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Federación Internacional de Comunicadores Populares

Mis amigos en Facebook. Apuntes con intención ciberetnográfica

Se conoce poco sobre las prácticas de los usuarios en Internet. Facebook, que en muchos sentidos sintetiza formas de “expansión” de la sociedad hacia y en el mundo virtual, es un terreno útil para ensayar una indagación con mirada ciberetnográfica sobre nuestros comportamientos en las redes sociales. El estudio de algunos de los usos de esta herramienta-espacio en el contexto cultural y político cubano actual, permite esbozar rasgos de la fisonomía de una sociedad en cambio. Este artículo se plantea la observación de tres aspectos que precondicionan las formas “nuestras” de usar Facebook: los marcos que impone la calidad de la conectividad en Cuba; la existencia de una diáspora cubana que convive en este espacio virtual, y la tendencia a la politización de los discursos.

¿Cuántos somos en Facebook? Hasta donde llegamos a saber, ni la gigante red social que agrupa hoy cerca de mil millones de usuarios ni webscrapers[1] reconocidos ofrecen datos sobre el número de cuentas abiertas desde Cuba. Al parecer, los cubanos en la Isla no formamos parte de esa enorme comunidad de usuarios-target que Facebook (FB) facilita para el mercado de la publicidad, hoy guiado por las lógicas del «comercio relacional»[2] y que está en la base de esta aplicación web 2.0.

Nuestros perfiles como usuarios de Facebook no son relevantes en la mercadotecnia digital, como consecuencia del bloqueo económico de los Estados Unidos contra Cuba. Nuestra data no interesa, por ahora, como incentivo a posibles anunciantes en ese «territorio» virtual que es, siguiendo una metáfora deficiente en términos explicativos, pero bastante ilustrativa, el tercer país del mundo por el tamaño de su «población».

Un país-bazar en cuya economía el principal y más escaso activo es la atención; babeliano, por la diversidad lingüística y cultural que allí se expresa; descentrado, puesto que no parece haber más autoridad exterior a los individuos como no sea la que impone de facto y de manera ubicua el software que lo soporta; utópico o distópico, según como se lea. En todo caso, una marca de la cultura y la socialidad contemporáneas; uno de los principales surtidores del estilo de comunicación y de relaciones en este comienzo del siglo xxi.

Aunque no dispongamos de números y perfiles que retraten el status quo de los cubanos (de Cuba) que mantienen cuentas en Facebook es posible afirmar, si uno también es feisbukero y ha observado el devenir de este proceso, que la comunidad ha venido in crescendo de forma sostenida, tanto numéricamente como en cuanto a la calidad de su «trabajo» en la red.

La política de «acceso social» que guía la distribución de la conectividad en Cuba, genera una cierta composición en el acceso a la que podríamos llegar por sucesivas aproximaciones. Por ejemplo, entre los sectores más favorecidos con accesos full Internet están periodistas, algunos grupos de intelectuales y artistas, científicos en los centros de mayor relevancia, ciertos funcionarios políticos y directivos empresariales de alto rango, y las universidades.

Poco sabemos sobre sus edades, pero podemos deducir que las franjas que van desde los 13 hasta los 18 años no deben estar muy favorecidas con el acceso. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en 2009 existían en el país 10 481 centros de enseñanza no universitaria y el total de computadoras personales (PC) con conexión a Internet en esos niveles educacionales era de 14 515; es decir, 1,38 por escuela. Reportes periodísticos informaban que en 2012 solo 3% de las instituciones docentes —descontando las universidades— estaban conectadas a Internet.[3]

Sin embargo, miles o quizás decenas de miles de usuarios que no son «dueños» de conexiones, o que ni siquiera pueden contar con tan apreciada herramienta en sus lugares de estudio o trabajo, también han encontrado formas alternativas[4] para conquistar un login y un password en el «mundo feliz» de Zuckerberg,[5] empinándose sobre amistades y otros contactos. Lo cierto es que han acumulado las destrezas imprescindibles para inaugurar sus perfiles y mantener vivos sus universos reticulares en Facebook, aunque sea de forma esporádica.[6]

Muchos cubanos saben o presumen que «estar en Facebook» es una forma de «existir» que no debe desperdiciarse. Menos aún si se tiene en cuenta «una presencia de compatriotas asentados en el exterior que supera los 1,7 millones de cubanos y sus descendientes»,[7] y una población residente en la Isla de poco más de once millones.[8] A esto habría que sumar decenas de miles que se encuentran fuera de Cuba en misiones de trabajo y que, aunque no se pueden considerar emigrados, «faltan» a sus familias y amigos, y son también «alcanzables» mediante esta red social. Aproximadamente, por cada seis cubanos en el archipiélago existe uno fuera de sus fronteras. Sin embargo, en FB estamos todos juntos, comunicados.[9]

Dadas estas circunstancias, por su relevancia antropológica y comunicológica, es pertinente proponerse una mirada, aunque preliminar, al «comportamiento» y los rasgos de uso de una herramienta-espacio como Facebook en la población «conectada» en Cuba. Intento enfocar, sin pretender agotar su abordaje, ciertas hipótesis sobre la importancia comunicacional de este laboratorio de la web interactiva. Me concentro para ello en tres aspectos que, creo, precondicionan las formas «nuestras» de usar Facebook: los marcos que impone la calidad de la conectividad en Cuba, la existencia de una diáspora cubana que convive en este espacio virtual, y la tendencia a la politización de los discursos.

El objeto y la mirada

La adopción de la primera persona gramatical en este texto no es una confusión en el estilo de redacción que presume la norma académica, sino la realización de un pensamiento que incluye a quien expone, que hace una introspección, una explicación recursiva tal como proponen los paradigmas de la complejidad.

El conjunto de las experiencias vertidas aquí parten de una inmersión personal en el espacio virtual de Facebook, por una persona de menos de 40 años, mujer, cubana, residente en la Isla, de profesión periodista y profesora. De esa «navegación» cotidiana, de la intervención en muchas «conversaciones» y de la observación más o menos advertida del comportamiento de otros en ese espacio, emerge un determinado punto de vista, que puede conformarse a partir de los márgenes que ofrecen las ciberetnografías.

La selección del método ciberetnográfico para este acercamiento obedece al hecho de que debo dilucidar comportamientos que, aunque se objetivizan en discursos, se hacen en los contactos y las interacciones entre sujetos cuya identidad virtual se desenvuelve y recrea durante el proceso. Facebook —como otras redes sociales— constituye, sobre todo, un ámbito de relacionamiento, cuyo estudio es absolutamente pertinente y necesario desde las ciencias sociales.[10]

En Cuba los estudios sociales sobre Internet y lo digital, todavía escasos y poco diversos, suelen centrarse en la indagación acerca de los emisores (sus orígenes y estrategias como agentes constructores de agenda) y en el análisis de contenidos/discursos (sus rasgos formales y, muy eventualmente, su semiótica), pero casi nada en el plano de los usuarios y sus prácticas en Internet o específicamente en las redes sociales.

Conocemos muy poco los perfiles del usuario de Internet en Cuba. Ni siquiera en términos estadísticos contamos con un retrato de su composición sociodemográfica. Menos aún sobre su comportamiento frente a las pantallas digitales.

Uno de los mayores cuidados que demanda el estudio de estas realidades virtuales desde las ciberetnografías es delimitar correctamente los aspectos éticos que se ponen en juego. En particular en Facebook, las redes de relaciones, o lo que serían las «comunidades observables», se estructuran alrededor de una «solicitud de amistad» correspondida, bajo pactos implícitos de reserva de los contenidos compartidos.

Sin embargo, aunque al inscribirse un usuario en FB no ofrece un consentimiento explícito para ser observado como parte de una investigación, retomo la propuesta de Dag Elgesem para ubicar el requerimiento ético, según el cual «la violación de la privacidad [solo] se produce cuando las expectativas razonables de un individuo son frustradas en lo que toca a las limitaciones del uso de información personal».[11] En lo que podría quedar dentro de las expectativas razonables en Facebook está la característica de invitar a los «amigos» propios a «ver» (tener acceso a) contenidos ajenos, de otros «amigos», mediante el uso de herramientas como «Me gusta», «Compartir», «Comentar». También se encuentra, derivada de la anterior, la posibilidad de que sujetos no «comprometidos» en una red tengan acceso a contenidos provenientes de ella y dispongan su uso, incluso, fuera de los contextos originales.

En términos generales, en este como en otros casos en Internet, los instrumentos fundamentales para preservar la privacidad de los sujetos observados, y al mismo tiempo defender la integridad de la investigación, son el anonimato y el consentimiento informado. Utilizando ambos recursos se tejen los apuntes que siguen.

My profile

Comencé a edificar mi identidad en noviembre de 2007. Como garantía de mí misma, tengo 492 «amigos» en Facebook hasta el día 26 de marzo de 2013, 1:51 a.m. Ellos son mi «capital» de relacionamiento. Me «ven», y eventualmente «hablan» para y sobre mí, me construyen. Con cada acto en «nuestra» red, ellos contribuyen a «conformar» mi identidad allí donde antes ego no existía. Soy también su retrato.

Nunca sospeché que pudiera ser tan amplia mi red de relaciones. ¿Cuántas personas «reales» conozco? ¿Cuántos de ellos desearían conversar conmigo? Con muchos de mis amigos en FB ni siquiera he coincidido físicamente y lo más probable es que muera antes de haberles podido mirar a los ojos.

Soy, a mi vez, una «profe» acompañada por sus alumnos pasados, presentes y hasta por los potenciales. Los «muchachos» de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana pululan en FB, y muchos periodistas cubanos con cuentas de solo ochenta horas mensuales en Internet también aparecen en esta interminable urbe. Estos dos son los grupos más nutridos en mi red de amistad feisbukera.

Pero también están mis compañeros de estudios universitarios que fueron contemporáneos, amigos cercanos o lejanos, o solamente conocidos. Muchos viven fuera de Cuba, de modo que no los veo «hace siglos». Algunos militan en latitudes políticas distintas de las mías; todos lo sabemos, pero no importa. Facebook nos conecta en lo que de común tenemos: una biografía y ciertas nostalgias.

Más diferidos aún son los afectos que crecieron cuando éramos niños o muy jóvenes y no sabíamos que en el futuro para muchos la opción sería irse del país. En julio de 2009 un amigo emigrado en Argentina me contó a través de un correo electrónico: «Cuando regresé de Cuba en noviembre me hice [sic] Facebook, y me cambió la vida, literalmente. Recuperé mi pasado».

Aquel mismo día escribí en mi blog: Ahora que más de la mitad de nuestros amigos y un número importante de nuestros conocidos ya no viven en La Habana; ahora que cuesta más mantener nuestras redes íntimas de afectos, tejidas con la vida; ahora que no se sabe nunca quién será el próximo en «desprenderse» del espacio físico cubano, Facebook hace mejor su papel.[12]

Ellos son mi red. La que puedo estudiar, a la que tengo acceso y sobre la que escribo estas observaciones. Esta red que se ordena a partir de mí, contiene sobre todo periodistas o aspirantes a serlo; cubanos en Cuba o fuera de ella; hispanohablantes de origen, aunque muchos de ellos «hablan» y «comparten» en otros idiomas; muchos jóvenes menores de 40 años, y muy pocas personas de más de 60.

De mis amigos en Facebook, lo más sobresaliente, compilado por el APP[13] Facebook Friends & Profile Statistics, a partir de las propias declaraciones de los usuarios en sus perfiles, son los siguientes datos con los que se puede realizar un acercamiento, al menos de las tendencias identitarias de esta red:

Películas favoritas: Harry Potter (24 likes),[14] Vampiros en La Habana (22 likes), Shrek (21 likes)

Programas de TV favoritos: South Park (37 likes), Friends (serie de TV) (34 likes), CNN en Español (27 likes)

Música favorita: Silvio Rodríguez (125 likes), Joaquín Sabina (115 likes), The Beatles (68 likes)

Libros favoritos: Cien años de soledad (54 likes), El perfume (23 likes), El amor en los tiempos del cólera (20 likes)

Nombres más comunes entre mis amigos: Ernesto (5), Alain (4), Juan (3)

La edad de mis amigos: a partir de 276 que declararon su fecha de nacimiento, el promedio es de 38,3 años.

Pero más allá de datos como estos, cedidos espontáneamente por los usuarios, existen otros que cotidianamente son «expropiados» por Facebook, y conforman lo que se ha llamado la «huella digital» de cada uno de nosotros: residen fundamentalmente en nuestros procedimientos. Adentrarse en una red significa explorar el ámbito de esas interacciones.

Facebook a 56 Kbps

Una de las primeras condicionantes que deben tenerse en cuenta para evaluar el comportamiento desde Cuba en Facebook es la calidad de la conexión. A 56 Kbps, o menos, parece un anacronismo, un imposible, pero es el diario de muchos internautas cubanos. Conexiones lentísimas, por módem, se vuelven demasiado angostas para poder tener una experiencia plena en esa red social. Mi amigo JM escribió en su «biografía» en FB: «Hoy Facebook amaneció más lento que de costumbre, y se me bloquea. Será porque tantos amigos quieren entrar a la vez». Muchos usuarios utilizan conexiones por proxys en espacios públicos, con mucha concurrencia; o se valen de cuentas de acceso telefónico remoto «alquiladas» o «compartidas» en las que las inmersiones deben ser expeditas.

Las precarias y singulares condiciones de conectividad en Cuba[15] obligan a que usualmente el acceso a Facebook desde la Isla sea «guerrillero»: intermitente y utilitario. Es casi imposible la navegación distendida, las fotos de gran tamaño son un problema, la descarga o siquiera la visualización de videos es imposible para la mayoría de los usuarios. La activación de un servicio tan básico como el chat en Facebook puede resultar engorrosa. Así le sucede a mi amigo SV: «Cuando chateo en Facebook, tengo que tener todo lo demás cerrado. No puedo abrir otros sitios». Sin dudas estas condiciones acotan la conducta en la red. Si una parte considerable de los usuarios de Facebook en el mundo lo hacen a través de dispositivos móviles, en Cuba casi siempre ocurre desde ordenadores estacionarios.

La navegación transcurre muchas veces desde centros de trabajo o estudio. En algunos de ellos, aunque no llegue a estar prohibido, puede no aceptarse el uso de esta herramienta durante el horario laboral. A veces, aunque no es lo que predomina entre los periodistas, las incursiones deben ser rápidas y disimuladas.

Por todo ello, en el fragmento de red que alcanzo a ver, como tendencia, la participación en FB pretende ser más sustantiva que lúdica. Cuando comencé a tener amigos en Facebook, muchos de ellos, mientras exploraban las potencialidades de esta herramienta, compartían galleticas de la suerte, jugaban a adivinanzas, o difundían memes[16] de manera asidua. En la evolución de los usos de esta red social mis amigos no juegan. En toda mi red solo quince personas utilizan algún juego de simulación o de mesa, y seguramente de forma muy esporádica, sobre todo entre los que se conectan desde la Isla. En general, parecen demostrar ante todo una necesidad ingente de comunicar algo, muchos de ellos desean diseminar, «multiplicar», dar a conocer asuntos, «conversar».

Afirma mi amigo CD:

Yo crezco, por decirlo de un modo, hacia el aburrimiento. Y de momento llega Facebook y me hace trizas la teoría. Estoy en Facebook para conversar, desde luego, que es todo un arte y una primerísima necesidad mía. Creo que la conversación —con cualquiera y sobre lo que sea— me seduce mucho. Pero no me resisto. Cada vez leo menos y converso más. Cada vez oigo menos música y converso más.

Los más jóvenes juguetean con los blogs de sus amigos y conocidos, votan por ellos, los citan, los comentan, los comparten. Son las voces emergentes que no están representadas en los medios de comunicación tradicionales; que en los espacios blogueros han encontrado su hábitat y en Facebook su «socorro». Muchos parecen haber entendido que mientras más difusión consigue una intervención pública de cualquier tipo en Internet, más protección adquiere. Un potencial ejercicio de censura podría ser igualmente magnificado, al estilo del «efecto Streisand».[17]

Los menos jóvenes, que no mantienen blogs tan frecuentemente, están enrolados de maneras más orgánicas en las dinámicas de los medios de comunicación donde trabajan, y suelen compartir enlaces ya sea de los medios propios o de otros admirados. Cubadebate y Russia Today, por ejemplo, son algunos de los más beneficiados con esta práctica.

Mi amiga MO se conecta todos los días con casi impecable rigor, siempre en la noche, e inunda en pocos minutos todo mi muro[18] con ráfagas —el tiempo de conexión debe aprovecharse al máximo— de contenidos llevados y traídos, compartidos desde sitios remotos: titulares de la prensa cubana, tópicos políticos, memes divertidos, asuntos de la comunidad LGBT (cada vez más esos temas). Es muy ocurrente y casi todo viene con una nota de humor. Hace unas pocas semanas publicó en su muro que le aburría Facebook, que quería cambiar su «estrategia de comunicación» y que estaba lista para recibir sugerencias. Por ser tan atípica y autorreflexiva su manifestación, decidí recurrir a ella como informante clave en este análisis:

Nunca he tenido una verdadera estrategia para FB y, al parecer, para ello tendré que hacerme de otro perfil que me permita enrutar mi o mis intereses y escoger mis amigos. ¿Por qué NUNCA la he tenido? Fácil. En primer lugar, como muchos colegas, llegué a él cacharreando y con la idea de explorar algo que para mí era sorprendente e incógnito, teniendo en cuenta que hasta ese momento no había navegado por Internet. Así que la interpretación fue la que todavía subsiste en la mayoría: esto es para darme a conocer, entretenerme y hacerme pasar por genial. Luego vendrían otras realidades y las preguntas de cuántos amigos tienes y claro, la interpretación de que si tenías pocos y no usabas consignas, no estabas utilizando las redes para lo que se te otorgó la conexión. Esta no cumplía el rol, de manera que ese Internetburrismo era de arriba para abajo y de abajo para nosotros mismos… También interpreté y lamentablemente lo seguimos haciendo, que mientras más cosas revolucionarias pusiera, más defendía a la Revolución. Muchos de nosotros ya hace rato que estamos claros de que hay muchas maneras de defender a Cuba, sin consignas que a otros no dicen nada; sin ocultamientos inútiles, provocando foros —a los cuales todavía les tememos— y utilizando diversas herramientas, incluso las del entretenimiento.

A veces me aburro en FB porque no encuentro lo que estoy necesitando en ese momento. Y yo creo que eso tiene que ver con la baja versatilidad de las personas con quienes interactúo e imagino que viceversa. No hay sorpresas. No hay temas. No hay foros. No, no y no. Ese día me harto y me voy, pq para aburrirme, ya se lo dije, NO. De manera que todo esto me trae a lo mismo: No hay estrategias, la gente copia y pega, no se mueve, no provoca, no remueve las neuronas… me aburro. A veces alguien que logra cosas agradables o didácticas cae en lo mismo y entonces se pone me gusta, sin apenas haber visto nada. Otros problemas tienen que ver con la conectividad, el no poder abrir vídeos, las miles de veces en que no se abre o sube una foto, en fin… se pierden horas inútilmente.

Nunca te irás del todo

Es un hecho típico la convivencia en Facebook con una diáspora cubana que está presente en estos espacios virtuales de forma fluida, sistemática, visibilizándose, promoviendo sus agendas públicas, reconquistando «territorios» simbólicos —muchas veces mediante la exaltación nostálgica y multimedial del pasado—, y, sobre todo, interactuando sin intermediarios con los restos de sus redes familiares, grupales, de amistad, que han quedado en la Isla: en resumen, evidenciando una sociedad transnacional.[19]

Si la escritura literaria fue en las décadas pasadas la vía privilegiada para condensar los rasgos específicos de una identidad diaspórica en la emigración cubana, Facebook permite hoy su «consagración», su popularización, en la medida en que multiplica estas expresiones identitarias y las acerca más, como nunca antes, a la fuente original de esta transformación cultural: el país y su vida cotidiana.

Para los habitantes de la Isla esta diáspora constituye el Alter, la otredad que devuelve la imagen propia; pero al mismo tiempo no es una instancia externa, es constituyente principal de las interacciones, pues desde ella y con ella se crean las redes de relaciones más importantes, que son el ADN de estas formas de comunicación en Internet.

Al hacer una búsqueda en Google, a través de la combinación de los términos Cuba y Facebook, se obtiene una diversidad de páginas en las que los temas de la identidad nacional son predominantes y donde se insiste en la idea (más o menos explícita) de que Cuba nos une. No es posible conocer, salvo para los administradores de esos sitios que sí tienen acceso a las estadísticas de Facebook, cuántos de los usuarios que se vuelven «amigos» de tales espacios, provienen de la Isla, pero es muy probable que se trate de una cifra no despreciable.

El ideal de la «unidad» cubana, en estas páginas, cuyo objetivo de posicionamiento se basa en amplificar sus redes tanto como sea posible, transcurre generalmente por cauces apolíticos («de eso no se habla») y se fundamenta, la mayor parte de las veces, en la evocación, la restauración o la ratificación de estereotipos identitarios de la nacionalidad cubana que incluyen los tópicos de la gastronomía casera, la música de todos los tiempos, los dichos o chistes, objetos de la vida cotidiana de décadas pasadas (sobre todo antiguallas socialistas) o paisajes hermosos, pintorescos, desconflictuados, de nuestras ciudades o sitios naturales. Es de suponer que la mayoría de estas páginas han sido creadas por usuarios que viven fuera de Cuba, aunque seguramente se sostienen por la «alimentación» que reciben desde la Isla.

Bellum omnium contra omnes

La potencial politización de cualquier tipo de interacción sostenida entre usuarios cubanos —desde la Isla o fuera de ella— en Facebook es otra de las características habituales, sobre todo cuando se «habla» del presente. Es como una energía inmanente que a ratos suele ser reprimida o rebasada, pero siempre está lista para aparecer con fuerza telúrica. No constituye novedad en la sociedad cubana: es el resultado de décadas de confrontación ideológica. Mi amiga RM opina:

Generalmente los debates en FB han sido políticos y de ahí no se saca nada, pq el tema está en que las personas que lo han promovido, de un lado u otro, y las que tienen capacidad para ello, no pueden realizarlo a cierto nivel, pq aparecen los que no tienen nada que decir y el foro se convierte en una ciberchusmería, sin pies ni cabeza. Yo sí creo que podemos promover el debate desde Facebook, valiente y racionalmente. […] Muchos de nuestros colegas, se callan, no participan, no exponen lo que piensan. Está desde el «no me interesa el tema», al «mejor no pongo nada para evitarme problemas» o el «déjame quedarme en la línea». Está la falta de intereses, la del talento y el conocimiento. No se puede ir a un foro de verdad a hablar cáscaras, digo yo. Pero sí creo que si se piensa bien, en vez de estar replicando en FB y Twitter todo lo que se nos manda, le haríamos más beneficio a nuestro país defendiendo desde nuestras realidades, con honestidad y transparencia. Hay que aprender a desatar esos nudos para que lo del «secretismo se acabó», se concrete y para que dejemos atrás la ingenuidad de que en este mundo globalizado es posible estar en una bola de cristal.

En Facebook muchas intervenciones se vuelven trascendentalistas, acusatorias, confrontantes. Muchas se erigen en calidad de increpación o de defensa. Abundan los «debates» que se sostienen desde la sospecha, el malentendido apriorístico —casi consustancial. También es característico el doble sentido y el uso de frases sugestivas que juegan a decir más de lo que dicen entre comunidades de intelección. Guiños con segundas intenciones que no se esclarecen para poder pasar de largo, ilesos, frente a la censura. Una censura que no se aclara, pero se puede prever: se «vive» cierta vigilancia[20] que ejerce el «otro» en el mundo virtual y que puede influir en el comportamiento de los sujetos en el mundo no virtual. Según mi amigo JL:

Los periodistas «cargamos con la cruz» de que la conexión nuestra es estatal. O sea, el medio en que laboramos nos ofrece ese servicio para hacer nuestro trabajo o para el «combate id

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