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Consecuencias del neoliberalismo económico. Revisión paralela de la crisis española y la crisis Argentina de 2001 marcada por el "Corralito" y el "Argentinazo" (I Parte)

Por Ber Hernández

Argentina practicó fielmente las directrices del FMI y el Banco Mundial durante los años posteriores a la Dictadura Militar (1983-1999), siendo uno de los ejemplos más vivos de las dramáticas consecuencias del neoliberalimo económico. En 2001 vivió lo que se denominó el "Corralito" y el "Argentinazo", un colapso financiero en medio de la resistencia popular al saqueo y la extrema pobreza.

  Hoy vemos cómo la Eurozona atiende a las órdenes de estos organismos financieros mediante la presión de la deuda y el déficit público, cómo se aplican políticas de austeridad que consisten en recortes del gasto social en servicios como la educación y la sanidad y cómo se destruyen derechos a los trabajadores/as mediante una reforma laboral que pretende "flexibilizar" el mercado de trabajo.

 Este artículo, desarrollado en III partes, que se irán publicando secuencialmente, contiene un desarrollo de la intervención que realicé en un encuentro promovido por Izquierda Unida en Las Palmas de Gran Canaria el día 24 de abril, en el que pretendí exponer elementos claves sobre la crisis internacional caracterizando la crisis de la economía española actual, precedida también por una Dictadura; y como ejercicio de concienciación  abordé un breve análisis paralelo con el neoliberalismo aplicado en Argentina.

El encuentro contó con la participación de dos ciudadanas argentino-canarias, Cristina Pagani y Graciela Beatriz Véniz, a quienes agradezco mucho su disponibilidad y valiosa aportación, que presentaron su testimonio de lo que vivieron en aquel terrible momento en que Argentina, segundo estado más extenso de América Latina, hoy una de las “economías emergentes” como así la calificó el Banco Mundial en 2010, fuera ejecutada en “paz y democracia” en aquella terrible crisis del 2001.

Para abordar un tema tan amplio se desarrollaron  los siguientes puntos, con la intención de “romper las falacias” que retroalimenta la manipulación mediática y que siguen los defensores de la ideología neoliberal-conservadora.

 1.- Primer falacia: la lucha de clases ya no existe.

En un “marco de democracia”, solo soñada en un contexto capitalista, esta afirmación queda rotundamente  descartada y sin ningún fundamento científico (al no contrastarse con los hechos históricos) cuando revisamos la gran desigualdad que genera, cada vez en mayor medida la violencia estructural neoliberal.

En pleno auge de la crisis desencadenada en el 2008, han crecido las personas con grandes fortunas: las que tienen al menos 1 millón de dólares subió el 8,3%, hasta los 10,9 millones de personas en 2010. El 0,16% de la población mundial se apropia ya del 66% de los ingresos mundiales anuales.

Detrás de estos fríos datos, pero que contienen miles de víctimas que mueren por ser pobres1, se evidencia una guerra de clases, sólo unilateral, de una minoría, que ilegítimamente se ha enriquecido, contra la clase trabajadora. Hablamos de un problema de gran magnitud en el que se mezcla la política, la economía, la guerra, la cultura, pero que no obstante, por la intensidad y predominio de un factor, resulta fácilmente identificable: el enorme poder de influencia de esa minoría en las instituciones que les otorgan privilegios y toman decisiones planificadas para explotar personas y países enteros, dicho mejor, la usurpación del poder público por el poder privado, elemento de base de la ideología capitalista.

En EEUU en 1978, Douglas Fraser, Presidente de la Federación de trabajadores  de la Industria del Automóvil United Auto Workers (UAW), el sindicato más poderoso de este país, se pronunció condenando a los dirigentes de la comunidad empresarial por haber mantenido y decido seguir con la lucha de clases, cuando ya las víctimas habían abandonado tal afán (los trabajadores/as)2, durante los años de expansión y crecimiento económico global que se dio después de la Segunda Guerra Mundial, de 1945  hasta la década de los 70´s, marcada esta por la crisis energética mundial de 1973.

El neoliberalismo económico que promueve la  no intervención del estado en los asuntos económicos y la extensión de la propiedad privada, fue aplicado en todas las economías capitalistas desde la década de los ochentas. En los países del Sur (continentes de América Latina, Asia y África) a través de las medidas de ajuste estructural impuestas bajo el “chantaje” de la deuda por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; y en las grandes potencias mundiales, dirigentes de estos organismos financieros en aquella época, EE.UU e Inglaterra,  aplicando las mismas medidas económicas que en los países empobrecidos, sin fundamentación científica en la teoría económica. Su puesta en práctica fue mediante el “engaño” de identificar la teoría de libre mercado propuesta por Adam Smith, ya superada en la teoría científica, con la ideología de libre mercado (que quiere decir libre competencia bajo el supuesto sólo ideológico e imposible de establecer precios justos en los mercados mediante el libre juego de la oferta y la demanda); “engaño”,  que promovió el economista Milton Friedman referente de la Escuela Económica de Chicago (EE.UU), con aliados políticos conservadores de este país e Inglaterra coincidentes en el poder, Reagan Ronald (1981-1989) y Margaret Thatcher (1979-1990), respectivamente.

“Casualmente”, cuando se lograron imponer las medidas neoliberales, a través de Dictaduras represivas (ej. Chile con el Mandato de Pinochet, 1973-1990) o gobiernos corruptos e hipócritas (ejemplo, Argentina, con el gobierno de Menem, 1989-1999), Milton Friedman es galardonado con el Premio Nobel de Economía (1976). Las medidas que consistieron en privatizaciones, desregulación, políticas monetaria y fiscal restrictivas (a beneficio de las clases pudientes, altos intereses y subida de impuestos a la población), liberalización para el comercio y las inversiones, explican el derrumbamiento económico actual generado por la injusta distribución de la riqueza y el empobrecimiento generalizado de las mayorías, situación que se deja sentir en la Economía contrayendo la producción real y aumentando el desempleo (bajo consumo y poca expectativa de beneficios en la economía real); y  el predominio del “atractivo” de la especulación financiera que ofrece mayor rentabilidad en una economía empobrecida donde se reduce el gasto doméstico.

En España, tenemos datos que son muy ilustrativos de sus consecuencias (la década en que se impuso el neoliberalismo internacional coincidió en este país con la transición de la Dictadura franquista a la democracia, año 1978): un  informe de CC.OO, del 2002 al 2007, señala que los dividendos empresariales han aumentado una media del 30% anual; en este periodo el porcentaje de trabajadores que gana menos de 18.500 euros ha aumentado del 57,8% al 60%; el que gana entre 18.500 y 24.000 ha bajado del 38,5% al 36,35%, y el resto se ha mantenido prácticamente igual.

También resalta que hace 20 años la diferencia salarial entre máximos directivos y puestos con menores salarios era de 10 o veinte veces superior;  hoy ha aumenta hasta 100 o 200 veces, sin incluir salarios en especie, pólizas de seguro, fondos de pensiones, etc.

Este aumento creciente de la desigualdad, tiene su expresión en datos socioeconómicos alarmantes: uno de cada cuatro españoles está en riesgo de pobreza o exclusión social; e incluso en los  años de crecimiento económico, anteriores a la crisis,  el número de personas por debajo del umbral de riesgo de  pobreza no experimentó ningún cambio (20% en 2007, dato del Instituto Nacional de Estadística, encuesta sobre condiciones de vida).

1 Más del 80% de la población mundial vive en la pobreza. Somos alrededor de 7.000 millones de personas en el mundo y el 50% de los trabajadores gana menos de 2 dólares diarios, sin contrato y prestación social.

Tenemos 1.100 millones de hambrientos y 2.000 millones en extrema pobreza. La traducción concreta es que cada diez minutos: 10 mujeres fallecen durante el parto y 210 niños de menos de 5 años morirán de dolencias fácilmente curables (100 de ellos por beber agua de mala calidad). 100 millones de niños, sobre todo niñas, no están escolarizados; 650 millones de personas no disponen de agua potable; 850 millones son analfabetos; más de 2.000 millones no disponen ni de alcantarillas ni retretes. Artículo “Urgencias climáticas” de Ignacio Ramonet y libro “Hay alternativas” de AA.VV.

2 Prólogo de Noam Chomsky en el libro “Hay alternativas” de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón, Ediciones sequitir, Madrid 2011.

Nota: los datos en los que no se hace referencia de la fuente, son obtenidos del libro “Hay Alternativas” mencionado en las citas anteriores.

Otra bibliografía: libro “La Doctrina del Shock” de Naomi Klein

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