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Federación Internacional de Comunicadores Populares

En el mundo de las mentalidades, se pelea hoy la Revolución

Por Felipe de J. Pérez Cruz*


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No estoy en estos momentos en Cuba, pero la lectura del discurso del compañero Raúl Castro Ruz en la última legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el pasado 18 de diciembre [1],
me ha llevado en instantes a mi querida patria. Con sano regocijo
revolucionario, de inmediato lo reenvié a mis amigos y amigas en el
exterior, quienes lo han recibido con sumo interés. También he leído lo
que empiezan a decir los plumíferos mercenarios y los mal nacidos de
siempre. Flaca tarea esta, de muy poco crédito entre los trabajadores y
trabajadoras, maestros y maestras, jóvenes, estudiantes e intelectuales
de estas tierras Nuestroamericanas.

Más allá de las calumnias de la propaganda imperialista y las bochornosas coincidencias en mentiras y tergiversaciones de los oportunistas que dicen militar en la izquierda,
los pueblos constatan que quien dirige nuestro país por voluntad
democrática de la inmensa mayoría de los cubanos y cubanas, no teme
llamar a los problemas por sus nombres, mucho menos rehúye las
responsabilidades que pueda tener en los errores que se han cometido en
la inédita obra de construir el socialismo, resistir y vencer, durante
medio siglo, la constante agresión imperialista.

Raúl, protagonista privilegiado junto a Fidel Castro Ruz, de las tangibles conquistas del socialismo cubano, no se detiene en autocontemplaciones y apologías, y con la seria dignidad de la
autocrítica, propone qué hacer y cómo hacer. Se dirige al protagonista
mayor y definitivo de la obra revolucionaria, al pueblo combatiente que
los ha acompañado con coraje e inteligencia. Más que solicitar, Raúl
reclama, exige mayor seriedad, abnegación comunista y sobre todo
RESULTADOS CONCRETOS en la construcción y defensa del socialismo.
Reclama y exige con el derecho de representar a la generación que
culminó la liberación nacional y fundó el Estado socialista, lo hace a
nombre del Partido de la Revolución, a nombre de la historia.

Nos esperan batallas decisivas. Sé que hacer realidad todas las medidas y propuestas en curso, y muchas más que saldrán en el masivo debate popular y partidista del VI Congreso del Partido Comunista
de Cuba -sobre todo los cambios de mentalidades y modos de actuación-
resultará una tarea compleja, de lucha ideológica y política, de
expresión de contrarios e imprescindibles negaciones dialécticas que
debemos avanzar en el seno del movimiento revolucionario cubano.

Tarea de incorporación de todos los saberes que la Revolución ha creado, desde las coordenadas de la ciencia, y la sensibilidad del arte, en la confluencia de todas las generaciones, con
la experiencia política acumulada por la dirección y las masas. Hecho de
educación moral y política, de formación y profundización del trabajo
ideológico; de nuevas soluciones -en las subjetividades y en las
relaciones sociales- al problema del ejercicio del poder revolucionario,
a realizar sin que cese –de seguro en el incremento- del criminal
bloqueo y la subversión orquestadas por los Estados Unidos y sus aliados
del capitalismo mundial.

Hay conciencia de la necesidad de cambios. De continuar perfeccionando el modo de participación y construcción de las decisiones políticas en nuestra democracia socialista. De la pertinencia
del avance de nuevas lógicas que prioricen para cada sector, lo
decisivo dentro de la multiplicidad de urgencias, sin por ello renunciar
al inventario preciso, la búsqueda y concreción de toda la eficiencia,
justicia y equidad posible.

Si el mundo de la economía y la producción reclaman hoy de nosotros su prioridad de base, la lucha por la hegemonía ideológico-cultural socialista no deja de ser el escenario decisivo. A
fin de cuentas la economía a la que nos referimos no es -como sí afirman
los tecnócratas neoliberales- un ente suprasocial. Se trata
eminentemente de economía política del socialismo, del qué y cómo hacer
con nuestro patrimonio de recursos, para dar seguridad, sostenibilidad y
larga vida al proyecto revolucionario.

La voluntad de defender y construir un modelo económico del y para el socialismo, expresada con diáfana claridad por Raúl, es un hecho político, expresa la dialéctica de construcción,
defensa y desarrollo de la Revolución. Recordemos que nunca una
ingeniería organizacional, ni uno, ni mil planes de medidas económicas,
serán suficientemente sólidos por sí mismos. Precisarán una y otra vez
del hombre y la mujer cubanos, de su inteligencia, preparación, cultura y
sobre todo de su compromiso revolucionario con la rectificación y
renovación socialista, de un celoso e intransigente control estatal y
popular. Por ello mientras más esfuerzo económico hagamos, más se
revelará el contenido ideológico y político de esta lucha.

Hoy 500 mil trabajadores y trabajadoras, reorientan sus oficios y calificaciones, transitan hacia puestos y ocupaciones más útiles, más productivas. Ningún compatriota ha quedado desamparado, ni
en el hambre y la miseria. Esos son temas resueltos. Pero la certeza de
las decisiones tomadas, si bien reduce los impactos personológicos y
sociales, que acompañan estos procesos, no puede evitarlos frente a
tantas y tan diversas individualidades. Las tensiones de los nuevos
reacomodos, las consecuencias directas en la dinámica económica y el
clima familiar, las percepciones de la justicia que en cada caso tenga
la persona implicada, los errores que se hayan cometido, las
subjetividades desatadas, constituyen ya campo de expresión de
inconformidades y descontentos, que deben ser atendidos y asumidos tanto
por nuestra institucionalidad, como por la imprescindible labor de
esclarecimiento -hombre a hombre, mujer a mujer-, de las organizaciones
revolucionarias.

Considero que por los espacios de lo micro, de lo individual, familiar, cotidiano, laboral, estudiantil, en el abordaje feliz de la etnicidad, la diversidad y la diferencia, pasa, hoy por hoy,
la más reciente ratificación de criterios de Fidel [2]
y el llamado de Raúl. Sólo desde las fortalezas de la socialidad y la
espiritualidad socialistas, lograremos conjurar los demonios de dentro y
fuera, y de hecho enfrentar con éxito los retos del perfeccionamiento
del macro modelo económico, y del proyecto socialista en su conjunto.

Sin dudas la primera batalla hay que darla contra nuestras propias insuficiencias, contra las opresiones, soberbias y ambiciones malsanas, los prejuicios, las laxidades y acomodamientos, que
querámoslo o no se introproyectan sobre muchos de nosotros, desde los
espacios de enajenación y pobreza espiritual y material, que como la
escoria, hay que barrer para que no continúen contaminando la forja del
maravilloso sujeto revolucionario cubano.

Las relaciones de mercado, la mercantilización de la vida y sus secuelas de individualismo y consumismo, conforman un escenario real que se dimensiona sobre el más amplio conjunto de las
relaciones materiales objetivas. Si no nos proponemos hacer crecer el
socialismo todos los días en la intimidad de nuestros amores, en el seno
de la familia, en la vida cotidiana del barrio, en los colectivos
laborales y escolares, en las asociaciones y grupos informales, de nada
valdrán los consensos “por la Revolución”. La estaremos perdiendo en la
misma dimensión: Todos los días tendremos menos socialismo.

No hay campo para las medias tintas y el “apoliticismo”. Hablamos de valentía o de cobardía. Se trata del ser o no ser. De resistir y avanzar o desertar, claudicar: Es el triunfo de la
honestidad del pueblo, de las y los trabajadores “manuales e
intelectuales”, frente a la doble moral, la ineficiencia y la
chapucería, el robo, la malversación y la vagancia. La probidad de los
empresarios, representantes y negociadores socialistas o su conversión
en burguesía corrupta. El sentido de servicio y delegación popular de
los cuadros y funcionarios revolucionarios, o su actuación prepotente,
burocrática, inmovilista, esencialmente contrarrevolucionaria. De la
incondicionalidad de la juventud o de la pérdida de su confianza. De
entender nuestro lugar en el mundo, de asumir la cuota de solidaridad
concreta e internacionalismo que debemos aportar, o perdernos en la
falsedad del nacionalismo “de casa”, siempre burgués y reaccionario. Del
logro de la eficiencia y la eficacia de la economía, y con ella del
sistema de reproducción y desarrollo socialista en su conjunto, o de la
muerte de la Revolución.

Sepamos además, que a diferencia del Este europeo, no tendremos ni “el derecho” a un colapso relativamente “pacífico”. Hay tanto anexionismo insatisfecho, tanto odio acumulado en el imperio del
Norte, en los batistianos, sus hijos y nietos, que al menor indicio de
desunión o debilidad, se abalanzarían contra nosotros con toda la
brutalidad genocida que hoy ejercen en Irak y Afganistán. No lo dude
nadie.

La dialéctica de ratificaciones, rectificaciones y cambios a que me he referido, se manifiesta con intensidad [3] . La exposición de Raúl ante la Asamblea Nacional merita muchos más comentarios. Estos que realizo, siempre serán mínimos e incompletos.
Ahora mismo sé que se multiplican en la gran Asamblea Nacional a la que
mi Partido ha convocado al pueblo. Hoy Cuba vibra de entusiasmo
revolucionario, de exigencia y esperanza. El amor y la pasión de
nuestros compatriotas, llega hasta cada uno de los miles de cubanos y
cubanas que prestamos en otras tierras nuestra modesta contribución. Yo
tendré el privilegio de incorporarme en los próximos días a esa vorágine
impetuosa de las masas en Revolución.

En vísperas de un nuevo aniversario del triunfo de la Revolución, me siento orgulloso de pertenecer a mi pueblo, de la oportunidad de vivir esta hora de la historia de Cuba, de militar en el
Partido de Fidel y Raúl. A tal movimiento vale la pena dedicar la vida.
Resultará siempre hermoso, decisivo.

Notas:


[1] Raúl Castro Ruz: “Las medidas que estamos aplicando están dirigidas a preservar el socialismo”, Rebelión, 19-12-2010.

[2] Arleen Rodríguez Derivet y Rosa Miriam Elizalde: Encuentro de Fidel Castro con los jóvenes cubanos "Las ideas de hace cinco años son más actuales que entonces", Rebelión, 19-11-2010.

[3] Felipe de J. Pérez Cruz: Ratificaciones, rectificaciones y cambios. La Revolución Cubana en el siglo XXI, Rebelión, 20-07-2009

*Presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba en la Ciudad de La Habana

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