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TOMAR EL TORO POR LAS ASTAS: LAS MULTINACIONALES,LA INFLACIÓN,EL TR...

Escrito por Enrique Mario Martinez en Desempleo, Notas de E.M. Martínez

TOMAR EL TORO POR LAS ASTAS

Hace tiempo que Argentina tiene un problema de inflación, que negado o no, finalmente afecta el presente y el futuro de nuestra economía. Ahora, se suma una reversión de la tendencia en la ocupación, que lleva a que el desempleo aumente, muy lejos de aquel 25% con que se comenzó el gobierno en 2003, pero en todo caso mostrando que se ha encontrado límites en la dinámica productiva.
No hay mal que por bien no venga, dice el viejísimo refrán. Aquí también se aplica.

Los liberales tienen recetas para reducir la inflación. Cualquiera de ellas, sin embargo, pasa por aumentar la desocupación y perjudicar a los sectores populares. Sea por estrangulamiento de la economía o por una devaluación, que provoca un salto de precios inicial y su posterior estabilidad por un tiempo, sus fórmulas son conocidas y dañinas para las mayorías y por lo tanto para el país.
Ni que decir de enfocar directamente la generación de trabajo. Nunca han expuesto otra cosa que la necesidad de incentivar las inversiones externas o de favorecer a los capitalistas nacionales más allá de cualquier límite. La ocupación masiva, para los liberales, es un “generoso” subproducto de habilitar que algunos grupos lucren sin descanso.

Nadie que no tenga por meta superior el bienestar general – un espacio político popular – puede encarar de verdad la solución de un problema de desocupación que tiende a subir, en un contorno con inflación.

Hay una condición inicial para eso: explicar el fenómeno adecuadamente. Esto pasa por:
a) Admitir que existe.
b) Asumir que el problema es estructural y no solo de alguna impericia en la gestión de un sistema que se presume adecuado. Existe más por lo que no se hace o hizo que por haber hecho algo mal.
El diagnóstico de quien esto escribe es que la causa dominante – no la única, pero aquella claramente determinante – es la concentración productiva, además de la comercialización de bienes masivos, junto con el hecho que buena parte – la gran mayoría – de esos ganadores son filiales de corporaciones multinacionales.
Esa concentración y esa dependencia de decisiones externas hace que cualquier aumento de salarios se traslade anticipadamente a los precios; que la inversión industrial se resienta enormemente por el giro de utilidades y regalías al exterior; que se instalen en el país solo los segmentos de cadenas de valor de menor jerarquía técnica.
La combinación de todos esos factores hace que nuestro dilema, con la actual estructura productiva, sea:
Si queremos salarios dignos no conseguimos la plena ocupación, porque las trasnacionales de producción de bienes de consumo se instalan aquí solo para satisfacer nuestro mercado interno y aquellas que explotan nuestros recursos naturales, los exportan con el menor valor agregado posible, para dar ocupación a sus ámbitos de origen.
Si admitimos bajar los salarios en dólares – devaluamos -, tampoco conseguimos plena ocupación, porque el primer grupo de trasnacionales – las que se ocupan del mercado interno – pierden interés en atender nuestro consumo y no nos usarían como plataforma para exportar a menos que tengamos salarios como Indonesia o Filipinas. Las que explotan recursos naturales, a su vez, ganarían mucho más dinero, pero aunque ampliaran sustancialmente su labor no tienen capacidad de ocupar a toda nuestra población activa.
Finalmente, como tercera vía, si admitimos tener una desocupación del 7/10%, además del deterioro de la calidad de vida general, no tenemos recursos para asistir a los excluidos, ya que la productividad media de la economía no permite recaudar los impuestos suficientes.
En ningún caso, el horizonte es próspero si la producción en general y la comercialización de bienes masivos en particular, son controladas por un puñado de grandes corporaciones, la mayoría trasnacionales. En tal marco, no debe sorprender que la economía argentina encuentre un límite de prosperidad relativa después de lo mucho logrado desde 2003.

EL CORTO Y EL LARGO PLAZO

A continuación no se planteará una propuesta completa para controlar la inflación y alcanzar el pleno empleo. Eso constituye todo un conjunto de políticas, que excede lo alcanzable en un documento breve.
Se evaluará como acotar el problema de la concentración y la transnacionalización, entendiendo que de tal modo se aporta – y mucho – a la solución de los dos temas antes mencionados.
Eliminar, o al menos atenuar fuertemente el flanco débil expuesto no es tarea de un día ni de unos meses. Implica ni más ni menos que conducir al actual capital concentrado en una dirección más útil para el conjunto y a la vez fortalecer un sector nacional que lo complemente y progresivamente lo reemplace.
Como una prueba muy actual de la necesidad de pensar en términos de largo plazo, podemos examinar las restricciones coyunturales aplicadas a la remisión de utilidades y regalías al exterior, durante 2012.
Para las estadísticas, eso implicó un aumento de las inversiones externas hasta 12.000 Millones de dólares, 27% más que el año anterior y un porcentaje de reinversión de utilidades del 65%, más que duplicando lo habitual, del 30%. Para los observadores en detalle, sin embargo, significó que las empresas compraron otras empresas proveedoras o clientas pyme, además de inmuebles, como seguro de valor, sin una importante inversión productiva incremental, a la espera de girar esas sumas más adelante, a lo cual legalmente tienen derecho, ya que nada se modificó en la ley de inversiones externas.
Negociar con el poderoso, en un marco legal que lo favorece, es como tirarse al piso en un partido de fútbol para ganar tiempo. Es fugaz.
Una manera más sólida de avanzar encuadrando a esas corporaciones es:
a) Establecer que todas las empresas trasnacionales deben tener al menos balance externo nulo, contabilizando exportaciones de bienes de su producción, importaciones directas, importaciones de sus proveedores incorporadas a sus productos, giro de utilidades, regalías, intereses y/o cualquier otro pago al exterior.
b) Para las empresas que operan en sector agropecuario, minero o petrolero y que son exportadoras, deben agregar al balance anterior un balance más restringido. Los giros de utilidades, regalías, intereses y pagos por servicios de cualquier tipo al exterior no deben superar el valor de las exportaciones de productos de la empresa que sean bienes finales o componentes que se incorporen como tales a un bien más complejo. Es decir: las exportaciones de bienes que no sufren una manufactura posterior para ser consumidos o utilizados en un bien final.

Estas obligaciones permanentes, que seguramente deberían aprobarse por una ley modificatoria de la ley de inversiones extranjeras, mejorarían – con los plazos de adecuación técnicamente aceptables – la estructura del sector automotriz o del electrónico de Tierra del Fuego; toda la cadena de valor de la minería; por mencionar sectores muy relevantes, determinantes del actual balance de pagos externos del país.
Volviendo al principio del documento, esto tendría un efecto evidente en la ocupación de jerarquía y al eliminar la presión sobre la necesidad de divisas externas, mejoraría las expectativas económicas globales. Se trata, ni más ni menos, de poner la inversión externa al servicio del desarrollo comunitario y no a la inversa.

En cuanto al sector comercial de bienes de consumo masivo – los hipermercados – se reitera con fuerza lo ya propuesto en un documento anterior:
Cada unidad de venta minorista con superficie mayor de 3000 m2 debería entregar un comodato un mínimo de 5% de esa superficie, enteramente equipada, a una Comercializadora de Productos de la Economía Popular, que debería funcionar de manera independiente del hiper, compartiendo el beneficio de concentración física de la demanda que caracteriza la nueva estructura comercial minorista.
La equidad de la medida y su posible efecto de control inflacionario, así como su efecto en la ocupación, sobre todo del interior más pobre, resultan del todo evidente, como para extenderse en su fundamentación.

CONCLUSIÓN
Estamos en un tiempo paradojal. Aparecen flancos débiles del modelo económico implementado por el gobierno popular. Pero esos flancos solo pueden ser corregidos desde la reflexión y la discusión al interior del mismo espacio político, ya que las soluciones liberales no harían más que agravar los problemas.
Se hace necesario un avance sobre la concentración y la trasnacionalización, poniendo un marco claro para la actuación de las corporaciones, que sea permanente y estructural. Lo arriba expuesto va en ese sentido.

EMM/ 21.5.13

Fuente: http://www.propuestasviables.com.ar/index.php/2013/05/21/el-toro-po...

 

LA LEY ECONÓMICA BÁSICA

Escrito por Enrique Mario Martinez en Equidad, Notas de E.M. Martínez

LA LEY ECONÓMICA BÁSICA

Hace muchos años que no se podía discutir sobre temas económicos en la Argentina sin tener encima la angustia de vencimientos inminentes de deuda externa que no se sabía como pagar o de insolvencia pública acosada por altísima inflación.
En este momento, los problemas de nuestra macroeconomía y sus efectos sobre la vida de la comunidad los podemos analizar con bastante más calma y en consecuencia, yendo mucho más al hueso de las causas de los problemas y sus posibles soluciones. Esto por supuesto, no impide el coro de voceros del Apocalipsis que se llaman a silencio cuando las curvas crecen con fuerza y lanzan el griterío cuando la evolución se ameseta. Pero jugar en esa cancha no es ni debe ser la cuestión central.

Nuestra atención, en cambio, debería concentrarse en rediscutir las leyes del movimiento económico, que con mucho sentido de oportunidad se consolidaron hace unos dos siglos, instalando un escenario en que los actores de cualquier tamaño y naturaleza supuestamente se mueven según su búsqueda personal de beneficio, pero es el mercado el que en definitiva ordena sus vidas.
Tanto tiempo después de construidos los conceptos básicos sobre oferta y demanda, quienes piensan la economía en términos conservadores, siguen referenciandose en esa idea elemental, sobre la que montan luego esquemas cada vez más densos de análisis de los movimientos de dinero, pero que en definitiva se sustentan en aquel concepto de mercado perfecto, donde se confrontan oferta y demanda en un angelical espacio de búsqueda de acuerdo. Las menciones del poder relativo, que permiten condicionar al otro, o la existencia de oligopolios o monopolios, son “fallas de mercado”, sin ningún efecto trascendente sobre sus análisis. Ni qué decir sobre la nacionalidad de las corporaciones presentes en el mercado y en especial de las que son hegemónicas. Ninguna relevancia le asignan los economistas clásicos a analizar ese hecho. Resulta imposible encontrar una sola referencia a los efectos de la trasnacionalización en quienes comentan por estos días sobre inflación o paridad cambiaria desde la mirada esencialmente monetaria.
El problema central de todo esto es que quienes actúan en la economía real no son quienes conciben y difunden las leyes de esa economía. Los primeros hacen, detrás del lucro. Los segundos explican, como si aquellos fueran meros instrumentos de la historia, conducidos aún hoy por la famosa mano invisible de Adam Smith.
Eso no es cierto, ni siquiera parcialmente.
La economía de este siglo y los cambios necesarios a futuro hay que analizarlos y proyectarlos a partir de admitir que en el capitalismo global y concentrado en que vivimos, la ley económica fundamental es el ejercicio del poder. Poder para dominar la cadena de valor en que se participe; poder para instalar cada segmento de esa cadena en cada país que permita obtener menores costos; poder para fijar salarios y para fijar precios de venta; poder para inducir la compra del producto, sea imprescindible o no para la vida del consumidor. Poder, en definitiva, para definir integralmente la oferta del bien o servicio y moldear su demanda, estableciendo así las condiciones que maximicen el lucro.
No se busca el equilibrio entre oferta y demanda. Se busca y se logra controlar, condicionar, subordinar a la demanda, con lo cual todo el andamiaje teórico armado sobre aquel paraíso ningún sentido tiene.
En tal contexto la soberanía del consumidor pierde peso relativo, hasta un límite en que pierde incluso el sentido. Doloroso ejemplo de este límite es, por caso, la ansiedad de los que menos tienen por comprar la zapatilla de más acreditada marca, cuando es claro que no se trata de la opción más sensata para aplicar los recursos de una familia pobre.
La agonía de la competencia desde la caída del muro de Berlín para acá, puede terminar configurando una serie de situaciones con aparentes características propias, pero que por debajo tienen el sustrato común de la hegemonía de una empresa o un pequeño número de ellas por cada sector.

LA NUEVA DINÁMICA DE LA ECONOMÍA

A ese poder se lo debe confrontar con un nuevo elemento que intente el equilibrio de intereses primero y la primacía de valores más éticos que el lucro un minuto después. No hay otro contendiente posible que el Estado como administrador del interés comunitario. Solo la comunidad, todos y cada uno de nosotros, podemos instalar otra lógica de acumulación y de distribución, en tanto somos invadidos en nuestros derechos más elementales por aquellos actores económicos que nos eliminan las opciones de abastecimiento más primarias.
El Estado deja de ser solo el proveedor de la moneda circulante y de los servicios sociales esenciales, no apetecibles para los actores privados o cuya naturaleza impida que los ejerzan en forma directa (como la justicia).
La nueva responsabilidad, por cierto, puede ser ejercida con vocación de servir a las mayorías o como refuerzo y consolidación del poder concentrado. Lo que a mi juicio está claro es que solo en algunas situaciones puntuales y menores, un Estado con vocación popular es el responsable primario del deterioro de la macroeconomía.
Si trabaja a favor de los poderosos, puede concretar todo tipo de desaguisados financieros, basándose además en los manuales de economía básica. Relevo al lector de ejemplos detallados, que están en la última década del siglo pasado y hasta el 2001.
Si quiere trabajar a favor de los más humildes, en cambio, es muy probable que deba ejercer poder equilibrante de las corporaciones, construir nuevos caminos y a la vez ir formulando la nueva teoría, la que realmente explique el mundo actual.
Veamos por caso, el tema de la inflación argentina. La teoría con telarañas sostiene que tiene su origen en la presión de una demanda excesiva sobre la oferta de bienes, exacerbada por la emisión monetaria acelerada, que pone más dinero en el bolsillo de los ciudadanos que el monto de los bienes ofrecidos.
Si lo pensamos en términos de poder, sin embargo, no es esa la secuencia.
Partiendo de un salario real deprimido por la devaluación de 2002 y una enorme desocupación, se aplicó desde 2003 un arsenal de medidas para reconstruir el consumo interno. Una de ellas, clave para esta discusión, es la reinstalación de las paritarias libres. En ellas, durante al menos seis años, se negociaron aumentos superiores a la inflación esperada y a la que se dio en realidad. Los dueños del poder económico no solo concedieron eso sino que fueron grandes beneficiarios de la secuencia, porque sus utilidades aumentaron por dos vías: por el aumento de la demanda y por la apropiación de la mayor productividad generada al reducir la capacidad ociosa.
Cuando ese margen ocioso se redujo a niveles mínimos, pasó a usarse el mayor poder relativo: los precios fueron aumentados acompañando las negociaciones salariales e incluso adelantando los aumentos respecto de la mejora salarial esperada. La mejora salarial pasó a ser una recuperación del poder adquisitivo, en lugar de un ascenso en el salario real. Por supuesto, eso se refleja además en que el aumento de la producción de bienes se redujo.
La emisión monetaria, en tal marco, tiene más explicación como hecho necesario después de comenzada la inflación y no como causa de ella. Hay que volcar a la plaza el circulante necesario para atender el nuevo nivel de precios, con el riesgo que si eso no sucediera la inflación sería mayor aún y se profundizarían los desequilibrios al interior del universo de consumidores.
No es mi intención ni es el ámbito posible para discutir cada aspecto de la teoría monetaria clásica, lo que seguramente en algunos casos llevaría a complejidades importantes.
Simplemente, me parece que desde la política y con conocimiento de la lógica liberal, se debe cuestionar el andamiaje básico, ya que más que nunca antes, sus supuestos centrales no tienen vigencia alguna.
Lo que se conoce como fallas de mercado es en realidad lo dominante.
La evidencia de los oligopolios condicionando nuestra vida en términos cada vez más subordinados obliga al Estado a desarrollar nuevos instrumentos, y por supuesto, a eliminar de su menú la posibilidad de negociar con ellos condiciones aceptables para los consumidores.
Cada vez que un hipermercado abre una nueva boca, no crea empleos sino que los destruye, tanto de los comercios pequeños, como de los productores que pierden acceso a los consumidores.
Cada vez que se negocia acuerdos de precios con los hipermercados o sistemas de venta como el inminente Ropa para Todos, se fortalece su poder relativo, con consecuencias negativas para los consumidores que ya han sido estudiadas en todo detalle en Estados Unidos, cuna de la que hoy es la empresa más grande del mundo, primera vez en la historia que una empresa comercial ocupa ese lugar.
Wall Mart es hoy al conjunto de la sociedad lo que el almacén de ramos generales de los pueblos aislados era hace 100 años: progresivo dueño y señor de sus clientes y de sus empleados. Aquellos almacenes podían proteger a su comunidad, si el dueño era una persona sensible. Wall Mart – símbolo del capitalismo siglo 21 – jamás lo hará, porque simboliza el éxito del capitalismo global: lucro controlando una cadena de valor, desorganización de los trabajadores a los que se prohibe sindicalizarse, decisor del consumo de sus clientes.

Fuente: http://www.propuestasviables.com.ar/index.php/2013/05/16/la-ley-eco...

 

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