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Federación Internacional de Comunicadores Populares

De prisas, pausas, acciones y realidades.- ¿Hacia cuales futuros posibles? Por Ovidio D´Angelo Hernández

La reciente celebración del IX período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional, tanto por la amplitud e intento de precisiones de temas cruciales de los Lineamientos, como por las disposiciones y discursos asociados, merecen un detenido escudriñamiento y nuevas –siempre inacabadas- reflexiones, en el afán de que cualquier idea justa, aún “en el fondo de una cueva”, puede a veces más que un ejército, como decía nuestro Apóstol.

Y, a veces, hay ideas justas o disparatadas, pero todas deben ser tomadas en cuenta para revisar y precisar las direcciones de transformación de nuestra sociedad. A ello se ha referido varias veces, en los últimos tiempos, el Presidente Raúl Castro.

Así que haciendo uso de la libérrima opción de expresión y juicio, trato de abordar, críticamente, algunos de los pasos y afirmaciones, con el propósito de contribuir a la renovación de ideas y esquemas reconociendo, no obstante, lo positivo de que se van dando pasos importantes, a veces en dirección acertada; otros, a mi juicio, en dirección contraria.

Una primera referencia es que, lamentablemente, sólo nos enteramos de lo que se está haciendo por las comisiones y grupos de trabajo de la Asamblea en estas rendiciones de cuenta dos veces al año –al menos en tiempos recientes, porque en otras ocasiones ni eso era conocido-.

Se desaprovecha todo el poder de los medios masivos y las organizaciones sociales para informar e incorporar sistemáticamente al debate de los temas que se están tratando, a amplias masas de la población. Aún cuando las Comisiones y grupos de especialistas mantienen un cierto contacto con sectores poblacionales e instituciones sobre los temas que abordan, se pierde toda la riqueza de posiciones y aportaciones que pudiera surgir de un amplio movimiento democrático de elaboración popular de las medidas y leyes que esas comisiones elaboran y proponen.

La cuestión tiene mayor envergadura que el simple empleo difusivo de los medios de comunicación y organizaciones sociales, porque sentaría las bases de una participación democrática –por cierto, no sólo consultiva en ocasiones- en la elaboración y medidas de implementación y control de la gestión gubernamental.

Creo, definitivamente que esta es una de las carencias esenciales de los intentos de transformación social que está teniendo lugar.

Ello se hace evidente cuando en las palabras del Presidente Raúl Castro se afirma: “Esta batalla, imprescindible para poner orden en la economía, solo se podrá ganar con las armas de la exigencia, el rigor y la sistematicidad de todos y cada uno de los dirigentes y funcionarios administrativos y empresariales y bajo el control permanente del Partido”.

 De manera que los cambios en el modelo económico los garantizaría la efectividad de los cuadros de dirección empresariales y de otros niveles, con un mayor control, exigencia y supervisión y un papel más decidido del Partido a todos sus niveles -lo cual, de un lado, constituye un llamamiento a la responsabilidad de todos esos factores pero, de otro, deja fuera algo fundamental que en los propios Lineamientos apenas está signado: el papel de la gestión y control obrero y popular colectivo en toda la amplitud de las tareas gubernamentales, empresariales y de la vida nacional en general. En resumen, se trata del tema crucial de la construcción de ciudadanía democrática socialista.

Esto último es, en mi opinión, un aspecto esencial si un socialismo verdadero y novedoso queremos promover. Que no se puede limitar a la participación consultiva o a la expresión de acciones de las organizaciones de masas (algunas hoy inoperantes y todas extremadamente subordinadas al Partido como para ser vehículos adecuados de una participación popular verdaderamente participativa, elaborativa, generadora y controladora de la gestión estatal y social, o sea, verdaderamente protagónica, lo que hace pensar en la necesidad de renovación profunda de las misiones sociales de esas organizaciones en el contexto actual de nuestra sociedad –vale para el papel de los sindicatos, como para los CDR, etc.).

Y esta cuestión a que hago alusión tiene amplias consecuencias sociales, desde la legitimidad y pertinencia real de la participación social en el gobierno local y nacional hasta en la gestión de las empresas estatales para que sean “realmente socialistas”, y en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Se está produciendo, de alguna manera un “cambio de mentalidad” al que se llama frecuentemente desde la alta dirección de la sociedad, pero hay que reconocer que este cambio no puede ser producto de la prédica y el llamado a la buena moral, al menos no solamente. Fundamentalmente ello se producirá en la medida en que cambiemos nuestras relaciones sociales de producción, distribución y consumo así como las relaciones de poder existentes, con el favorecimiento de instrumentos efectivos de participación y control ciudadanos; esto, al menos, es lo que se infiere de los planteamientos de Marx. Glosando: “Cada uno piensa como vive y no a la inversa”…”la esencia humana es el conjunto de las relaciones sociales”.

De manera que si queremos que cambie la mentalidad deben cambiar las formas de organización de la sociedad y las relaciones que de ellas se derivan, en lo económico, social y político, para mantener un rumbo acertado en la construcción del socialismo de inspiración marxista y martiana: “con todos y para el bien de todos”

Hoy, hay diversas versiones del socialismo que se discuten en espacios cerrados o revistas limitadas y otras que, desde posiciones diversas, pueden tener un sentido constructivo –más allá de la “sublime obsesión” de una derecha contrarrevolucionaria improcedente y sometida-.

Frente a esto parece esbozarse una visión oficial de abroquelamiento (más bien la tendencia es a referir cualquier posición diferente a la oficial como contrarrevolucionaria, disidente o proimperialista y mercenaria, sin distingos, de manera indiferenciada y defensiva), pero lo cierto es que algunas de esas tendencias en pugna se aportan unas a otras elementos que pudieran incorporarse más decididamente en la elaboración conceptual integral necesaria de País y Sociedad e influir en la visión de “implementación” de las medidas de los Lineamientos, aunque creo que de hecho, en alguna pequeña medida esa simbiosis ocurre dada la eclosión de ideas y debates en diversos espacios sociales, sobre todo académicos e intelectuales.

El cambio de mentalidad que se requiere es fundamental, pero no sólo para mejorar estilos de trabajo, partidarios y administrativos, dentro del mismo esquema de cosas, sino para desmontar las bases del socialismo estadocéntrico, que es el que realmente limita el desarrollo de las fuerzas productivas y de la sociedad.

Las medidas parciales, poco elaboradas conceptualmente (llama la atención de que después de más de un año de pronunciados los Lineamientos, ahora se anuncia una comisión para su conceptualización, lo que debió antecederlos, si bien se puede decir que “nunca es tarde si la dicha fuera buena”) son paliativos, a fin de cuentas, que mantendrán el mismo estado de desaliento y alienación actual, que es la manera del transcurrir por el camino, a mi juicio equivocado, de un economicismo pragmático que ponga la mayor parte del esfuerzo en la iniciativa privada –llámese cuentapropista o de otra manera- y en el fortalecimiento, más “autónomo” de las gerencias empresariales y la distribución de incentivos a tenor de logros productivos, sin tomar en cuenta la importancia de la cooperación, de la solidaridad y la democratización de la gestión basada en los colectivos de trabajadores, y en el papel democrático de la ciudadanía responsable y generadora, en lo cual le correspondería un nuevo y fundamental papel a los colectivos de trabajadores y a los sindicatos reconceptualizados, así como a las diversas instancias renovadas del poder popular (a partir, incluso de otra concepción no monitoreada de los procesos eleccionarios para hacerlos más espontáneos y sustantivos).

El anuncio, finalmente, de las experiencias en cooperativas, puede facilitar un avance esencial. De hecho, aquí el problema es más de prisas que de pausas. Si esperamos a unos años de resultados para que las cooperativas sean evaluadas –en el mejor de los casos si se les confiere verdadera autonomía y gestión colectiva y social-, perderemos un tiempo irrecuperable para el desarrollo económico y de la conciencia social.

Ya está demostrado en el mundo que ellas funcionan eficientemente y son productoras de “otra mentalidad”, de manera que las experiencias actuales deberían ser breves y expeditas, para ajustar mecanismos y pasar, rápidamente a una Ley que las ampare en todos los sectores. Por otra parte, abrir el diapasón de las experiencias, no sólo a la reconversión en cooperativas de algunas pequeñas empresas estatales, sino a la creación  más libre,  a partir de la unión de cuentapropistas, profesionales, o grupos de personas que propongan nuevas acciones colectivas, etc., significaría un salto en el desarrollo de nuestras formas productivas y de desarrollo de la conciencia socialista.

Se plantea aquí el reto de renovar las formas de gestión de las empresas estatales hacia vías de cogestión, arriendo, autogestión, etc. que sean sinérgicas a las formas cooperativas que vayan surgiendo. Y, unido a ello, la elaboración de presupuestos participativos, la flexibilidad de la planificación nacional y su alcance a la participación popular territorial, local y comunitaria.

Al referirse a la amplitud de arrendamientos a pequeños establecimientos estatales y la experimentación de cooperativas el Presidente aborda en su discurso que “se ha seleccionado un grupo de organizaciones empresariales para la realización de experimentos dirigidos a dotarlas de autonomía suficiente y amplias facultades en su gestión económica y financiera, estableciéndose un nuevo sistema de relaciones entre las empresas y el Estado. Esta experiencia, de gran complejidad y magnitud, facilitará la supresión de frenos existentes para el desarrollo de las fuerzas productivas en el sector estatal y el diseño y posterior aprobación de una nueva Ley de la empresa estatal socialista”.

Todo ello muestra avances en la implementación de los Lineamientos, al igual que en la revisión de la Ley Tributaria, código del Trabajo y otras que se anuncian.

Sin embargo, quedan en pie las dudas que abordamos antes acerca de la amplitud, temporalidad, carácter sustantivo de la participación de los colectivos laborales y de la construcción de una ciudadanía democrática, etc. Si, por otro lado se expresa –en su alocución del 26 de julio: que no habrá aumentos salariales mientras no se aumente la producción –fundamentalmente de alimentos-, estamos ante una trampa circular, ya que la producción no se aumentará, ni se eliminarán las trabas al desarrollo de las fuerzas productivas, ni por la prédica al cambio de mentalidad, ni por la autonomía elitista de gerencias empresariales –aún con incentivos económicos parciales que se deriven de ello para los trabajadores-, ni con dilaciones al paso más decidido a formas cooperativas y de participación social en la economía y la gestión de la sociedad.

Estos pasos no pueden esperar 5 años, hay que darlos hoy, porque si bien es cierta la afirmación del Presidente de que no podremos mejorar nuestros niveles de ingreso y de vida si el país no produce, la instrumentación “sin prisa” de cambios fundamentales que incrementen las potencialidades y capacidades productivas del país, como estos propuestos, tiene que ser meditada pero acelerada. Por supuesto, mayor apertura al financiamiento internacional y nacional de las formas autogestionarias –dispuesto a ser empleado actualmente- serían aportes de recursos imprescindibles.

La ruptura de esquemas mentales esenciales –estadocéntricos y pragmáticos- es la única forma de evitar el desaliento, las olas migratorias crecientes, la corrupción y otros males sociales que van en aumento.

Nuestra sociedad será más diversa, en lo productivo y en lo social, con actores diferentes en lo económico y más popular y solidaria en las decisiones, si avanzamos por el camino de la de-construcción de la mentalidad estadocéntrica, pero no para promover la conciencia individualista o una pragmática económica que genere más desigualdad y alienación, sino para avanzar en la vía de mayor autonomía de la sociedad, hacia el socialismo protagónico y autogestionario en que el Estado sea sólo garante e integrador de las voluntades populares, en tanto expresión real y directa de la soberanía popular.

Por cierto que, el anuncio de una comisión que se encargará de modificaciones de la Constitución, debería ser sometido a amplia consulta y plebiscito nacional, a la vez que se aborden allí no sólo las incongruencias actuales entre la realidad y los Lineamientos, sino los problemas de fondo que pueden llevarnos hacia un socialismo realmente protagónico y autogestionario, lo cual debería ser precedido por amplios debates públicos y en los medios sobre las vías actuales para lograrlo, desde las diversas posiciones que, al respecto, se argumentan en el país.

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Comentario de Manuel David Orrio del Rosario el agosto 2, 2012 a las 5:38am

Breve comentario: nunca,absolutamente en mi vida,he sido convocado en tanto que simple elector para un encuentro con alguno de los Diputados a la Asamblea Nacional por los cuales he votado,así como tampoco respecto a los Delegados a la Asamblea Provincial de La Habana.Mi lista de representativos la encabeza Ricardo Alarcón de Quesada

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