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Foto: Prensa PSUV

PSUV.- Si hubo un hombre que esquivó la gloria, los halagos y la fortuna, este hombre fue Antonio José de Sucre y Alcalá, quien tuvo la virtud de ejercer los mayores cargos en la milicia y en la vida civil y aún así solo pidió tener la tranquilidad de un hogar y el calor de una familia para descansar de las fatigas de casi 20 años de guerras, disidencias y contrariedades políticas.

Hoy se cumplen 221 años del nacimiento en Cumaná de este prócer, que a pesar de ser visto por la historiografía nacional como un ser arropado por la gloria de Bolívar, fue un héroe de mérito propio, cuyas acciones fueron fundamentales para dar a gran parte de la América la libertad anhelada por los hijos de estas tierras, sometidos a los caprichos de una monarquía que los degradaba en muchos aspectos.

Antonio José de Sucre, en el mundo militar, va desde cadete en 1808 hasta general en jefe, comandante general y Gran Mariscal en 1824, incluyendo ministro de Marina y Guerra en 1820. En lo político-administrativo empieza como gobernador de la plaza de la antigua Guayana y comandante general del Bajo Orinoco en 1817 hasta ser presidente fundador de la República de Bolivia en 1826, pasando por intendente del departamento de Quito en 1822.

En el Poder Legislativo fue diputado en 1819, senador por el departamento de Orinoco en 1822, y presidente del congreso en 1830. En la diplomacia, Sucre, de 25 años, fue comisionado para concertar el Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra en 1820; plenipotenciario extraordinario ante Quito en 1821; lleva facultades totales diplomáticas y de fuerza de Colombia al Perú en 1823, y se le expide credencial amplia para tratar con los gobiernos de Chile y Buenos Aires.

En la rama judicial, no fue juez ni perteneció a ningún tribunal, pero le cabe el mérito de haber creado e instalado la Corte Suprema de Justicia en Cuenca 1822 y la Corte Superior de Justicia Boliviana de 1826.

Por último, en la esfera máxima de la cultura se ocupa de las universidades de Bolivia en 1825, y aunque no fue periodista auspicia y funda órganos de prensa.

La lealtad

No hay dudas de la lealtad de Sucre a la causa emancipadora. Fue obediente hasta la saciedad de las órdenes que tenían como fin avanzar en el proceso de liberación de los pueblos, pero también fue inflexible en su posición, cuando observaba que las instrucciones que se le impartían no estaban acordes con este proceso.

Una prueba irrefutable fue la posición tomada contra una orden del Libertador en Lima, Perú, adonde Sucre llega con su ejército en el momento en que José de la Riva Agüero había pactado con los realistas para mantenerse en el poder. Bolívar le dice: “Llega U a tiempo general, porque lo necesito para un negocio urgente. He perdido la paciencia con Riva Agüero. Mientras él conspiraba con una facción del Ejército peruano, yo me abstenía de emplear las armas contra él; pero acabo de saber que está en connivencia con el virrey La Serna. Tratándose de una revolución peruana, yo procuraba atraerlo al buen sentido, pero una vez que se entiende con el virrey, debemos tirar de la espada para someterlo. Con este objeto quiero que U marche a Huaraz”.

“Pues para eso no cuente U conmigo. Hemos venido de auxiliares de los peruanos y no debemos mezclarnos en sus asuntos domésticos”, fue la respuesta tajante del que tiempo después ganara el grado de Gran Mariscal de Ayacucho.

Bolívar no pudo convencerlo de obedecer esa orden, a pesar de utilizar la intermediación de amigos comunes como el embajador de Colombia, Joaquín Mosquera, quien le respondió que si bien no había podido él convencerlo, era poco lo que podía hacer al respecto.

Al día siguiente Bolívar invocó la amistad y el respecto que debía imperar dentro del Ejército y en razón de estos detalles pidió a Sucre que le acompañara como amigo, sin ningún tipo de comando militar en la incursión que debía realizarse para someter a Riva Agüero.

El propio Bolívar narra a su manera este hecho en la biografía sucinta que hizo del héroe oriental.

Tampoco es cierto que todas las comisiones fuesen aprobadas por Bolívar. El 22 de diciembre de 1821, Bolívar le escribe desde La Plata para reclamarle por al tratado realizado por Sucre con el coronel Tolrá.

En esa fecha le comunicó lo siguiente: “Por el Señor General Torres recibí el 20 del presente copia de un tratado de armisticio celebrado entre V.S. y el Coronel Tolrá. El General Torres lo recibió por el Comandante de las fuerzas de Pasto, que le hacía iguales proposiciones, y lo invitaba a que aquel armisticio fuese extensivo a las fuerzas de una y otra parte que obran por esta dirección. El Señor General Torres contestó negativamente, tanto por hallarme yo en las inmediaciones de su Cuartel General, como porque no creyó útil a nuestros intereses esta suspensión de hostilidades. Si el tratado que me incluyó el General Torres, que aparece firmado el 20 de noviembre en Babahoyo por V.S. y el Coronel Tolrá, es cierto y no es una estratagema del Jefe de Pasto, lo desapruebo”.

Incluso existe una solicitud de Sucre para separarse del Ejército luego de lograrse la victoria de Junín.

En esa oportunidad Bolívar despojó del mando supremo del Ejército a Sucre y lo comisionó para rescatar los restos del Ejército y organizarlo, tarea que realizó el cumanés con el brío y la eficiencia que siempre le caracterizó. Al finalizar la orden se dirigió al Libertador para expresarle su deseo de dejar el Ejército, sintiéndose ofendido por el cargo: “Se me ha dado públicamente el testimonio de un concepto incapaz en las operaciones activas, y se ha autorizado a mis compañeros para reputarme como un imbécil o un inútil”.

A esto Bolívar le respondió. “Ese era mi puesto y yo se lo he dado. Creí que lo que era digno de mí no era indigno de U… Si salvar el Ejército de Colombia es deshonroso, no entiendo yo ni las palabras ni las ideas”.

El amigo

Sucre logró tener una relación tan estrecha con Bolívar que llegó a consultarle la posibilidad de su matrimonio con Mariana de Carcelén en una carta fechada en Chuquisaca el 12 de febrero de 1826. En la misma comienza diciendo: “Como siempre he sometido a ud. mis asuntos particulares, más como a mi padre y amigo que como a jefe, consultaré a ud. el más importante. Varias veces dije a ud. aquí que mis compromisos con una señorita en Quito no habían sido disueltos aún después de treinta meses de estar ausente, y a decir la verdad, no sé cómo lo disuelva, ni yo me he empeñado en ello, porque ciertamente esa niña es bien agradable y creo sería una buena mujer. Sin embargo, yo pienso que, o debo cumplir ese compromiso, o disolverlo, y para esto es que quiero los consejos y la opinión de ud.”.

Los militares y el poder

También vislumbró Sucre los males que le esperaban a estos países debido a la lucha de los militares por el poder. En una carta a Francisco de Paula Santander informa que el general Alvear ha tomado el gobierno en esa nación y sugiere la necesidad de crear una federación entre Bolivia, Chile y Río de la Plata (Argentina) para consolidar la paz en esa región.

Critica la intromisión de los militares en los asuntos del Estado y, al referir su salida de Bolivia y de los ejércitos colombianos de ese territorio, sentencia: “…la manía politiqueadora se ha introducido en la Fuerza Armada. Este es un presente que nos ha venido de allá. Pobres países donde la Fuerza Armada delibera”.

En carta a Bolívar, y hablando como representante del Congreso de 1830, le asegura que ha propuesto llevar a las sesiones del mismo la propuesta: “Me ha dicho Aranda que ud. está firmemente resuelto a separarse del mando… y sabiendo que los comisionados pretenden que el Congreso admite la renuncia de ud., he pensado para cuando lo propongan oponerles que ud. ni ninguno de los generales en jefe puedan ser presidente o vicepresidente de la República, ni presidente de ninguno de los estados (si hay federación) a lo menos durante el primer turno en que se establecerán las constituciones; puesto que el abuso que se ha hecho del poder militar, ha producido alarmas y desconfianzas, que hacen urgente esa medida’”.

En estas épocas de revuelo y discrepancias, la voz de Antonio José de Sucre debe hacerse presente para entender cómo un joven, apenas salido de la adolescencia, fue capaz de acabar con sus ideas con la Guerra a Muerte y de ser un guerrero de la paz en medio de las intrigas que genera la lucha por el poder.

Ciudad Caracas

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