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Federación Internacional de Comunicadores Populares

"El socialismo es hoy un propósito", por Lorenzo Gonzalo*

Foto © Virgilio PONCE

Miami, 13 de setiembre de 2010

Fidel es una figura que marca nuestra historia y sienta bases, en el mundo de las inquietudes sociales. Su dedicación, en el ocaso de su vida, compartiendo ideas y buscando adhesión a reflexiones
ponderadas, previendo catástrofes y recomendando soluciones, será guía por mucho
tiempo para quienes aspiramos a una realización humana plena.

En los últimos tiempos, se ha dedicado a estudiar, dar recomendaciones y adelantar
acontecimientos de los urgentes asuntos internacionales.

Al Fidel de ahora, al estadista que por más de cuatro décadas desempeñó el mandato de
dirigir el proceso revolucionario cubano, le ha tocado también señalar
desaciertos pasados y analizar los acontecimientos de los países que en Europa
se plantearon la transformación de las formas de producción
existentes.

Ha tenido la cautela y elegancia de aclarar que no puede, ni debe, llevar con un dedo a quienes lo sucedieron en aquel mandato que detentó
por tanto tiempo. Pero no le ha faltado la oportunidad para recordar
acontecimientos y acciones del proceso que fueron susceptibles de críticas
nacionales e internacionales, algunas de las cuales contribuyeron a levantar
barreras en mentalidades revolucionarias, limitándolas en sus actuaciones. Una
de ellas ha sido reconocer la actitud oficial en contra de los homosexuales,
contra los cuales no sólo se procedió injustamente, sino que sentó bases para
aplicar esa política a otros sectores, especialmente al de artistas e
intelectuales. Para un país en proceso de Revolución, donde los liderazgos
absorben voluntades, dejar esto aclarado, abre puertas para el debate,
permitiendo que los ánimos asuman la crítica con mayor relajamiento, libre de
los temores que originaron acciones como aquellas.

En otra oportunidad, en una de sus llamadas reflexiones, criticó al régimen de Stalin, con lo cual
pavimentó el camino para dudar en buena lid, no sólo del personalismo y el
autoritarismo, sino del uso de la fuerza para imponer determinado modelo de
administración y gobierno.

A quienes entienden la complejidad de las revoluciones y la paulatina y lenta marcha que demanda asentar un nuevo poder,
capaz de reemplazar al anterior con relativa estabilidad, que eventualmente
pueda marchar por sí solo, no les caben dudas que el papel jugado por Fidel
Castro en esta segunda etapa de su vida, es de vital importancia, en el
aseguramiento de un mejor reordenamiento futuro del Estado cubano.

En los países con democracias representativas, es usual escuchar que ciertas frases no
son “políticamente correctas”. En Cuba, aunque no se dice, hay frases que pueden
ser “ideológicamente incorrectas” y de hecho el lenguaje se cuida en este
sentido, seguramente para evitar confusiones en el ciudadano común que
necesariamente no lidia con formas de poder, estructuras, teorías y
conceptos.

Hace unos pocos meses en una entrevista con periodistas venezolanos Fidel respondió así a la pregunta de cómo imaginaba un
replanteamiento del modelo económico:

Vanessa Davies (preguntándole a Fidel). —Las formas de relación económica, por ejemplo, ¿cómo se las
replantearía, al plantearse un modelo...?

Fidel Castro.— No pueden ser capitalistas, porque no vamos a reconstruir otra vez lo mismo y ahora, con todos
los conocimientos de que se dispone, y digo que no podemos reconstruir lo mismo,
yo no podría decirte cómo lo van a hacer, entre todos tenemos que hacerlo; pero
esta es una humanidad que sabe leer y escribir ….

La respuesta implica evidentemente la necesidad de replantearnos el modelo económico y reconoce el
carácter infuncional de su forma actual.

A ninguna persona en su sano juicio le caben dudas de que la primera forma estructural del socialismo no
condujo a un modelo eficiente.

Con frases a veces crípticas y con veladas expresiones, siempre con el ánimo de no herir y sabiendo que cada momento tiene
su corrección, en razón de la experiencia disponible, Fidel se está dedicando a
pensar durante una cantidad de tiempo que no le es permitido a quienes
gobiernan. En cierta manera Heinz Dieterich tiene razón al decir que Fidel se
está convirtiendo en algo así como “la razón ecuménica”.

Por supuesto, en esta faena siempre se corre el peligro de adelantar criterios cuando políticamente existe inmadurez circunstancial, en el medio que lo rodea a uno. De aquí que la precisión en el
decir esté muy supeditada a circunstancias que, la mayor de las veces, tienen
poco arraigo en el entorno material donde se asientan los vaivenes del proceso.
En Cuba, aunque la mayoría de los adalides del nuevo poder tienen un control
garantizado por la autoridad informal dimanada de sus historias personales, en
la realidad, esas personas sólo representan un conjunto de propósitos, los
cuales como tales, no son suficientemente tangibles como para ser dejados en
herencia. En ese ambiente, a veces pequeñas incomprensiones, son capaces de
provocar desvaríos y se convierten en escollos que son más peligrosos aún,
cuando provienen del liderazgo.

Recientemente un periodista publicó unas palabras de Fidel que éste luego manifestó ser una mala interpretación de lo dicho por él.

Las palabras textuales fueron, el sistema “no funciona, ni siquiera para nosotros”. Fidel dijo que esas palabras se referían al capitalismo. Sin negar la sinceridad de su aclaración, la
realidad es que, aunque la misma impugnó la capacidad del capitalismo para
resolver en justicia los problemas humanos, no implicó en ningún sentido, que el
sistema cubano sea imitable y haya resuelto cómo producir con eficiencia.

Para aquellos que se atuvieron a las palabras mal interpretadas, la aclaración de legendario líder, no negó lo que muchos esperan de su sabiduría, diciendo que la búsqueda de nuevos derroteros
debe realizarse “con todos los conocimientos de que se dispone, y digo que no
podemos reconstruir lo mismo, yo no podría decirte cómo lo van a hacer, entre
todos tenemos que hacerlo”. Definitivamente lo dijo y lo ha dicho, pues dudas no
caben que el llamado socialismo no se ha organizado aún, entre otras razones,
porque los aspectos sensibles para su realización no estarán dados en primer
lugar, hasta que no se reconozcan estructuras capaces de producir con eficiencia
y en segundo plano, hasta que no se ordene una estructura política, que no sólo
garantice la participación ciudadana y la capacidad de elegir a sus gobernantes,
sino que le otorgue amplio margen para impugnarlos y criticarlos. Esto último es
uno de los mayores logros que favoreció el desarrollo científico técnico que aún
no se ha logrado plenamente.

Sabemos por experiencia que la realidad cubana se ha reinventado ella misma muchas veces, aún en la época en que su máximo líder no contaba con el tiempo de reflexionar y ponderar su pensamiento.
Si seguimos el hilo de los acontecimientos podemos concluir que el nuevo
ejercicio practicado por Fidel, luego de su retiro como gobernante, y con la
experiencia del poder transitorio que en la actualidad gobierna, laborando
incansablemente para el establecimiento de una dirección perdurable, dará al
traste con las respuestas idóneas.

El gobierno cubano está políticamente consolidado y quien lo dude está al borde de la demencia, pero el modelo que definitivamente consolidará el proceso, permitiendo un poder que se renueve y
perdure al propio tiempo, como lo lograron las repúblicas y luego la “democracia
representativa” en su tiempo, está por elaborarse.

El socialismo, pragmáticamente hablando, hoy es sólo un propósito, el trazado a carbón hecho por diversos pintores, difuminado, a mano alzada, un simple bosquejo que podría llegar a ser un cuadro
maravilloso y a cuya realización todos debemos aportar nuestros colores y
diseños.


*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en los EEUU y subdirector de Radio Miami (www.radio-miami.com)

Foto © Virgilio PONCE


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