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Federación Internacional de Comunicadores Populares

Deisy Francis Mexidor
Prensa Latina
El presidente Barack Obama retomó el tema de la ciberseguridad nacional el mismo día en que ofreció el tradicional discurso sobre el Estado de la Unión en el Congreso, el pasado 12 de febrero.
Entonces, el gobernante demócrata firmó una orden ejecutiva para reforzar la vigilancia en Internet ante lo que la Casa Blanca considera una creciente amenaza de ataques en la red.
De acuerdo con la medida, las agencias federales notificarán a las empresas privadas sobre peligros informáticos clasificados o no, aunque salvaguardando el principio de privacidad y las libertades civiles de los estadounidenses.
Además, establecerá un "marco de seguridad cibernética" para, a través del Instituto Nacional de Standards y Tecnología, desplegar las mejores prácticas de protección posibles y blindar aquellas empresas consideradas cruciales en la infraestructura del país.
Según afirmó Obama, las nuevas "defensas cibernéticas" aumentarán el intercambio de información y desarrollarán normas "que protejan nuestra seguridad nacional, nuestros empleos y nuestra privacidad".
A propósito, una reciente encuesta del diario The Hill, especializado en tópicos legislativos, advirtió que una buena parte de los ciudadanos considera que Obama mantiene una política similar o peor a la de su antecesor, George W. Bush, en el balance entre seguridad nacional y libertades civiles.
La pesquisa destacó que 37 por ciento de los interrogados señala que el mandatario es peor, mientras 15 por ciento estima que existen pocas diferencias entre ambos.
El debate sobre la protección de los derechos individuales resurgió después de la publicación de un memorando del Departamento de Justicia que certificó la legalidad del asesinato de connacionales con el empleo de aviones teledirigidos o drones, de ser sospechosos de terrorismo.
La adopción de la norma ejecutiva será voluntaria para las organizaciones y se regirá por la coordinación de varios sectores de la actual administración, entre asesores de defensa, seguridad nacional y lucha antiterrorista, sin especificar aún los métodos de respuesta a posibles amenazas.
No obstante, para los estrategas del Pentágono, una ciberagresión sería el pretexto para declarar de inmediato un acto de guerra y en consecuencia ofrecer una respuesta con fuerzas militares a los presuntos enemigos.
De ahí que Obama y su equipo mantengan en alto el criterio de que este es un asunto de seguridad nacional.
"Nuestros enemigos buscan la capacidad de sabotear nuestra red de energía eléctrica, nuestras instituciones financieras y nuestros sistemas de control del tráfico aéreo", aseguró el jefe de Estado en su alocución en el Capitolio.
Algunos de los críticos de sus políticas han expuesto que la actual orden tiene un reducido alcance y en nada constituye una panacea para el control en el ciberespacio. El Atlantic Council, tanque pensante sobre asuntos internacionales encabezado por Charles Hagel, nominado por Obama para ser el próximo secretario de Defensa, manifestó que la orden "tiene fallas" porque son "acciones limitadas para un limitado conjunto de problemas".
Según Obama, la medida era largamente esperada, pese a que diferencias partidistas retrasaron la acción. En 2012 el Congreso no aprobó un proyecto de ley en ese sentido, cuando desde mayo de 2011 él había presentado una iniciativa al respecto.
"Me pregunto por qué no hicimos nada frente a amenazas reales a nuestra seguridad y nuestra economía", se lamentó el presidente.
Pero ahora, en su segundo mandato, el presidente se propone ejercer su poder ejecutivo en varios asuntos como el cambio climático y la ciberseguridad, a juicio de un artículo publicado en The Hill.
¿Juegos de guerra?
Hace más de 25 años se estrenó la película Juegos de guerra. En ella, el actor Matthew Broderick encarnaba a David, un colegial que tenía conocimiento para ingresar ilegalmente vía Internet al sistema de la escuela y cambiar sus notas, al de una agencia de viajes para comprar pasajes y hasta al del gobierno para iniciar una guerra ficticia.
David era un hacker, un avezado especialista en descubrir fallas en los sistemas de seguridad y vulnerarlos.
Aunque la realidad podría hasta superar la ficción. Hace apenas dos años, casi al mismo tiempo que el Pentágono anunció un amplio plan de ciberseguridad, se reportó un incremento de ataques de piratas informáticos que pusieron en evidencia la vulnerabilidad de sus redes.
Los intrusos han llegado a apropiarse de las llaves para entrar a sitios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Senado, la librería en línea de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y hasta a programas del Buró Federal de Investigación (FBI).
El referido ciberplan se justificó ante la revelación de que unos 24 mil documentos del Pentágono fueron robados en marzo de 2011 por ciberpiratas extranjeros que accedieron a la computadora de un contratista del Ejército estadounidense.
Parte de lo sustraído fue de sus "sistemas más sensibles", donde constan "tecnologías de vigilancia, métodos de comunicaciones satelitales y protocolos de seguridad de la red".
Pero lo más interesante es que en este plan de ciberseguridad, el Departamento de Defensa declaró a Internet un dominio de guerra, según divulgó también The Hill.
Sin embargo, analistas de seguridad han tratado de minimizar la importancia de los diferentes ataques de los hackers.
Jeffrey Carr, autor del libro Inside Cyber Warfare: Mapping the Cyber Underworld (Dentro de la guerra cibernética: panorama del submundo cibernético), es del criterio que los piratas informáticos, aunque quieran, no pueden llegar, por ejemplo, a datos sensibles de la CIA.
Lo cierto es que la paranoia ciberguerrerista en la era de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones es más que un plan en desarrollo del Pentágono.
En documentos de 2008, ya se aseguraba que Internet debía tratarse como "un sistema armamentista enemigo".
Para Li Shuisheng, investigador chino, esta estrategia parece ser una advertencia a los enemigos de Estados Unidos sobre las consecuencias de un eventual ataque cibernético.
Y fundamentalmente constituye un intento de ese país para mantener su inigualable superioridad militar en el mundo, en especial un nuevo pretexto para que la Casa Blanca muestre su tradicional poderío militar.

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