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Federación Internacional de Comunicadores Populares

"Comprendiendo los nuevos tiempos" por Lorenzo Gonzalo*





Fotos © Virgilio PONCE



Cuando se agotaron las vías políticas en Latinoamérica en los años sesenta del Siglo XX, los sectores
desplazados,
escogieron la vía insurrecta como modo de hacerse escuchar.



Anterior a esa fecha habían surgido guerrillas en Colombia a raíz del asesinato en 1948, de Eliécer Gaitán,
líder
del Partido Liberal. Este Partido y el Conservador, habían gobernado en
una
sucesión de choques y algazaras que finalmente conmovieron los cimientos
de
aquel Estado.



Latinoamérica en general vivió una época de dictaduras militares o gobiernos de civilista apariencia, a partir de
los
sesenta. Ninguno de ellos logró la paz deseada por Estados Unidos, cuyas
Administraciones vivían la contradicción de requerir el servicio de esos
países
para contener los cambios sociales propuestos por las izquierdas y
supuestamente apoyados por Rusia. Aunque tanto ésta última como Estados
Unidos,
quisieron siempre presentar los conflictos sociales como un asunto
privado de
ambos, los movimientos de cambio latinoamericanos eran mucho más
complejos. En
la realidad no existía una sólo izquierda, como tampoco una idea única
de capitalismo.
La izquierda se mezclaba incluso con los moderados de la derecha y los
movimientos oscilaban entre las propuestas sociales de las doctrinas de
la
Iglesia Católica, las diversas tendencias socialdemócratas, los
simpatizantes
de los recién creados “estados de bienestar europeos” y los partidos y
movimientos comunistas liderados por Moscú y Cuba.



Ninguno de estos gobiernos sustentados únicamente en la fuerza, logró la paz social y política que aspiraba
Washington. Su agotamiento originó eventualmente una recomposición que
comenzó
a cobrar forma a finales de los años ochenta. En el momento que
desaparece el Bloque Soviético, los países del Continente Sur en
general,
pudieron enfrentar sus divergencias políticas haciendo uso de unos
mecanismos
de elección que, por razones de su desarrollo particular, gozaban aún de
cierta
independencia en relación a los poderes económicos que aspiraban al
control del
Estado. Las grandes convulsiones que precedieron a esta época, habían
impedido
la formación de un “establecimiento” estatal. La desaparición formal de
la
violencia de Estado, ligada a la memoria histórica de los años de
represión
incruenta, inclinó las votaciones hacia las fuerzas progresistas. En ese
proceso, los poderes tradicionales, conformados por las oligarquías y
los
intereses económicos de nuevo cuño, no tuvieron igual tiempo en todos
los
países, para adaptarse a las nuevas circunstancias. Al carecer de los
instrumentos políticos adecuados para manipular las votaciones,
favorecer
abstenciones o de apelar al fraude, perdieron control sobre el Estado.
El voto,
se convirtió en un instrumento efectivo para la ciudadanía, a pesar de
las
deficiencias de los mecanismos de elección.



Este proceso renovó las bases del Poder en Latinoamérica y ha dado lugar al surgimiento de nuevos protagonistas.
Les toca
a ellos administrar el orden social de sus países, de manera que logren
un
proceso de evolución sostenido.



La madeja existente es compleja. Las relaciones internacionales continúan prisioneras de los países
desarrollados,
quienes tienen un interés muy reducido en favorecer el desarrollo de las
economías internas de los más pobres. La amenaza verbal de los más
pequeños,
alardes de fuerza y discursos apocalípticos, no bastarán para contener
las
conspiraciones y maniobras de los poderosos.



Será necesario aprender a navegar en tiempos de borrascas. La brecha creada por los niveles tecnológicos de los más
desarrollados limita ciertos avances sin la presencia de sus capitales e
industrias y con un mínimo al menos de su comercio.



Las necesidades de cambio, para superar las insuficiencias distributivas del modo económico actual, bautizado como
capitalismo, deben ser probadas sobre la marcha.



Conocemos mucho del desarrollo histórico de la producción y de los procesos productivos de los países desarrollados y
los
emergentes. Sabemos la importancia de establecer como primicia una
economía
interna, aunque sea incipiente, para afincar la creatividad individual y
hacer
efectivo el trabajo colectivo que demandan las producciones masivas. El
camino
recorrido nos aporta lo suficiente para planear y poner en marcha,
nuevos
senderos que superen las ineficiencias de la forma de producción
económica
actual, al tiempo que las acciones de los poderosos son bastantes
predecibles.



Nostalgias soviéticas y “sueños americanos”, conducirán indefectiblemente a la destrucción de las capacidades
productivas o
a la creación de gigantescas asimetrías en la distribución de las
riquezas.



Aunque pueda parecer tonto decirlo, no podemos llegar al final si no comenzamos por el principio.



China en el Asia y Brasil en América, es prueba de que se puede contener a los poderosos con sólo concentrar los
esfuerzos en el desarrollo interno y asumiendo en lo posible, una
política
internacional de “dejar hacer, dejar pasar”.



En la actualidad los márgenes de invasiones y ocupaciones de parte de Estados Unidos están muy limitados, excepto que
provocaciones extremas o amenazas inminentes a su seguridad nacional
brinden
una oportunidad a sus halcones. Este fue el caso de Irak, a quien los
políticos
más avezados aconsejaron proceder con cautela para evitar la ocupación.



El proceso latinoamericano ha probado que es posible avanzar a contrapelo de los intereses de Washington, si se
procede con
realismo.



En la actualidad podemos repetir las revoluciones del pasado siempre y cuando no pretendamos copiarlas al
carbón y
sepamos interpretar la dinámica actual.



Es importante estudiar con mucha atención el caso de Brasil y China. Seguir de cerca los procesos iniciados en
Ecuador,
Uruguay, Bolivia, Paraguay, Venezuela y otros. No podemos dejar fuera a
Viet
Nam, cuyo desarrollo fluye tan silenciosamente, que pocos saben siquiera
el
nombre de sus representantes políticos.



Si se logran estabilizar los procesos existentes e iniciar otros, en el futuro no será tan necesario prestar
tanta
atención a las vías políticas como a los mecanismos de participación.
Sin
embargo, es importante no perder las perspectivas, ante los triunfos
parciales
logrados en América, y el Caribe, donde una grandilocuencia mal asumida
puede
convertirse en el más temido enemigo.



Miami, Estados Unidos de América, 30 de Junio del 2010




*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)

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