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Cuba: su notable participación en la redacción y aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

                                                          Foto: www.trianarts.com                       ;

Por Manuel David Orrio

Hermes Internacional

orrio@enet.cu

 

14/12/10.- No es el 10 de diciembre un día para que entre cubanos “pase de largo”. Más allá de ideologías, más allá de pasiones y manipulaciones mediáticas, a favor o en contra, es un momento de orgullo para Cuba. En día como ése, pero de 1948, la mayor de las Antillas tuvo el honor de presentar  a votación en Naciones Unidas lo que devino la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS, madre de todos los tratados internacionales que hoy promueven la dignidad del Hombre.

 

Se puede apoyar u oponerse al régimen político vigente en la tierra de José Martí. Se puede decir que el proyecto socialista criollo peca de copiar a un modelo post-stalinista, demostrativo en la práctica histórica de QUÉ NO SE DEBE HACER para construir en el mundo real la utopía de los pobres de la Tierra. Entretanto, médicos cubanos se juegan la vida en África para combatir al ébola, mientras  no existe un niño criollo que no tenga escuela y maestro, que no asista a clases sin desayuno y uniforme, aunque el salario real aún esté por debajo del 30 % del de 1989. Así es Cuba: luminosa y contradictoria.

 

Historia, es Historia. Error inmenso sería dejar pasar la oportunidad de recordar el notable rol desempeñado por Cuba en el proceso de redacción y aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en cuyo código genético se halla la Constitución criolla de 1940; error inmenso sería no recordar que en nombre de esa Constitución el pueblo cubano se alzó en armas para defenderla y hacer una Revolución, cuyo impacto en lo acontecido en el siglo XX es indiscutible. Error inmenso sería, también, no recordar que el líder de esa gesta tiene un nombre: FIDEL CASTRO RUZ.

 

Ofrece este autor algunos datos para recordar, todos probatorios del notable rol desempeñado por Cuba en el proceso de redacción y aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aunque no las nombre, agradece a fuentes diversas la información que comparte.

 

Sin más, algunos datos:

       

1.- Cuba fue el país que encomendó al Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, el elaborar una Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

2.- Cuba presentó el primer proyecto de Declaración Universal de los Derechos Humanos para que sirviera de base al trabajo de dicha Comisión. El autor fue el Dr. Ernesto Dihigo, Profesor de Derecho de la Universidad de La Habana. Dihigo, uno de los grandes juristas y diplomáticos del siglo XX cubano, tomó como base para redactar ese borrador a la Constitución de la República de Cuba de 1940, en cuya redacción también intervino como constituyente.

 

3.- Cuba propuso el designar y fue aprobado al Sr. Emile Saint Leau, Delegado de Haití, como el primer Relator para la Comisión de Derechos Humanos, siendo su Presidenta la Sra. Eleanor Roosevelt.

 

4.- Cuba fue ponente de la primera Declaración de los Derechos del Hombre, aprobada por los países de América (O.E.A.), en Bogotá, Colombia, el 2 de Mayo de 1948, y presentó y defendió en la O.N.U. dicho documento, para que sirviera de base a la Declaración Universal.

5.- El tercer “Considerando” del Preámbulo de ésta Declaración Universal de los Derechos Humanos es copia de uno de los artículos de la Constitución del 40 de la República de Cuba.

6.- Cuba presentó y le fue aceptada una primer Enmienda al Proyecto de Declaración y se agregó el derecho a los ciudadanos de cualquier país miembro a seguir la vocación, es decir, a elegir su trabajo libremente (Art. 23. 1).

7.- Cuba presentó una segunda Enmienda, la cual fue aceptada – el derecho de todo trabajador de recibir una remuneración equitativa y satisfactoria y que pueda ser complementada con otros medios de protección social. (Art. 23. 3)

8.- Cuba tuvo la iniciativa de incluir en la Declaración Universal el derecho a la honra y a la reputación, así como a la protección contra injerencias arbitrarias en su vida privada.

9.- Cuba, conjuntamente con Francia y México, introdujo el derecho a la protección de los intereses morales y materiales que corresponden a los autores por sus producciones científicas, literarias y artísticas.

10.- La Declaración Universal de Derechos humanos fue aprobada sin un voto en contra, pero con las abstenciones de URSS, Bielorrusia, Ucrania, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, Sudáfrica y Arabia Saudí. Según Félix Gómez Isa, la causa de esas abstenciones fue que “Para la Unión Soviética y sus aliados socialistas la Declaración Universal de los Derechos Humanos no era un objetivo fundamental, mostrando hacia ella más bien una ‘hostilidad irreductible’ (Cassin, 1951:267). En su opinión, la persona es, ante todo, un ser social y, por lo tanto, los derechos que hay que garantizar son los derechos de carácter económico, social y cultural, no otorgando tanta importancia a los derechos de naturaleza civil y política… Arabia Saudí por mostrar ciertas reservas derivadas de sus tradiciones religiosas y familiares, y Sudáfrica por su radical desacuerdo con la inclusión de los derechos económicos, sociales y culturales”.

 

La Historia se encargaría de demostrar que el motivo de abstenerse fue mucho más profundo: La URSS y el llamado campo socialista se derrumbaron “sin un poeta que le cante, ni una flor sobre tu tumba”, profetizó Winston Churchill; Arabia Saudí califica entre los mayores violadores de derechos humanos del orbe – con el apoyo de los Estados Unidos de América-; y Sudáfrica vivió décadas de ominoso apartheid, liquidado por la epopeya de Nelson Mandela y sus seguidores, más miles de internacionalistas cubanos  que grabaron para la Historia un nombre: Cuito-Cuanavale.    

 

11.-Cuba recibió el honor de presentar a votación en la Asamblea General de Naciones Unidas lo que hoy es la Declaración Universal de Derechos Humanos, en la persona de su entonces Embajador ante esa organización, Guy Pérez de Cisneros, que a continuación transcribo:

Discurso de Guy Pérez de Cisneros

Presentación a votación del proyecto de Declaración Universal de los Derechos del Hombre ONU, 10 de Diciembre, 1948

Sr. presidente

Sres. delegados

 

Cuba no podía dejar de figurar en el coro de países que en esta Tercera Asamblea General de las Naciones Unidas desean celebrar, desde la más importante tribuna del mundo, la realización, ya muy próxima, de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Al efecto, fue por iniciativa cubana que, desde las primerísimas sesiones de la Asamblea General en Londres, se le encomendó al Consejo Económico y Social la ardua tarea de elaborar un documento de tan larga trascendencia. Y en esta oportunidad, sentimos verdadero orgullo al recordar que el primer proyecto, muy modesto, depositado oficialmente para servir de base a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, lo fue por el Dr. Ernesto Dihigo, eminente profesor de la Universidad de La Habana, y miembro de la delegación de Cuba.

Hoy, aquella iniciativa, madurada gracias a los brillantes trabajos de la Comisión de los Derechos del Hombre, alcanza su resultado definitivo, que fue presentado con tanto talento por el ilustre Relator de la Tercera Comisión, el senador haitiano señor Saint Leau y por su presidente el señor Laar, ministro del Líbano en La Habana, por quien sentimos tanta admiración y tanto afecto. Séame permitido añadir que ha sido para Cuba una honda satisfacción este hecho de ser un haitiano el portador frente a la humanidad del más valioso mensaje de las Naciones Unidas, porque no puede dejarse de reconocer que Haití es precisamente de aquellas tierras privilegiadas cuya historia entera se caracteriza por un esfuerzo heroico y constante por defender y dar vigencia a los derechos del hombre.

La delegación de Cuba agradece a la Tercera Asamblea haber acogido con calor su propuesta de designar como Relator para la Comisión de los Derechos Humanos al señor Saint Leau. Como pueblo de la América de habla española, Cuba se siente orgullosa de haber delegado para el informe de la Tercera Comisión en un destacado hijo de un país americano de lengua francesa, de Haití, tierra en la cual el gran Bolívar, nuestro Bolívar, halló a la vez estímulos morales y ayuda material para lograr su gran obra de liberación y de libertad.

Mi delegación, en estos momentos de alegría en que a cada uno debe dársele lo suyo, tiene el deber de reconocer la labor de gran mérito de la Comisión de los Derechos del Hombre, que trabajó incansablemente durante dos años bajo

la inspiradora presidencia de Mrs. (Eleanor) Roosevelt y que redactó en verdad un valioso proyecto de documento que expresaba con belleza y con fuerza la aspiración más elevada del hombre del siglo XX: el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencia.

Otro de los documentos históricos que inspiró las labores de la Tercera Comisión fue la Primera Declaración de los Derechos y Deberes del Hombre aprobada internacionalmente por los pueblos americanos en Bogotá. Mi delegación, a quien le cupo el honor en la capital de la hermana república de Colombia de asumir la responsabilidad de la ponencia de aquel documento, se hizo un deber de presentar y defender ante las Naciones Unidas los más valiosos aspectos de aquel precioso texto y puede afirmar ahora, con toda sinceridad, que las Naciones Unidas han sabido recoger todos los puntos esenciales con los cuales el documento de Bogotá podía enriquecer el proyecto del Consejo Económico y Social.

Sobre este aspecto de nuestras labores, no podemos dejar de mencionar que fue gracias al tesonero esfuerzo y al gran poder de convicción del delegado de México, doctor Campos Ortiz, que la Tercera Comisión agregó a su texto original el importante artículo 9, inspirado en el derecho de amparo mexicano y que es el único texto de la Declaración que garantiza, en el campo nacional, el efectivo respeto de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución y por la ley.

Dentro de un mismo orden de ideas, le corresponde a mi delegación el honor de haber inspirado la forma definitiva de uno de los Considerandos, que reconoce esencial que los derechos del hombre sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.

Así queda inscrito, en esta Declaración, el espíritu de uno de los Artículos de la Constitución cubana que confiere el derecho de resistencia adecuada contra tales desmanes arbitrarios. Y este Considerando es, además, un homenaje a Francia, tributado por mi país, que tanto admiro y que siguió, como lucha propia, las etapas de su gloriosa 'resistance'.

Nos es grato comprobar que, en la Declaración, los derechos sociales, que son el principal aporte del siglo XX en esta materia, así como los derechos jurídicos lo fueron del siglo XIX, quedaron tratados con toda la importancia que merecen, y le queremos expresar a las Naciones Unidas nuestro agradecimiento por haber acogido favorablemente textos inspirados por dos enmiendas cubanas que reconocen, en el campo del trabajo, el derecho de seguir libremente su vocación, y también el derecho que ha de tener todo trabajador de recibir una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana, y que sea completada de ser necesario por cualesquiera otros medios de protección social.

No podrá tampoco olvidar mi delegación la acogida que recibió otra de sus iniciativas por parte de las Naciones Unidas: la de inscribir en la Declaración el derecho a la protección de la honra, elevadísimo concepto moral tan enraizado en toda alma de estirpe española. Y no nos es posible silenciar que gracias al esfuerzo conjunto de

Francia, México y Cuba, se le reconoció de manera definitiva a aquellos que pertenecen a la única aristocracia legítima, me refiero a los creadores, ya sean artistas, literatos o bien científicos, el derecho a la protección de sus intereses morales y materiales, que les corresponden por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autor.

No nos corresponde por el momento subrayar otros aspectos importantes de la Declaración, que tanto valor le dan. Pero no silenciaré que mi país y mi pueblo están altamente satisfechos al ver que de manera tan rotunda se ha condenado para siempre la odiosa discriminación racial y las injustas diferenciaciones entre hombres y mujeres.

La delegación de Cuba vaciló muchas veces antes de presentar sus numerosísimas enmiendas al proyecto de la Declaración de los Derechos del Hombre. Sin embargo, en definitiva entendió que ese afán de perfección y esa severidad crítica eran uno de sus deberes, ya que tenía el derecho de ser muy exigente en un asunto de esta índole una delegación que representa a un país que tiene el orgullo de haber producido el Manifiesto de Montecristi, una de las más generosas y humanas declaraciones de los derechos y deberes del hombre que haya presidido al nacimiento de una nación.

Y creo a bien, señor presidente y señores delegados, que los miembros de la delegación cubana se sienten hondamente conmovidos cuando, al recorrer los Artículos de la importante Declaración que vamos a aprobar dentro de unos minutos, pueden reconocer que todos sus pasajes podrían haber sido aceptados por aquel generoso espíritu que fue el Apóstol de nuestra independencia, José Martí, el héroe que al hacer de su patria una nación, le fijó para siempre esta generosa norma: "Con todos y para el bien de todos".

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