nunca
ha atentado contra el patrimonio cubano?

RC: No, claro que no.

EG: ¿Nunca ha sido receptor de obras del patrimonio o sea nunca ha tenido un problema legal por su
trabajo artístico con la pintura cubana, con respecto al gobierno
cubano?

RC: Nunca he recibido ninguna acusación en ese sentido.

EG: O sea, es un poco un misterio.

RC: Bueno, está bien, pero hay muchos misterios. Vivimos en un mundo misterioso.

EG: Y su relación con los artistas que viven dentro de Cuba, ¿es fructífera para esos artistas?

RC: Sí, claro.

EG: ¿Y para usted?

RC: También. Porque mira, es importante que en todas estas cosas se entienda que los recursos
económicos las hacen posible. Si no tienes que recurrir a los estados, y

entonces ya entras en otro proceso, en otras complejidades. Es
preferible que
estos proyectos culturales tengan su propia
autofinanciación.

EG: Pero usted estaría dispuesto, en una relación de confianza, de respeto mutuo y de ética, establecer
un trabajo con los que atienden las artes plásticas cubanas en el
Ministerio de
Cultura. Digamos, con la parte institucional cubana, en favor del
impulso, la
promoción y la comercialización mejor para el arte cubano. ¿Esa es su
disponibilidad, eso es lo que usted busca?

RC: Mi disponibilidad es hacer todas nuestras contribuciones en la dirección de la promoción de la
cultura cubana, y en el campo específico de las artes plásticas, en
cumplimiento
de todas las leyes de todos los países en donde estamos. Cumplimos con
las leyes
de Cuba, como tú sabes mi familia viaja a Cuba. Va mi hijo en
representación de la galería. Ha ido mi esposa varias veces, mi nuera, Mi tío y mi prima
nos
representan en La Habana y nos ayudan con muchas cosas relacionadas con
los
artistas.

EG: ¿Y esto está en conocimiento de las autoridades cubanas?

RC: Claro que sí.

EG: Aquí la única persona que está vetada ha sido usted.

RC: Hasta ahora sí, y yo espero que eso se resuelva también. Pero lo que te quiero decir es que
nosotros estamos por una gestión autónoma en el sector de la cultura.
Hemos
visto, por ejemplo, la experiencia china y vietnamita. Han sido
experiencias
reveladoras. El arte chino, el arte vietnamita, han ganado muchísimo
terreno en
el escenario internacional. Mucho reconocimiento, mucha promoción, mucha

valoración. Se han convertido en elementos de gran prestigio para esas
culturas
y esas naciones. Y eso ha sido producto, en alguna manera, de unas
políticas
mucho más abiertas, en lo que respecta no sólo a la creación artística,
que hoy
día en Cuba es independiente: el pintor pinta y vende su obra a quien el
quiera,
incluyendo galerías en el extranjero. Sino también a la gestión de la
promoción
y la comercialización del arte. Y allí es donde China y Vietnam han avanzado
muchísimo, cuando aceptaron la actividad privada de entidades, que
venían
algunas del extranjero, empresas neoyorquinas, de Inglaterra, francesas,

galerías que establecieron sucursales en estos países, y que han ayudado
de
manera muy importante a promover las artes. Claro que queremos trabajar
con
todas las figuras y con todos los factores que quieran promover las
artes, en un
clima y en un ambiente autónomo, no necesariamente dirigido por ninguna
entidad
gubernamental.

EG: Ramón Cernuda, los males que aquejaron o que aquejan, dígame usted si todavía está en ese mismo
grado, al mercado del arte cubano. Sobre todo estoy hablando de
falsificaciones.
¿Eso ha parado, eso ha cambiado?

RC: No, no, para nada. El arte cubano sigue siendo acosado por los falsificadores y por los estafadores, y en una época una parte importante de estas
falsificaciones
surgían desde dentro mismo de Cuba. Y hoy día te tengo que decir que no.
Hoy día
la mayor parte de las falsificaciones se están fabricando fuera de
Cuba.

EG: ¿Aquí en Miami?

RC: No, yo no creo que ni en Miami. Aquí en Miami hay gente que las procura, hay gente que pudiera
hasta ordenarlas.

EG: ¿A Colombia?

RC: Hay países donde hay muy buenos falsificadores. En Colombia, en México, en Europa. En España,
concretamente, hay muy buenos copistas y falsificadores. Y en definitiva
pudiera
haberlos en cualquier lugar del mundo. Esto no quiere decir nada en
contra de
esos países.

EG: Cernuda, la comunidad cubanoamericana, ¿qué puede hacer para que quienes la representan?
Esas nuevas generaciones, esas nuevas visiones sobre la relación con su
país de
origen, ¿qué pueden hacer ellos para sentirse bien representados o usted
cree
que la actual representación política de la comunidad cubanoamericana, estoy
pensando en Lincoln, en Mario, en Ileana, cumplen las expectativas de
ésta?

RC: No, no. En lo que respecta a los funcionarios electos hay mucho que hacer. Y lo primero que hay
que hacer es cambiar a los que tenemos. Esa gente realmente pertenece al
pasado,
a una visión ya superada de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y
hasta
de los intereses del propio sector cubanoamericano, aquí en Miami y en
general
en los Estados Unidos. Es muy interesante, por ejemplo, ver la evolución
de Bob
Menéndez, que nos gustaría que eso se estudie un poco más, y que nos
llegue un
poco más de información. Porque en un momento determinado se hablaba de
los
“Cuatro jinetes del Apocalipsis”, y el cuarto jinete era Bob Menéndez.
Ahora ya
no se habla tanto de eso, debido a la rivalidad partidista, republicana y

demócrata.

EG: Pero actualmente se habla de que Bob Menéndez es quien paraliza cualquier proceso que tenga que
ver con Cuba, y que incluso, en este programa yo lo dije, que juega a
veces con
su voto en el tema de la reforma de salud, para presionar sus puntos de
vista
respecto a Cuba, que son los mismos de Lincoln, Mario e
Ileana.

RC: Correcto. Bueno, no son exactamente los mismos, porque hasta ahora no ha manifestado una crítica
a las medidas —tímidas medidas— que ha determinado la administración de Obama en
sus cambios de la política hacia Cuba.

EG: ¿Usted es amigo de Bob Menéndez?

RC: No, no soy amigo de Bob Menéndez (risa de Cernuda).

EG: ¿Y usted ve mucha diferencia entre Bob Menéndez y los Díaz-Balart?

RC: Sí, cómo no. Claro que sí. Y además, según se vaya definiendo, de manera más clara, la nueva
política de esta administración hacia Cuba, yo pienso que Bob Menéndez se va a
ir ubicando en una línea cada vez más razonable.

EG: Yo quisiera tener ese optimismo.

RC: Bueno, es que lo que pasa es que al final Bob Menéndez es una figura que aspira a tener una
posición muy importante dentro del Partido Demócrata.

EG: Pero está jugando con eso para impedir acercamientos.

RC: No sé si para impedirlos del todo o para posponerlos un poco.

EG: Dígame algo, ¿extraña a Miguel Saavedra? ¿Extraña a Vigilia Mambisa y los piquetes que
formaba frente a la galería? (risas de ambos) ¿Es verdad que usted les
mandaba
pastelitos? (risa de Cernuda). A mí una vez alguien me dijo: “A Cernuda
le
conviene Vigilia Mambisa porque le trae la televisión a la galería” ¿Eso
es
verdad?

RC: Chico, mira. Realmente, la época ya de la Vigilia Mambisa eso era casi una broma. Pero hubo
una época aquí en que las “vigilias mambisas” mataban gente y ponían
bombas. Te
recuerdo las dos bombas que nos pusieron en el Museo Cubano de Arte y
Cultura.
Una de ellas debajo de un automóvil, que por poco, por muy poco, no nos
montamos
en él.

EG: ¿Lo iban a matar a usted?

RC: No sé a quién iban a matar. La bomba fue puesta debajo del automóvil de un gran amigo. Y otra vez
pusieron una en el Museo Cubano y volaron el frontispicio del edificio y

destruyeron cuarenta y tantas obras. O sea, que hoy Saavedra es un
chiste de mal
gusto. En una época esos “Saavedras” eran de temer.

EG: ¿Usted vivió con miedo?

RC: No necesariamente con miedo. Con muchas precauciones sí. Además, mira. A mí me dice una vez Cesar
Odio, entonces administrador de la ciudad de Miami, amigo personal. Me
llama y
me dice: Ramón, te van a matar y yo no te puedo proteger.

EG: El administrador de la ciudad le dijo eso.

RC: El administrador de la ciudad en un barbecue en Key Byscaine me dice: Te van a matar, y yo no te
puedo proteger. Vete de Miami porque te va a matar. Y yo le dije: Cesar,
si me
quieren matar no importa dónde me vaya. Me van a encontrar. Así que
mejor me
quedo aquí que estoy más cómodo. Para que veas la época que se vivió
aquí en
Miami. Una época dura. La década de los 80 y los principios de los
90.

EG: Ramón Cernuda, muchas gracias por esta comparecencia.

RC: Gracias a ti.

* Edmundo García periodista cubano residente en los EEUU.

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Fotos © Virgilio PONCE

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