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Federación Internacional de Comunicadores Populares

                    Abril 2003.Primer encuentro con periodistas revolucionarios.De izquierda a derecha:Heriberto       Rosabal,autor, Pedro de la Hoz y Félix López.FOTO:Ernesto Mastrascusa

  Por Manuel David Orrio

  Hermes Internacional

 

  orrio@enet.cu

 

  (Fragmento del libro en proceso “Por Cuba: a paso de bastón”. Recuerdos y opiniones del autor, ex - agente “Miguel” de la Seguridad del Estado cubano,a 10 años de la revelación de su identidad secreta)

 

  Cuatro de abril del 2003, alrededor de las 9:00 a.m. Aguardo en una esquina del municipio capitalino de Centro Habana. La tensión me anuda la garganta. Hoy, en menos de tres horas, se sabrá. Manuel David Orrio del Rosario es, para los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba, “Miguel”.

 

  Tras un decenio de muchos “pese a…”, he llegado a ser como agente encubierto alguien de confianza en la ejecución sobre el terreno de la “éticamente inaceptable” política de los EE. UU. hacia mi país, al decir de Juan Pablo II. También, uno de los más relevantes "periodistas independientes" cubanos. Dar adiós a semejante infiltración parece un absurdo operativo, pero no lo es en lo político. Me costará entenderlo, pero entenderé…

 

  Un Lada 2107 de color verde brillante se acerca. “Marcos” al volante; contacto visual, chequeos de rutina. Abordo el auto que me conducirá al final de mi ser en las sombras. “Marcos” se reporta mediante un teléfono celular, mientras comienzo a sentirme invadido por una serenidad de hielo. Varios de mis ocultos camaradas están preocupados por mi parquedad emocional y hasta  alguno que otro teme porque un “cristal” se raje en el último minuto.  Pero es allí, escondido sobre el piso del auto, cuando sé con certeza total que no hay motivos de alarma. El temor amigo no se relaciona con lo pusilánime, sino con lo emotivo: concluyo la misión bajo la posibilidad de perder a la esposa amada, quien desconoce la verdad. Un divorcio que de todos modos se producirá en el 2008, sin relación directa con los acontecimientos que vivo.

 

  No pienso, prefiero no hacerlo mientras diviso La Habana desde un ángulo desacostumbrado. Por tanto, no lo puedo imaginar: alrededor de 500  vecinos que me vieron crecer desde niño me recibirán como héroe, cinco días más tarde, y  escucharán de mi propia voz  lo que fue mi razón de ser durante estos 11 años de doble personalidad: “lo que aquí se discute no es un tema de ideologías, ni de socialismos o capitalismos. Lo que aquí se está discutiendo es nuestro derecho como pueblo a decidir sobre nuestros destinos, errores incluídos, sin ingerencias de gobiernos extranjeros. Ése fue el sentido de mi lucha, y lo será durante toda mi vida”.    

 

  “Marcos” conduce aceleradamente hacia el Tribunal Municipal Popular de Diez de Octubre, donde se celebra la vista oral de uno de los juicios más importantes de la llamada Primavera Negra de marzo-abril del 2003. Allí se juzgan al  periodista Raúl Rivero Castañeda y a su acólito Ricardo González, dos de 75 encartados como agentes al servicio de Washington. Negra, negra de verdad esa primavera...para los servicios especiales estadounidenses. De un golpe perdieron a toda una generación de “líderes disidentes”.

 

  Como más tarde apuntará el ex – oficial CIA Phillip Agee (e.p.d), las acciones del Jefe de la Oficina de Intereses de los EE. UU en Cuba (SINA), James Cason, acabaron con la paciencia de las autoridades cubanas. Entre aquellas destacaron su apoyo a grupos anticastristas financiados por su gobierno, así como declaraciones de prensa de carácter inadmisible para el protocolo diplomático. He sido testigo presencial de su conducta; a mí me bastaría. Pero aún desconozco, mientras voy hacia el tribunal, que la Seguridad investiga 29 complots de secuestro de embarcaciones o aeronaves, como parte de un amago de crisis migratoria que pudo erigirse en “pretexto dorado” para oscurecer el cielo criollo con aviones de la U.S. Air Force. Una de las conspiraciones fue un acto de piratería donde se puso en peligro la vida de civiles nacionales y extranjeros, con saldo de 3 autores fusilados; otra, a días después del momento que vivo, un intento de secuestrar a mano armada una aeronave, el cual concluyó en cadenas perpetuas y largas condenas. “Abril sus flores abría”, versó Martí. Pero en ése del 2003 las destinadas a Cuba no eran rosas, ni orquídeas, ni azucenas, ni alguna de las que suelen conmover el corazón de las mujeres. (1)

 

  Ni en sueños vincular a Cason con esos 29 complots, aunque a la hora de relacionar hechos aparezcan indicios. Su entonces jefe, el  hoy ex - Subsecretario de Estado Roger Noriega, confirmará en el 2010 que el diplomático cumplía instrucciones de lograr su expulsión, como parte de una escalada donde no se habría descartado, insisto, una invasión militar estadounidense. (2)

 

  “Cason --  escribirá Agee -- se abatió sobre La Habana como un super-inspirado agente policíaco federal del elenco de Gangbusters, con una tremenda actitud de prepotencia. Pero hay que reconocer su hazaña. Corrió por todo el ancho y largo de esta isla quemando a sus amigos disidentes, «nuestros muchachos», y sellando su suerte mientras lo hacía. Su descarado apoyo a la sociedad civil de Washington en Cuba pareció a todo el mundo como si  quisiera que lo expulsaran como persona non grata en lenguaje diplomático. Hizo un show de unidad con los grupos en las provincias así como en La Habana; dio pases de 24 horas a la Sección de Intereses a sus favoritos, incluyendo a agentes de penetración cubanos, de libre acceso a Internet y otras instalaciones; asistió a reuniones en las casas de disidentes donde presentó el equivalente de conferencias de prensa a periodistas extranjeros; lanzó personalmente el ala juvenil del Partido Liberal; agasajó a disidentes en su residencia oficial, incluso acogió en su casa un taller de periodistas independientes durante un día sábado. Su conducta fue tanto más allá del protocolo diplomático aceptado que se podría decir que fue la madre de todas las provocaciones. Pero la expulsión de Cason habría llevado a una nueva crisis con EE. UU. y los cubanos no cayeron en la trampa. Durante seis meses esperaron y vigilaron a través de sus infiltraciones altamente colocadas en la comunidad disidente de Cason. Y entonces decidieron actuar. Tenían la evidencia de las actividades criminales en apoyo de Helms-Burton y en violación de otras leyes contra la sedición, así que finalmente decidieron barrer de un golpe a toda la caterva de Cason. Y ahí se quedó… solito como jefe desnudo de una pandilla que desapareció.” (3)

 

  Por lo menos a mí, una de las “infiltraciones altamente colocadas”, me tomará un par de años armar el rompecabezas; aún ese 4 de abril me era un conjunto de piezas desordenadas, las cuales me impidieron tener una visión global de los  acontecimientos y motivaron mi resistencia a revelar mi identidad secreta. No podía entender como lógico el echar por la borda un decenio de tantos sacrificios para llegar adonde había llegado. Para colmo, se me había preguntado de modo bien oficial si estaba dispuesto a continuar la misión, pero encarcelado. O sea, a “ser el 76 de esos 75”. Mi respuesta, no sólo afirmativa: me preparaba en serio para esa posibilidad cuando la jefatura “cambió la seña” ¡No digo yo si me sentía más que rebelde!

 

   Sólo instinto y disciplina me enyuntaron, tras ardua discusión con dos de los  jefes que en estos años devinieron “sangre de mi sangre”. Argumentos a favor y en contra llovieron sobre esa controversia durante alrededor de una hora, hasta la brusca interrupción del superior de mayor jerarquía:

 

  -- ¡Cojones! ¿Tú no te das cuenta? ¡Ésto es un problema de seguridad nacional y una orden del Comandante!

 

  -- ¡Ah, compadre, hubieras empezado por ahí! Yo soy un “guardia” y los “guardias” cumplen órdenes, no las discuten.

 

  Espero, solamente espero, oculto en la parte trasera de la cabina del Lada, ahora aparcado en una calle que no reconozco. Me acomodo, acostado, sobre el asiento. Converso de ni me acuerdo con “Marcos”, hasta el aviso del   celular. Todo borroso. Atravieso un área que de repente se me hace familiar: aquí, 12 años atrás, mi demanda de carácter laboral contra un burócrata mentiroso se declaró CON LUGAR. De todos modos, renuncié a mi empleo: ¿hubiera soportado serenamente el posterior aluvión de sutiles represalias, mientras mi padre moría de cáncer? 

 

  Penetro en la sala donde el juicio se celebra. Limitado físico, siempre acompañado de bastón, se me exime de declarar de pie y se me invita a ocupar una silla, lo cual hago. Pero antes miro a los ojos a Raúl Rivero y a Ricardo González. En Rivero percibo valor, no así en González. Observo a mi alrededor y veo que dos cámaras de televisión me enfocan. Comienzo a testificar…

 

  Mientras declaro, me están viendo “en vivo” en un puesto de mando de primer nivel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Gritos y palabrotas de varios oficiales harían pensar que Industriales está ganando en el último inning el Campeonato Nacional de Baseball. Conocen y repudian a Orrio, pero en ese momento están sabiendo de “Miguel”. Al grupo se acerca el Tte. Coronel Álvarez Rodríguez. Para mí, siempre, “El Bata”.

 

  -- ¿Ustedes lo ven? Ese tipo es mi hermano desde la secundaria. Hace años que trago buches de sangre, evitando encontrarme con él en el barrio donde crecimos y nuestras madres viven; soñando con que ésto pasara, porque yo sí que nunca me creí el “cuento”. Tenemos permiso: ¿quién abre esta botella?

 

  Notas:

1.- Agee, Phillip. La Sociedad Civil y los Disidentes. Rebelión, reproducido por La Jiribilla.

http://www.lajiribilla.cu/2003/n115_07/115_01.html

2.- “Reconoce ex funcionario de EEUU que James Cason fue enviado a La Habana para provocar ruptura diplomática con Cuba”.

http://www.cubadebate.cu/noticias/2010/07/10/eeuu-james-cason-envia...

3.- Ibídem 1.       

 

 

                 

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