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Federación Internacional de Comunicadores Populares

Buena Fé: Despejando dudas en dos excelentes entrevistas

“Yo no sé con quién voy a quedar bien, pero sí sé con quién no quiero quedar mal”.

La pasada noche, justo antes de comenzar un maravilloso concierto dedicado al destacado intelectual cubano Julio Fernández Bulté, y al cine cubano, Israel Rojas Fiel, Director de la popular agrupación Buena Fe, tuvo un encuentro íntimo con algunos periodistas y blogueros, justo minutos antes de comenzar su actuación en el teatro Lázaro Peña.

En esta ocasión, a manera de conversatorio el cantante hizo un breve recorrido sobre los actuales acontecimientos que vive la agrupación bajo presiones y amenazas de grupos radicales e intolerantes desde Miami, quienes se han encargado de enrarecer la llegada y pacífico desempeño de la actuación del grupo en el marco del intercambio cultural Cuba-EE:UU.

Sobre esta situación, y precisamente porque uno de los reproches que la ultraderecha miamense esgrime contra Buena Fe es tacharlos de comunistas, supuse que saber de primera mano su posición sería una interesante oportunidad para sellar el asunto.

Carlos Alberto Pérez: Israel, estamos viendo en las redes sociales una serie de fotografías de gente con carteles que dicen “Buena Fe comunistas”. Vamos a hacer un ensayo aquí: ¿es Buena Fe comunista? ¿Qué tiene preparado Buena Fe para dar como respuesta allá e Miami? Esa es la primera pregunta. La segunda tiene que ver con Ricardo Arjona, quien sabemos que desde hace algún tiempo está colaborando con ustedes. ¿Va a haber alguna sorpresa en el concierto de Miami? ¿Se va a aparecer él por allí, que sabemos le gusta tanto el mercado aquel?

Israel Rojas Fiel: Bueno a ver, voy a empezar por la segunda. Arjona está de gira por Chile, Argentina, por el Sur. De hecho, ayer mismo nos mandamos un par de mails donde yo le comentaba que precisamente iba a estar en Miami, por si él estaba por allá vernos, pues tenemos compromisos discográficos juntos y me contestó que no, que estaba trabajando para aquella zona.

Sobre si somos comunistas o no yo les diría lo mismo que dice Calle 13. Calle 13 dice “cada vez que me dicen comunista yo pienso ¿y tú?”. Es decir, si ser comunista es algo malo ¿ser capitalista es algo bueno? Yo les diría eso.

Yo creo que tengo una formación comunista, y verdaderamente en muchas cosas siento serlo. Hay otras en las que lamentablemente he visto tanta gente que dice ser comunista y hace cosas tan horribles que a veces me apena, pero yo sí sé a dónde voy y con quién no quiero quedar mal. Yo no sé con quién voy a quedar bien, pero sí sé con quién no quiero quedar mal; y no quiero quedar mal con mi abuelo que lo alfabetizó la revolución, no quiero quedar mal con mis padres, con mis hijos. Yo quisiera que mis hijos no se fueran del país, ¿para qué te voy a engañar? Yo quiero que canten el himno de Bayamo y no el himno de Ecuador, ni el de Estados Unidos…Y sé que estamos jodidos fíjate. Fíjate si estamos jodidos que Silvio acaba de decir que “a veces ya no encuentra motivos para cantarle a la esperanza”, y con eso me la puso difícil, porque yo tenía un canción precisamente que decía que a mí me hubiese gustado nacer en la época de la esperanza, en la década de los 80, o de aquellos 70 maravillosos, terribles por un lado pero maravillosos por otro. En aquel momento en que todo el mundo halaba parejo y que no teníamos nada, pero teníamos todo. En el que todos nos creíamos que sí, que sí se podía. Me hubiese encantado haber nacido en aquel tiempo y no haber tenido dudas, y cantar aquellas canciones, pero me tocó cantar en esta época, la de la incertidumbre, la de la neblina, pero dentro de la neblina y la incertidumbre yo quiero que me cojan en el barco, aunque el barco salga todo hecho leñas. Yo soy de los que no va a abandonar el barco. Voy a estar aquí bajo lluvia, sol o sereno, porque además yo me creo el cuento de Elpidio Valdés, que ayer mismo estaba viéndolo con mi hijita. Yo me creo que soy de esos mambises, que todavía vale la pena pelear. No me voy a meter a rayadillo ni aunque me lo ofrezcan, ni aunque parezca bueno.

CAP: Y nosotros te agradecemos por eso.

IRF: Gracias.

Publicado en La Chiringa de Cuba

Y la 2da:

Israel Rojas: “Corres siempre la suerte de tu país”

Israel Rojas: “Corres siempre la suerte de tu país”

LA HABANA. Si uno se asomaba este domingo por entre la balaustrada de la casona de 17 y D podía, además de oír, ver. Era un palco de “llega y pon” en plena acera en el que algunos se quedaron buen rato con la nariz entrometida y la frente apoyada sobre la piedra limítrofe; mirando, reconociendo, apropiándose del momento menos glamoroso de una banda: cuando ensayar un tema se puede volver una letanía.

La música inundaba el barrio, y ya desde la calle 15 se podían reconocer las melodías de Buena Fe y la voz gentil de Israel Rojas, el líder de esta agrupación; un joven que parece dispuesto a discursar sobre Cuba todo el tiempo.

Maldita culpa. Llego y están precisamente escarbando en la culpa. Suenan el piano y la batería. Se oye a Israel: “Si corre el llanto // si no resulta, // lo que me jode,// lo que me insulta //…que la culpa //la maldita culpa //no la tiene nadie.” Y uno llena de culpables metafóricos, probables, innombrables, ese estribillo. Oírlo ahí, de primera mano, enardece.

Al fin termina el ensayo y llega mi turno. Le pregunto si sigue Progreso Semanal y me sorprende con un sí tan inmediato que me animo a pedir recomendaciones de lector interesado. Hemos pactado una conversación sobre Miami y el nuevo concierto que preparan  para el 18 de septiembre en esa ciudad. Y cae todo junto como un torrente.

Israel Rojas: En Miami, aun cuando han cambiado algunas variables desde el punto de vista demográfico, y demográfico-político, la tendencia al “no me importa” es muy fuerte. La gente se va de Cuba pensando que sus carencias materiales se deben a la política y luego se desentienden de la política, hasta que les vuelve a llamar a la puerta. Pero mientras tanto no quieren participar, no quieren militar, no les importa. Están tan asqueados, tan atormentados, que no quieren saber nada de eso. Pero lamentablemente esa posición es un paso de avance si uno la compara con la tradicional postura de irse y convertirse en un enemigo de los procesos que se han vivido en este país. Irse y no querer saber nada ni de aquí ni de allá es lamentablemente un doloroso paso de avance. Es como venir de los números negativos al cero y ojalá que de ahí al “me importa un poco”.

Milena Recio: O sea, ¿te parece mejor la opción del apoliticismo que la de militar en contra de Cuba con una actitud acérrima como lo hicieron otras generaciones de migrantes en el pasado?

IR: Sí lo creo. Y por eso lo que le pasa a Progreso Semanal es que tiene que andar con unos contenidos muy alternativos, porque pretende encender el interés político desde allí sin extremismos. Progreso Semanal la tiene muy difícil porque en Miami el razonamiento más aceptado socialmente es “si te importa tanto aquello, regresa”. Y a eso algunas personas responden: –No, este es mi lugar, aquí quiero vivir, me siento bien aquí; pero eso no significa que no me importe lo que está pasando aquí en Miami y allá en Cuba, y quiero ser un ser humano racional que piense, que analice, que avance en función de lograr un puente, un objetivo.

Yo creo que Progreso Semanal tendrá que aprender mucho en materia de seducción, pero no pueden perder el rumbo que llevan; es una luz en función de lograr un cubanoamericanismo constructivo.

MR: ¿Qué sería un “cubanoamericanismo constructivo”?

IR: Sería alguien que tiene sus raíces en Cuba, que respeta profundamente a su país, respeta las decisiones que toman los cubanos que no son cubanoamericanos y que en consecuencia con eso tiende puentes; sabe que solamente respetando podrá ser respetado. Un cubanoamericanismo constructivo, según mi humilde juicio, sirviría además para construir una comunidad que tenga una voz identitaria dentro de Estados Unidos. Alguien podría decir que ya la tienen, pero yo digo que no es verdadera. Es prefabricada debido a una coyuntura sociopolítica que ya está cambiando. En el futuro, el peso político de la comunidad cubana podría ser similar al de otras comunidades como la dominicana. Y probablemente va a ser tragada, engullida, por comunidades más fuertes y numerosas como la mexicana, por ejemplo. Entonces ese cubanoamericanismo constructivo tiene que buscar las raíces y los puentes, zafarse de la Cuba que fue antes del ´59. Cuando un cubanoamericano siente con orgullo los logros de nuestros atletas, de nuestros artistas, de un político –¿por qué no?–, de cualquier cubano que haga algo extraordinario, es un paso de avance. El cubanoamericanismo anclado en el pasado y en el estribillo de que hemos vivido durante tantos años en una dictadura férrea, horrible, desgraciada, maldita, es como decir que los cubanos somos unos cobardes carneros por haberla tolerado. Siempre siento como una ofensa ese tipo de frases, porque yo no soy un cobarde; soy un hombre feliz; fui a la universidad, soy culto –aunque pueda seguir cultivándome–; tengo sueños y he realizado muchos de mis sueños y he visto realizar los de mi familia; tengo una participación política activa; voy a los 1º de mayo no porque me obliguen sino porque lo siento, porque me encanta, porque es una fiesta. O sea cada vez que alguien me tira en la cara ese pastel, yo sencillamente le respondo que me está irrespetando.

MR: Pero para lograr ese cubanoamericanismo activo, militante, de nuevo signo que tú estás postulando, ¿no sería necesario que también esa comunidad cubana pudiera participar de una manera más activa en los destinos de Cuba, del país nuclear?

IR: Sería maravilloso…

MR: ¿No sería imprescindible?

IR: ¿Cómo te lo digo con el corazón en la mano? Sería lo ideal. Pero ya sabemos que lo óptimo no siempre es lo práctico. Mientras se mantenga la histórica animadversión del gobierno de Estados Unidos, de sus clases dominantes, en su propósito de regir y dominar los destinos de este país, habrá muchos obstáculos.

MR: ¿Es posible que el gobierno cubano, el de hoy y el del futuro mediato pueda aliarse con su comunidad para establecer lazos más poderosos en función de consagrar esa idea de un cubanoamericanismo pro Cuba?

IR: Yo creo que todavía falta mucho por hacer en materia de riesgos políticos. Esa tarea le toca a nuestros políticos de hoy: saber apreciar cuáles son –lo digo en términos musicales– los plugs que le van faltando a la Patria, para crearlos; para que el que tenga el conector se pueda conectar a Cuba. Yo digo, por ejemplo, que es lamentable que a nadie se le haya ocurrido aún crear una organización, una sola, que tenga como miembros activos con pleno derecho a los de adentro y a los de afuera.

Mira, estamos en la sede de la Sociedad Cultural “José Martí”. El día que cubanos de Cuba, de Japón o de Barcelona puedan ser miembros…, ese día, vamos a empezar a dar pasos de avance porque se pueden canalizar esas inquietudes, con vínculos muchos más engrasados, más directos, más coaxiales, entre la gente. Yo creo que estamos obligados a eso. ¿Sabes por qué? Son cada día más los cubanos jóvenes que emigran. Perdemos un potencial enorme si Cuba no cultiva las maneras de aprovechar la relación con esos muchachos que han decidido residir en otro lugar. Ya sabemos que la motivación migratoria principal es económica, pero la vida no se detiene. La gente cuando llega comienza a tener otras motivaciones que pueden mutar o evolucionar hacia intereses políticos, a preguntarse por qué en el país no se hace esto o aquello. Y además, por qué no aprovechar también experiencias positivas que el cubano emigrado aprende en otros países: de administración, tecnológicas, de innovación, de nuevas formas de organización social que pueden ser provechosas para nuesta realidad. Nosotros los cubanos no nos las sabemos todas. Hay mucho que aprender.

Si tú miras la relación de Ecuador y el gobierno de Correa con su emigración, es un ejemplo de lo que podría ser en el futuro la relación de Cuba con su emigración. En Cuba se ha hecho mucho, y yo no creo que no haya voluntad de seguir haciendo más. Pero lamentablemente –te lo digo con dolor– mientras exista esa hostilidad por parte del país receptor (Estados Unidos), esa voluntad manifiesta, expresa, legal (porque es una hostilidad legalizada), es muy difícil hacerlo.

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MR: ¿Y la comunidad cubana en Miami y en Estados Unidos podría participar en la demolición de ese status de relación entre los dos países?

IR: En sus manos está. Eso no está en las manos de los cubanos de Cuba. Nosotros podemos apoyar resistiendo, apoyando las causas justas del mundo; podemos aprovechar la multipolaridad que está tomando el mundo, para desarrollarnos. Pero que cambie más rápido está en las manos de los cubanos que ya están allá y que mañana serán ciudadanos norteamericanos y tendrán voz y voto. Si alguien que hoy vive en Estados Unidos me pregunta qué maneras tiene de ser patriota, yo le diría: –Ejerce el voto; hazte ciudadano y ejerce el voto. Tú puedes apoyar una tendencia distinta. Tú puedes decir: –No quiero apoyar el bloqueo, no quiero apoyar los actos de hostilidad; quiero cuestionarme por qué la USAID quiere venir con una sonrisa en los labios y con un puñal detrás; por qué puñeta se mantiene una situación hostil para con Cuba que no se repite –aunque se esgrimen las mismas justificaciones– con Arabia Saudita, o con China o con Viet Nam. O sea, está en ellos. Está en ellos informarse, ejercer esa voluntad. No es fácil; es muy difícil. ¿Tiene muchas variables? Las tiene. Pero yo creo que esa es la manera.

MR: Cuando ustedes salieron de Guantánamo, cuando todavía cantaban “Guantanamero” en 2000 o 2001, ¿pensabas alguna vez en ir a actuar a Miami?

IR: Jamás. Mira cuando uno comienza en esta carrera, uno está como pescado en nevera: con muchos sueños pero con los ojos abiertos y sin saber cómo funciona. Dentro de esos sueños está ganarse un Grammy, estar en los grandes espectáculos, llenar un stadium. Luego cuando uno se mete bien en este negocio y comprende su ABC se da cuenta de que si no está en esos circuitos muy mediáticos, muy de lentejuelas, cuesta mucho trabajo llegar a hacer eso. Los cubanos que lo han logrado casi todos doblan la curva de los 60 años. Y a uno le encantaría poder hacerlo joven, como un puertorriqueño, como un mexicano… Eso para un cubano que vive en Cuba es un sueño erróneo, es un sueño que si te tomas a pecho estás destinado a frustrarte. Lo mejor es soñar con otros caminos, con otras alternativas; con disfrutar cada concierto, tratar de llenar las plazas en Cuba y fuera de Cuba con los que te quieran oír. Uno quiere llegar a todo el mundo. No solo a las personas de izquierda, solidarias, que suelen seguirnos, que van por motivaciones políticas; sino también a aquellos que, siendo no tan politizados o de derecha, tampoco quieren que jueguen con su soledad, o se enamoran, sueñan, y comparten con nosotros algunas inquietudes humanas. Eso desde Cuba es una quimera, tal como funciona hoy.

MR: Por estar fuera del mercado musical…

IR: Y por las políticas de bloqueo, por las políticas de aislamiento, por la agresividad contra nuestro país… Corres siempre la suerte de tu país. Cuando descubrí eso permuté de quimeras. Me fijé sueños más realizables, menos frustrantes, que me permitieran hacer llevadero este trabajo tan divertido pero también tan esclavizante –siempre lejos de tu familia. Entonces mi Grammy está en el teatro Karl Marx, cuando la gente sale del concierto con los ojos agua´os, o salen contentos; cuando los pusiste de pie en un tema que tú específicamente querías que se lo llevaran a la casa y tú ves luego el feed back… Ese es mi Grammy.

MR: ¿Tu Grammy está también en llenar el Miami Dade County Auditorium?

IR: Sí, como ha pasado. Cuando pudimos ya llegar a Estados Unidos y descubrimos que había un público que se había llevado nuestra música desde Cuba, y que había contagiado a otros que no nos conocían y les pareció chévere el trabajo –no importa cuál fuera su signo político– y fueron a los conciertos, y lo disfrutaron… Esos son los premios que uno se lleva a la tumba.

Aquel primer concierto en el Teatro Artime… Hubo aquí alguna gente que se puso molesta porque tocamos en un teatro que tenía por nombre Manuel Artime, y yo te voy a ser honesto, yo ni sabía quién era, me enteré después. Y si me preguntaran les diría que para mi fue un orgullo tocar en ese recinto, no importa cómo se llamara. Por lo que pasó en ese concierto… Los que fueron allí -aunque luego nos odien porque luego descubrieron que nuestros postulados políticos son definitivamente revolucionarios y eso les molestó-, ese día se fueron felices. Ese día nosotros logramos que fueran felices, que se sintieran contentos, inspirados; aquellas canciones hicieron de ese lugar un trocito de Cuba. Y eso para uno es algo maravilloso.

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