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Al Hilo de la Historia. Ferry City of Havana. Entrevista a Pedro Urra

PEDRO URRA, DELEGADO DE LA CORRESPONDENCIA DEL MR-26-7 EN EL FERRY CITY OF HAVANA

Por: Omar Ríos González.

(Una conversación con mi amigo Pedro E. Urra Medina en el verano del 2011, me llevó a desarrollar el presente artículo por la importancia histórica que refiere. Lo dejamos a su consideración)

City of Havana era un Ferry que viajaba comúnmente entre La Habana y Florida (Key West).

La Empresa norteamericana Taylor – el apellido de su dueño- operaba esta nave de bandera liberiana, como se puede ver en las fotos anexas al presente trabajo. En una, se destaca el salvavidas con la inscripción: City of Havana, Monrovia, que es la capital de Liberia.

Su capacidad de carga era de unos 500 pasajeros, que pagaban por la década del 1940, $30.00 (pesos cubanos o dólares) por viaje en un solo sentido.

Por supuesto que de cabotaje iban autos varios; hasta 125.

Su velocidad normal era de 20 Nudos.

Para la carga y descarga, podía usarse el ferrocarril interno del buque, pero se utilizaba poco porque la lucha de los sindicatos era fuerte en el Sector Marítimo con vistas a hacer perdurar las plazas de los estibadores.

La frecuencia de viajes Habana-Cayo Hueso era:

Lunes, miércoles y viernes hasta Cayo Hueso (Key West)- de 10 am a 4 pm.

Martes, jueves y sábado hasta La Habana- de 10.00 am a 4-4.30 pm.

En territorio norteamericano, se usaba para el transporte terrestre los autobuses de la Compañía Greyhound.

Los camarotes tenían Aire Acondicionado, al igual que el resto de las instalaciones del Ferry.

El crucero era muy celoso, pues tenía poca quilla, pero era bastante estable. No obstante, en mal tiempo se colocaban sogas para mejorar el traslado interior de los pasajeros.

Contaba con algunas boutiques de ventas de souvenirs, joyas y otras mercancías en el lobby del crucero. Pedro Urra, nuestro entrevistado, trabajaba en uno de estos negocios cuyo dueño era el judío Mauricio Havif, que poseía negocios en Cuba, como el Centro Turístico Chateau Madrid, frente al entonces Casino Sans Souci en La Lisa, actual asilo de ancianos. Para ganar algo más, Urra trabajaba en algunas encomiendas dentro del Ferry en su horario libre, y dormía en las camas de los veladores del crucero turnándose según les tocara la noche de vigilancia.

La tripulación del City of Havana era multinacional, capitaneada por un oficial noruego, con un primer oficial español, otro oficial español de nombre Federico, y uno cubano. El señor Stinek era el sobrecargo.

Habían dos timoneles, un radio-operador sobrino del General cubano Robaina, cuatro veladores, y un grupo de marineros. Un conjunto musical hacía sus actuaciones durante el viaje. Como parte de la recreación, en una ocasión actuó en el Ferry Ernesto Lecuóna que se hacía acompañar por un tenor.

El City of Havana por su porte y altura fue dique flotante en la II Guerra Mundial. Aparte del traslado de pasajeros, se promocionaban en él algunos negocios de interés turístico, como hoteles, y otros. Entre los hoteles, se promocionaba al Bruzón cuyo dueño viajaba en el Ferry para estos fines.

El propietario de la agencia transportista Taylor, viajó a Cuba varias veces en el Ferry. Entonces poseía el crucero dos chimeneas, con un paralelogramo que tenía en su centro una gran “T”, de Taylor.

Hubo otro Ferry, de carga y pasajeros, el City of Key West, que era pequeño, y el buque Florida solo para acarreo de turistas, más estilizado, de color blanco.

Para que los barcos pudieran atracar en Key West, fue preciso construir un canal artificial, y entonces la Inmigración y la Aduana Americana (Custom) entraban al crucero a dos millas de la costa. Al llegar a tierra, ya todo lo inherente a estas entidades estaba revisado. En aquella etapa, Jack Costa era el Segundo Jefe de la Aduana en Key West. Los aduaneros y personal de inmigración cubanos viajaban también en el Ferry. Se salía y entraba por el muelle denominado Hacendados, frente a la Planta Eléctrica, al otro lado de la Bahía de La Habana.

Urra era amigo del hijo del Senador Republicano por la Florida Berny Pappy, lo que le permitió mayor soltura durante las estancias en el Gigante del Norte. Su conocimiento de idioma inglés le dio la oportunidad de granjearse la confianza de muchas personas en esa etapa.

Recuerda el entrevistado haber discutido algunas tesis sobre la forma de lucha: política, a través de elecciones (criticada por Urra), o la armada, en un viaje a E.U.A con Emilio Millo Ochoa, quien fuera Presidente del Partido Ortodoxo, acompañado de “La voz más alta de Oriente”, Luís Conte Agüero. Ambos fueron después elementos de la contrarrevolución, e incluso el hijo de Millo vino de mercenario en Girón.

Otro pasajero que ocupó la atención de la servidumbre del Ferry, lo fue el joven Bobby Fisher, que vino a Cuba en el 1956 cuando tenía unos 13-14 años para un certamen de demostración de ajedrez. Bobby jugó todo el tiempo de la travesía con un tablero imantado en la cubierta del Ferry. Lo acompañaba un señor, al parecer de origen ruso, quien fungía como su instructor.

Faustino Pérez, dirigente del MR-26-7, hizo algunos viajes en el City of Havana a Norteamérica. El 27 de agosto del 1956, viajó en el Ferry hacia Key West, y le compró un libro de Agatha Christie a Urra en su negocio, quien lo fijó en la memoria intuitivamente. Tiempo más tarde, cuando se encontraron después del triunfo, Urra le habló del tema, y Faustino le comentó que después de aquello siguió a Miami y luego viajó a México durante el proceso de organización del desembarco del Granma.

Por supuesto que el Buró de Represión Anticomunista, conocido por sus siglas BRAC, de la etapa pre-revolucionaria, tenía su agentura en cualquier sitio proclive a actividades subversivas, y en el Ferry habían algunos reclutados de esta organización que tantos crímenes cometió en Cuba, confabulada con los partners de E.U.A, como el FBI, que utilizaba, incluso, los locales del BRAC situado en 23 y 32 en el Vedado, aledaños al edificio del Buró de Investigaciones para sus actividades investigativas con la anuencia presidencial. Entre los agentes estaban el Segundo Sobrecargo de apellido Sosa, un puertorriqueño radicado en Tampa, además de una mujer llamada Carmita que laboraba en Información del Ferry. La tarea de ambos era dar parte de cualquier actividad sospechosa al BRAC, cuyo J´ era Mariano Fagét, subordinado al Buró de Investigaciones (Buró), cuyo Jefe por entonces era el Coronel Orlando Piedra Negueruela. Tanto a la entrada a nuestras costas, como a la salida del crucero, se veía a funcionarios del Buró en el muelle.

En un contacto en La Lisa, en casa de Efrén González, vinieron Enrique Hart, el Cojo Héctor Rabelo de la dirigencia provincial del Movimiento, y Urra. Enrique Hart solicitó a este último, de parte de Faustino Pérez, ocuparse de apoyar la correspondencia internacional por sus posibilidades de viajes al exterior. Entonces Urra se apoyó en un Apartado Postal en un hotel en Key West de unos amigos italianos, que no sabían nada de esto. Allí llegaban cartas, paquetes, etc. desde distintos puntos de E.U.A, Costa Rica, México, y otros países que eran enviados por el propio Pablo Díaz desde New York. Enrique recogía todo en la casa de Urra en Lawton. Luego que Enrique partiera por orden del Movimiento a Matanzas, Urra la llevaba directo a un apartamento de unos médicos de apellido La Rosa, en L y 25, tercer piso, donde radicaba Faustino, con un pseudo simpático: Dra. Luisa. A Urra lo llevó la Dra. Gómez para conocer personalmente a Faustino.

En mayo del 1958 Faustino Pérez, fue visto por el Coronel Orlando Piedra cerca de la Ciudad Deportiva, procediéndose a su detención con un descomunal alboroto de carros policíacos, conjuntamente con una mujer de apellido Mesa que llevaba en su bolso una nota en una receta médica en cuyo reverso estaba el nombre de Urra escrito con tinta verde.

A partir de ese momento nuestro entrevistado fue detenido en su casa en horas de la madrugada, donde ocuparon un folleto de La historia me Absolverá, y unos dos mil proyectiles calibre 38, escondidos en un calentador de agua en la cocina de su hogar. A las 48 horas posteriores a la investigación, fue interrogado por el Cabo Marrero, y Onelio Piedra, hermano del J´ del Buró. Durante el interrogatorio, el cabo golpeó a Urra por el pecho, y como se le subiera con la fuerza del golpe el reloj hasta el codo, sarcásticamente le dijo: —“Trata de que no le haya pasado nada al reloj…Yo soy el que mató el otro día al periodista ecuatoriano Carlos Bastida”—como forma de intimidarlo. Detrás de Urra estaba parado Onelio Piedra, quien le dio con la mano abierta por un oído. Volteando la cara por la inercia del golpe, Onelio le disparó otro galletazo por el otro oído. A eso le llamaban el golpe del telefonazo. Con una linterna de cinco baterías, larguísima, le alumbraron el rostro al turbado detenido. Como no hubo respuesta de este, con la propia linterna le golpearon en el tobillo, y la rodilla a la par que inferían groseras palabras contra el líder de la Revolución Fidel Castro. En el piso había unas armas regadas, aparentemente rotas y los esbirros incitaban al todavía atolondrado Urra para que hiciera uso de ellas. Sonó el teléfono de momento, y luego de esto mandaron a sacar al torturado hacia el lugar donde lo custodiaban antes de la golpiza. Sólo en este año 2011 Urra supo a través de su hermano que por gestiones de su padre, sargento político del Partido Acción Unitaria- el Partido de Batista- que conocía antes del golpe del 10 de marzo al General Roberto Fernández Miranda, cuñado del sátrapa, este intercedió a favor del detenido, al que no soltaron de inmediato, para seguir interrogándolo, lo que se hizo varias veces más por la trilogía Orlando Piedra J´ del Buró, Julio Laurent, J´ del Servicio de Inteligencia Naval y Mariano Fagét, J´ del BRAC.

Dentro ya del Buró, para fichar a Urra con las cananas de balas, Laurent le preguntó a este si lo conocía; ante la negativa del detenido, le respondió que él era Laurent, y agregó: — “Te salvaste porque no caíste en mis manos…”. Laurent acostumbraba luego de torturar a sus víctimas, tirarlas al mar desde la lancha presidencial 4 de Septiembre por La Chorrera, atados a lingotes metálicos. Así ocurrió con Dionisio San Román, Alejandro González Brito, Lidia y Clodomira y otros. La hiena sangraba por la herida, porque no pudo detectar la evolución que Urra, bajo la dirección del MR-26-7, realizaba en el City of Havana, que era parte de su objetivo militar.

Los interrogadores insistían en el hecho de la salida clandestina por el Ferry hacia Key West del expedicionario del Granma Pablo Díaz González, en cuya operación realmente había participado Urra.

En efecto, este había trasladado en la embarcación a Pablo Díaz González, que vino en el Granma, para que se quedara en E.U.A en funciones del MR-26-7. Urra se las ingenió para esconder al compañero que era perseguido en La Habana en el baño de la nave antes de zarpar. Hasta el Ferry llegaron algunos testaferros, pero no dieron con él pues el segundo oficial, que era también miembro del Movimiento, apoyó a esconderlo en el cuarto de máquinas hasta salir del Morro, donde la familia de Pablo se cansó de esperar para despedirlo a lo lejos. Ya en territorio americano, se le entregó al expedicionario del Granma a un barbero miembro del MR-26-7 que lo esperaba para trasladarlo a New York. También Urra trasladaba armas, municiones hacia Cuba desde E.U.A, y correspondencia de esta organización, en ambas direcciones. Conocía igualmente de algunos carros de uso comprados por el Movimiento, con la fachada de venderlos en Cuba, donde se traían de territorio yanky armas escondidas en varias partes de los mismos, especialmente los tanques de gasolina. Urra sacaba municiones en cajas de bombones, con esparadrapo pegado al cuerpo, y otros ardides. Igual hizo con armas de pequeño calibre.

Luego de la trilogía de interrogadores, y dada la importancia del asunto por la entrada de armas y pertrechos desde E.U.A y entrada de revolucionarios cubanos a su país, vinieron al mismo Buró personal del FBI, con la anuencia del gobierno a interrogar a Urra.

Allí dos americanos lo interrogaron sobre el traslado de armas y municiones, además de correspondencia clandestina con organizaciones antibatistianas desde y hacia E.U.A, e incluso traslado de personas clandestinamente en el Ferry City of Havana. Recuerda Urra que aunque no lo torturaron físicamente, si lo hicieron en el aspecto psicológico, pues le gritaban al preguntarle- siempre en inglés, pues sabían que él lo hablaba perfectamente-, y había uno de los interrogadores que tenía unas gafas con un solo cristal oscuro que se le acercaba a la cara para preguntar, como intimidando. Lo inusual del caso, es que el interrogatorio se efectuó en la propia oficina del personero Mariano Fagés, en el BRAC. Urra se hizo el desentendido, y finalmente fue “liberado” para darle seguimiento al caso a través del chequeo. Nuestro entrevistado viajó nuevamente en el Ferry a Key West, y antes de llegar allá, el segundo de la aduana- que como era usual alcanzaba al buque antes de llegar a tierra- nada más que subió al buque, le informó a Urra que lo esperaba en tierra un funcionario para entrevistarlo. Le sugirió, además, que no reconociera nada. En efecto, así ocurrió todo en el propio muelle. Las preguntas eran las mismas que se le hicieron en Cuba por los funcionarios del FBI.

Vale destacar que antes de ser detenido Urra, Enrique Hart habló con él para trasladar a la Florida a un perseguido dirigente del aeropuerto, dada la experiencia positiva de lo que ocurrió con Pablo Díaz. A los pocos días, Enrique le informó a Urra que ya lo había sacado por el aeropuerto de Varadero, pero que era necesario que lo contactara en Miami y lo introdujera en los círculos del MR-26-7, debido a que Urra conocía a los dirigentes allá. Urra partió desde Key West durante la noche en un autobús de la Greyhound a Miami. Logró localizar al compañero y presentarlo al Movimiento, regresando nuevamente a K.W al Ferry.

Ya en la Revolución, y como medida del gobierno estadounidense, el City of Havana dejó de cruzar los mares desde y hasta Cuba, pero formó parte de la historia que contamos para rescatar algunos momentos de ella, y dar a conocer a una parte de sus gestores.

Se lamenta Urra todavía de que con la dinámica de los primeros días de la Revolución, no se percató de dejar al descubierto la actividad del Negrito Sosa, y Carmita, agentes del Buró/BRAC dentro del Ferry.

-FIN-

INFOGRAFIA.

Ferry 1. Contiene FOTO 1 y 2: Zonas de carga del Ferry. Obsérvese las líneas férreas interiores.

Ferry 2. Contiene FOTO 3y 4: Vista de los autos que cargaba el Ferry. Conjunto musical del crucero.

Ferry 3. Contiene FOTO 5y 6: Equipos de carga del City of Havana. El entonces empleado Pedro Urra, nuestro octogenario entrevistado.

Ferry 4. Contiene FOTO 7 y 8: Atraque en el muelle en Key West. Vista del muelle.

Nota: Estas fotos son del entrevistado.

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