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Federación Internacional de Comunicadores Populares

nicolas CRONICAS DE MIAMI
Por: Nicolás Pérez Delgado
05/06/2014
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                                             Mujica, un presidente singular

       La BBC en una ocasión catalogó a José Mujica como el presidente más pobre del mundo. Pero después el Washington Post le quitó el título al dar a conocer que el Primer Ministro de Nepal, Sushil Koirala, quien juró el cargo el pasado 11 de febrero, le gana, pues sus bienes declarados son tres teléfonos móviles, uno de ellos un iphone y otro que no funciona.

     Para Miami esto resultaría un absurdo, pues sabemos del estilo de vida hasta de un simple comisionado. Lo de Mujica parece insólito, casi loco, y ya los medios de Miami le buscarán la cuarta pata a su mascota Micaela e inventaran para atacarlo. Al nepalés no, y es porque está muy lejos, aunque ambos estadistas tienen un punto en común: los dos fueron jóvenes guerrilleros.

      Mujica militó en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, una guerrilla que nació y se fortaleció al calor  ideologico de la Revolución Cubana; dos veces estuvo preso en una cárcel de la que huyó en un espectacular escape. Vio demasiados amigos morir y esperó demasiadas veces la muerte propia. Diez años estuvo aislado en un pozo durante la dictadura militar de 1973, donde venció la posibilidad de la locura. La llegada de la democracia la festejó del único modo posible para su honesto carácter: arando la tierra y esta vez militando en un marco legal.

      En 1995, Mujica devino el primer tupamaro en ocupar un puesto como diputado nacional. Luego fue senador. Después fue ministro. Y a fines del 2009 se transformó en el primer exguerrillero en llegar a la presidencia del Uruguay y completarle el sentido a una lucha ideológica por la que se inmoló buena parte de América Latina.

     José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, vive en un rancho, en una casucha de paredes desconchadas donde hay una cocina, un sillón rojo, una perra que se llama Micaela y solo tiene tres patas, y una estufa a leña. Desde este austero sitio, a 20 minutos de Montevideo, este hombre emergió primero como legislador nacional y luego como candidato presidencial. Hoy es Presidente y sigue viviendo allí.

      Mujica ha recibido periodistas recién bajado del tractor, sin la dentadura puesta, con el pantalón arremangado hasta las rodillas y con una gota de sudor colgando de la nariz, según cuenta en un extenso artículo la periodista Josefina Licitra, de quien hemos tomados estos datos sobre un presidente realmente fuera de serie.

     En los días preelectorales, recibía a la prensa en alpargatas y sin dientes,  jugando con su perra manca y haciéndose cortar el pelo por un desconocido que había ido a pedirle trabajo. El mismo día de los comicios presidenciales, el 29 de noviembre del 2009, los recibió en pijama y con la barba crecida.

     Un compañero de Mujica de la cárcel de Punta Carretas, José López Mercao, dice que Pepe fue electo presidente  porque el movimiento armado tupamaros salió muy honrado frente a la población, y porque Pepe siempre fue un tipo muy humano, muy enamorado, muy zorro y muy austero.

     Hoy el Presidente de Uruguay se traslada en un Chevrolet Corsa más bien viejo. No usa corbata. No tiene celular. No tiene tarjeta de crédito. Prohíbe a los empleados de gobierno oficialmente usar Facebook, Twitter o cualquier cosa parecida. Tiene una esposa, la senadora Lucía Topolansky, quien también fue tupamara y es tan asceta como él. Primera Dama que tampoco vive en la residencia presidencial sino en esa chacra, en Rincón del Cerro, a veinte minutos de la capital.

      Julio Marenales, uno de los líderes históricos del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros es visto por Mujica como un hermano. Militaron juntos, juntos cayeron en el penal de Punta Carretas, juntos también se fugaron, y juntos, aunque separados en distintos establecimientos, padecieron diez años de encierro en los pozos de los cuarteles. La última vez que lo detuvieron, en 1972, Marenales arrojó sobre sus captores una granada que no explotó. En respuesta recibió catorce balazos.

      José Mújica, sin dudas, es un hombre muy inteligente, práctico, y Marenales dice de él: “El Pepe no puede hacer una presidencia con las ideas que tenía como tupamaro. Ha tenido que adaptarse. Se amoldó al pensamiento general del Frente Amplio, que es una fuerza donde hay trabajadores pero también empresarios, y a los empresarios les gusta el sistema capitalista. Por tanto las ideas que sustentó el compañero Mujica años atrás las tiene, supongo, en el congelador. Es decir: el Pepe no va a hacer la revolución. Lo que no quita que este sea el mejor gobierno que tuvo este país.”

     Este gran amigo del Presidente no ha querido ocupar cargos en el gobierno. Hay quienes dicen que la negativa responde a que está clínicamente loco, pero quizás exista otra forma de verlo: para que haya un Mujica dirigiendo el país, debe haber un Marenales diciéndole al oído: no olvides a los de abajo, pues, como bien asegura: “Pepe viene de trabajar la tierra y nunca sintió la bota del patrón arriba. Y fueron los de abajo los que lo llevaron a la presidencia. Por eso el Pepe tiene un gran compromiso con la gente humilde. Y tenemos que ayudarlo a que lo cumpla.”

     Algunos en Uruguay y otros en todo el mundo creyeron que el Pepe era un problema de comunicación pasajero, un producto efímero, y erraron. Fue uno de los mejores diputados en la legislatura, un brillante orador. Le dio voz a todo el interior uruguayo y ha tenido una especie de noviazgo entrañable con el público.

      Los funcionarios del gobierno que pertenecen al Movimiento de Participación Popular (MPP) ahora tienen tope salarial. Lo máximo que pueden ganar son treinta y siete mil pesos (mil novecientos dólares), y eso significa que la mayoría, entre ellos, Mujica, cobra en mano apenas el treinta y cinco por ciento de su sueldo.

     Su esposa, la senadora Topalanski, dice que “Pepe, aunque con más responsabilidad es la misma persona. Sigue levantándose y haciéndose el mate y escuchando los pajaritos. Pero casi todos somos así,” y agrega: “Yo me levanto a las seis, escucho las noticias. La vida del Pepe es muy sencilla y pasa por la tierra. Cuando uno sale de licencia y se va al monte o a la playa, Pepe se va a trabajar la tierra. Y los domingos, mientras todos descansamos, él madruga para trabajar la tierra. Si no hace eso, no descansa. La tierra es el lugar donde Pepe ordena sus ideas. Cada cual es como es,” afirma la senadora y esposa del presidente uruguayo.

    Y uno piensa: si los políticos de este país se les pareciera, aunque sea en un 10 por ciento y no trabajen la tierra ni vivan en una chacra.

     Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.

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