HERMES

Federación Internacional de Comunicadores Populares

Acto por el 120 Aniversario de la caida en combate de José Martí: Intervención de M.ed. Elsa Vega Jiménez.

José Martí, de la cultura  enciclopédica a los versos sencillos.

Cuando los cimientos son sólidos y los materiales utilizados de buena calidad, las edificaciones resisten los embates del tiempo.

Este señor, cubano-canario-valenciano, ha  resistido el paso de los siglos y  nos convoca, a 120 años de su desaparición física, porque todavía tiene enseñanzas que ofrecernos.

Sobre él, innúmeras personas han escrito, y escriben, en diferentes partes del planeta.

Escuchemos la opinión de algunos grandes de las letras acerca de su obra:

Juan Ramón Jiménez (escritor español) reconoce la influencia de Martí en su obra.

 "Desde que, casi niño, leí unos versos de Martí, no se ya dónde… pensé en él. No me dejaba. Lo veía entonces como alguien raro y distinto, no ya de nosotros los españoles sino de los cubanos, los hispanoamericanos en general. Lo veía más derecho, más acerado, más directo, más fino, más secreto, más nacional y más universal”.

Miguel de Unamuno (escritor español) expresa con humildad:

“Pienso en Martí, que tanto me ha enseñado a sentir, más que a pensar”.

Domingo Faustino Sarmiento  (político y escritor argentino.)

 “En español nada hay que se parezca a la salida de bramidos de José Martí, y después de Víctor Hugo  nada presenta la Francia de esta resonancia de metal”.

Gabriela Mistral  (chilena, Nobel de Literatura 1945)

 “Todo es agradecimiento en mi amor de Martí: gratitud hacia el escritor que es el maestro americano más ostensible de mi obra, y también agradecimiento del guía de hombres que  la América produjo…

  Hemisferios de agradecimiento son para mí la literatura y la vida de José Martí… Su vida es una obra inacabada”.

Rubén Darío (escritor nicaragüense)    

 “Escribía una prosa profusa, llena de vitalidad y de color, de plasticidad y de música. Se transparentaba el cultivo de los clásicos españoles y el conocimiento de todas las literaturas antiguas y modernas; y, sobre todo, el espíritu de un alto y maravilloso poeta”.  

    Sobre los Versos sencillos valora:

"La sencillez de Martí es de las cosas más difíciles, pues a ella no se llega sin potente dominio del verbo y muchos conocimientos”.

Formación académica de José Martí.

 Hasta el segundo año de bachillerato estudió en diferentes colegios de La Habana, lo concluyó en Madrid y en esta ciudad y en Zaragoza realizó sus estudios universitarios.

     Durante su corta pero intensa vida, fue un incansable lector. Aprovechó al máximo las posibilidades que brindan la autosuperación, el autodidactismo.

      Hoy se enfatizará, con breves pinceladas,  en la enseñanza primaria por la importancia que esta etapa tiene en su formación y por ser la menos conocida.

 De  los siete a los doce años fue matrícula del colegio “San Anacleto”, del cultísimo educador cubano Rafael Sixto Casado García de Alayeto.

 El claustro lo integraban destacadas figuras de la intelectualidad cubana. De  las aulas de este colegio egresaron numerosos jóvenes que devinieron en patriotas, mártires, científicos, escritores, intelectuales.

 El plan de estudio de la enseñanza primaria fue concebido cuidadosamente para preparar hombres pensantes y actuantes, y no simples repetidores de contenidos extraídos de los manuales.

Ciclo propedéutico:

Religión y moral.

Caligrafía: española, inglesa y gótica.

Lectura.

Gramática castellana.

Aritmética elemental

Geografía de la Isla.

Historia de la Isla.

Concluida esta etapa, continúa la enseñanza primaria con:

Religión y moral

Literatura

Cronología e Historia Universal

Geografía Universal

Cosmografía

Matemáticas puras y mixtas

Aritmética mercantil

Teneduría de libros

Gramática General

Idiomas: latín, griego, inglés, francés, italiano, alemán.

Dibujo lineal

Dibujo natural

Pintura al óleo

Música vocal e instrumental

Gimnástica

Esgrima

Baile

Las ciencias estaban presentes, se aplicaron para su enseñanza-aprendizaje la observación, la experimentación, la investigación, en bien dotados laboratorios.

Era premisa, para la asimilación del conocimiento, el razonamiento y no la memorización mecánica, la aceptación ciega, por medio de la fe, de verdades  pre-establecidas.

Los idiomas.

El análisis de los Ramos de enseñanza de los planteles en que Martí estuvo matriculado en Cuba  arroja que en el  colegio primario San Anacleto recibió clases  de  dos lenguas muertas  como bases para el aprendizaje de   cuatro  modernas.

En el colegio “San Pablo” estudia inglés y francés.

 En  el segundo y  tercer año, en el Instituto, aparece inscripto en Rudimentos de la  Lengua Griega. En la Universidad, en España, cursa hebreo y sánscrito.

En los planes de estudio de los colegios -primarios  y medios- así como de las universidades,  la lengua era una asignatura más, a veces con unas cuantas horas-clase como para enseñar los niveles elementales de comunicación oral y escrita, y en el caso de las lenguas muertas, se impartían elementos de traducción, insuficientes para lograr un dominio total de los cuatro aspectos de la  lengua, (comprensión, lectura, escritura, comunicación oral)  porque para ello serían necesarias muchas horas de adquisición teórica de conocimientos y no pocas de práctica.

 En fuentes de archivo, durante nuestra investigación se pudo   constatar que en el San Anacleto,   para la enseñanza de la traducción,  se daba tanta importancia a los procedimientos metodológicos  como a los textos  empleados.

En  el caso de los clásicos, acompañado  con el estudio de las biografías de los autores, se traducían, entre otros: “Las Bucólicas” de Virgilio, el “Libro de los tristes” de Ovidio, las “Fábulas” de Fedro,  odas  del “Libro de los Versos” de Horacio.

 Para el francés los dos primeros libros de Telémaco.

En el San Anacleto, los procedimientos metodológicos fundamentales eran la inducción, la deducción, el análisis, la síntesis y la traducción. 

 La primera experiencia de Martí en un medio anglófono corresponde a un momento en que era alumno del San Anacleto, tenía diez años. Acompaña a Don Mariano (el padre) a Honduras Británica.

 Cabe la posibilidad de que el padre, de casi nulas letras,  se hiciera acompañar del hijo para beneficiarse de su conocimiento de la lengua inglesa.

De ser este el caso, corresponde al colegio de Casado haberle dado una enseñanza práctica que lo preparaba para la vida al propiciarle la iniciación en el terreno de la comunicación en una lengua extranjera. Algo así como traducción consecutiva.

El que más tarde fuera iniciador del Modernismo, el renovador de la poesía en castellano y el traductor brillante que anidan en Martí, despuntan en fecha muy temprana.

Anunciando al poeta mayor y al visionario crítico artístico y literario que lleva dentro, a los doce años, recién terminada la enseñanza primaria, según testimonia, comenzó,  en 1865,  la ardua tarea de traducir “A Mistery”, de Lord Byron.

Audaz en su pre adolescencia,  con  12 o 13 años de edad y con el dominio  del inglés aprendido en clases en el San Anacleto, confiesa que  intentó traducir “Hamlet”, aunque abandonó la empresa en la escena de los sepultureros, quinto acto, por parecerle indigno de un poeta hablar de ratones.

 Se atrevía no solo a  intentar acercarse a Shakespeare, se da el lujo de hacerle una crítica abierta al no agradarle el léxico utilizado por aquel grande de las letras inglesas.

También dominaba portugués, e incursionó en el aprendizaje del ruso y del quichua.

En resumen, dominaba latín, griego, hebreo, sánscrito, inglés, francés, alemán, italiano, portugués y un poco de ruso y de quichua.

A lo largo de su corta vida hizo uso de los idiomas al ser profesor, periodista, traductor, político, diplomático, escritor, crítico de arte de: MÚSICA, PINTURA, LITERATURA.

El trabajador, los idiomas, el traductor.

En Francia traduce del francés una canción de Augusto Vacquérie y en México, en 1875, traduce una preciosa novela,  “Mes fils” (“Mis hijos”, de Víctor Hugo).

De esta experiencia, y de su carta a María Mantilla, en 1895,  ha legado para la posteridad consejos sobre traducción que conservan vigencia, son  clases válidas de “Metodología dela enseñanza de la traducción”.

 En 1895 aconseja a María Mantilla  que traduzca del francés respetando la gramática y las especificidades de la lengua española. Le recomienda cómo hacerlo, le pone varios ejemplos prácticos.

 Esa epístola  es una clase magistral de metodología de la traducción cuyas recomendaciones pueden ser muy útiles a los traductores hasta nuestros días.

 He aquí algunos fragmentos de 1875:

1- Dificultades graves. Traducir es transcribir de un idioma a otro. Yo creo más, yo creo que traducir es  transpensar.

2- -El deber del traductor es conservar su propio idioma.

3- Yo anhelo escribir con toda la clara limpieza,  y elegancia sabrosa, y giros gallardos  del idioma español.

En la Escuela Normal de Guatemala, en 1877-78, es profesor de Literatura Europea (francesa, inglesa, alemana e italiana).

En Venezuela, 1881, es profesor de Francés en el colegio Santa María.

En Estados Unidos  hace crítica de arte para publicaciones periódicas de amplia difusión en la “lengua maciza” en que “Irving dibujó colores” y “Whitman amontona olas”.

También lo hace en la lengua de Hugo.

En este país, para el pan ganar, tradujo, del inglés,  tres obras pedagógicas: “Antigüedades griegas”, “Antigüedades romanas” y “Nociones de lógica” y  La novela “Ramona”, de Helen Hunt Jackson. Ésta, llevada  por Martí al español es una depurada reelaboración del tema indio que tanto le  apasionó siempre.

En la Revista para niños “La Edad de Oro” (1889) trajo del inglés y del francés  al español con  esmerada creatividad al hacer adecuaciones al medio, cuentos  clásicos   de la literatura universal para niños y los puso al alcance  de los pequeños  y jóvenes hispanohablantes que tenían acceso a la educación.

En abril de 1887, comunica a Fermín Valdés Domínguez  que está traduciendo  del portugués y que algún día sabrá cómo y dónde lo aprendió, aspecto que deja en suspenso y que no hemos podido desvelar.

El idioma alemán le resulta familiar y hace referencia a obras que conoció y leyó en esa lengua. La enseñanza de este idioma en algunas escuelas de Estados Unidos ocupó su atención. Se refirió críticamente al escaso número de horas clases, solo  66 en un año, destinadas a la enseñanza del alemán como lengua extranjera  en ese país, porque esa exigua cifra impide  su natural adquisición y pleno dominio.

    Para él: “La lengua es el producto y la forma en voces, de una  nación”.

Emitió  Martí sus juicios  acerca de la enseñanza-aprendizaje tanto de las lenguas clásicas como de las modernas y defendió el criterio  de la importancia que tiene el conocimiento de lenguas para leer la obra en el original sin  recurrir a las traducciones, no siempre fieles a los autores.

La  base adquirida en el San Anacleto fue sólida, porque, evidentemente, sobre ella pudo continuar en diferentes centros  y de manera autodidacta el aprendizaje de otras tan diferentes como el ruso y el quichua. 

Y en Estados Unidos fue profesor de Español  como lengua extranjera.

La sólida formación escolar.

El germen de la cultura enciclopédica que poseía se encuentra en la solidez de la enseñanza elemental y media recibidas.

La música.

En el  “San Anacleto” se impartía música instrumental y vocal, y los alumnos que más se destacaban en los estudios de las obras de Gaetano Donizetti (1797-1848),  Vincenzo Bellini (1801-1835),  Giuseppe Verdi (1813-1901), y otros, demostraban sus progresos interpretando piezas o variaciones en los actos  festivos preparados para concluir el curso.

     Los libretos de las óperas de Verdi, en su casi totalidad eran escritos por Felice Romani (1788-1865), poeta, profesor de literatura y de mitología, profundo conocedor de la literatura francesa, Francesco María Piave (1810-1876), convencido nacionalista, colaborador y amigo de Verdi durante casi toda la vida y Temistocle Solera (1815-1878)  quien compuso algunas óperas y  fue el libretista de varias de las primeras obras de Verdi: Oberto, Conte di San Bonifacio, Nabucco, I bombardi, Giovanna di Arco, Attila y otros.

 Algunos libretos estaban basados en  piezas teatrales, poemas, novelas, de Víctor Hugo, Shakespeare, Tommaso Grossi, Zacharias Werner, Alexandre Sonnet y otros autores  no menos importantes.

   En un folleto de 1868, encontrado por Alejo Carpentier, hay correcciones manuscritas de erratas, frases  y trazos que revelan un estudio cuidadoso de la teoría musical hecho por quien con su firma en una página interior demuestra ser  propietario del tratado: José Martí. Tenía 15 años.

   A los veintidós comenzó a hacer acertada crítica musical como profesional en la prensa mejicana, en esta oportunidad  fueron tres artículos sobre el violinista cubano José White.  Luego la continuó, durante lustros, sobre múltiples  músicos en la prensa estadounidense y de otros países, hasta su muerte, en 1895.

Bien educado su oído para escuchar y sus manos para ejecutar buena música desde la  infancia, disfrutaba  escuchando  piezas de los clásicos universales: el “imponente”  Haendel, el “arrebatado”  Bach, el “místico” Beethoven, Debussy, Mozart, o los románticos Berlioz, Wagner y Chopin.

Véanse algunas líneas extraídas de sus críticas musicales desde 1875:

-    El color tiene límites: la palabra, labios, la música, cielo. Lo verdadero es lo que no termina, y la música está perpetuamente palpitando en el espacio. (M.J. O.C. t 5, p. 293)

    -La música es el hombre escapado de sí mismo: es el ansia de lo ilímite surgido de lo limitado y de lo  estrecho; es la armonía constante y venidera.  (M.J. O. C. t. 5, p. 294)

     -La música es la más bella forma de lo bello.  (Ibidem)

- …¿qué es la música sino la compañera y guía del espíritu en su viaje por los espacios? (M.J. O.C. t.18, p.231)

-…voz y piano  han de ir juntos, como la luz y la sombra: la música ha de crear, como en Haendel, ha de gemir, como en Verdi, ha de pintar como en Mendelssohn. (M.J. O.C. t. 5, p. 308)

 Los conceptos que aparecen en la crítica musical martiana conforman un cuerpo propio de un conocedor no solo de la teoría de la música sino de la vida de los autores.

En un orden de valores de las artes, él que es poeta hasta en prosa, y sabe de artes plásticas expresa:

“el alma gusta más de la música que de la pintura, y tal vez más de la pintura que de la poesía”. En  este  pensamiento se resume su concepto  al respecto. 

    Fundamenta su aseveración  con los siguientes criterios:

-”La música es más bella que la poesía porque las notas son menos limitadas que las rimas. La nota tiene el sonido, y el eco grave, y el eco lánguido con que se pierde en el espacio: el verso es uno, es seco, es solo:- el alma comprimida -forma implacable- ritmo tenacísimo.”  (M.J. O.C. t. 6, p.372)   

 Tal es la musicalidad de su producción poemática que más de cuarenta  textos suyos sobre variadas temáticas  han sido musicalizados por Joseíto Fernández,  Pete Seeger, Harold Gramatges, Sara González, Amaury Pérez, Pablo Milanés, Miguel Porcel, entre otros.

La pintura.

Otro conocimiento que adorna el intelecto de Martí es el de la pintura.

 En el colegio “San Anacleto”  por primera vez Martí toma un pincel en sus manos y recibe lecciones de cómo llevar al lienzo una  composición artística copiada de un modelo,   o por pura creación, reflejando en el soporte, cartulina o lienzo, imágenes  existentes en su cerebro como reflejo del medio.

Las clases  de dibujo y de  pintura que recibió  en la primaria,  o los maestros que tuvo vieron en él talento en potencia y se lo hicieron saber, y esto   le sirvió de motivación, porque, a los catorce años,  fue matrícula,  por corto tiempo, de la Academia de pintura  San Alejandro cuyos profesores se encontraban entre los más reconocidos pintores de la época.  

 Dominaba las corrientes, los estilos pictóricos, los principales representantes de las  escuelas.  Sus criterios sorprenden  porque sus opiniones son  las de un experto.   

De su sabia  pluma salen acertadas opiniones  sobre diferentes movimientos,  distintas escuelas y  obras de sus representantes: Zurbarán, Ribera,  Velázquez, Goya, Madrazo, Pablo Gonzalvo, Rubens,  Renoir, Fortuny, Vereschagin, Zamacois...

En múltiples ocasiones dejó su crítica en la prensa sobre pintores impresionistas.

 Su valoración sobre  una obra del húngaro  Mijail Munkacsy es prueba fehaciente de su dominio teórico sobre pintura. En aquel momento ese pintor era apenas conocido. Pero el periodista antevió, supo captar el talento del autor   escondido en la  composición pictórica “El Cristo ante Pilatos”.

  La disección  que hace Martí de la forma y del contenido del cuadro es tan favorable, que pasado más de un siglo mantiene vigencia, porque Munkacsy con el tiempo, fue considerado uno de los pintores indispensables en la historia del arte de esa nación.

A continuación, véanse algunos fragmentos de su crítica pictórica.

En ellos destaca su preocupación por el correcto empleo del color, en este caso, que las luces y las sombras den aspecto natural a lo reflejado en la obra,  la temática, la perspectiva, y sobre todo la originalidad si el pintor tiene aspiraciones de trascender. Nada importante en pintura escapa a su conocedor ojo analítico y a su sincera pluma.

-El que pinta igual que  todo el mundo caerá pronto en el olvido. El que obra como él y lo hace bien, perdurará; habrá sido original. (“Madrazo”, M. J. O. C. t. 15, p.149)

-El artista que ha de sobrevivir en sus cuadros dibuja la verdad. El que se contenta con la mera copia y ornamentación  de lo perecedero está destinado a perecer. (“La carrera y las obras del español Eduardo Zamacois”. M. J. O. C. t. 28, p. 145).

-La pintura por medio de la tinta es algo como un arte de adorno y una ilustración a un tiempo. (“Pintura japonesa”. M. J. O.C. t. 19, p. 324).

-Lo arquitectónico es uno de los aspectos más difíciles para el pintor, -aun los mejores a menudo fallan en estos temas. (“Los acuarelistas franceses”. M. J. O. C. t. 15, p. 311).

- La monotonía es fiera, porque lo extingue todo, como  que hasta extingue las santidades y costumbres del amor; en pintura, las líneas paralelas, los puntos simétricos, las líneas iguales y alternas  geometrizan la figura, vician el conjunto, destruyen con la dureza de las rectas, la gracia y las ondulaciones de la obra. …No hay belleza en la rigidez; la vida es móvil, desenvuelta, abandonada, muelle, activa… (“Una visita la exposición de Bellas Artes”. M. J. O. C. t. 6, pp. 390-391).

    -En la pintura, como en el amor, el más grande y singular mérito es la fidelidad. (“Mario Fortuny”. M. J. O. C. t. 28, p.127).

El poeta.

De lo culto académico a lo culto popular.

Desde la adolescencia José Martí escribió muchos poemas. No hay tema que haya quedado fuera de su producción.

Por el contenido y por la forma son versos, en su mayoría autobiográficos,  de un alto vuelo poético compuestos por un hombre de una cultura increíble a pesar de su azarosa vida y corta edad, pero el autor no se sentía satisfecho, los consideraba de poco valor.

Fue él quien pidió a su albacea que no publicase ninguno de sus versos de antes del Ismaelillo. (1882)

Véanse algunos ejemplos de estos Versos Libres, escritos entre 1878 y 1882, que no satisficieron su condición de poeta.

Están cargados de sentimiento patriótico, de sufrimiento personal,  y formalmente son impecables, pero no se parecían a él,  Martí  se identificaba con la expresión poética sencilla  no cejó en su empeño hasta que encontró cómo trasmitir todo lo profundo, bello y bueno que en él anidaba de forma llana, sin rebuscamientos

POÉTICA


La verdad quiere cetro. El verso mío
Puede, cual paje amable, ir por lujosas
Salas, de aroma vario y luces ricas,
Temblando enamorado en el cortejo
De una ilustre princesa, o gratas nieves
Repartiendo a las damas.

 

Estos son versos blancos.

 

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Cuando en los poemas  de Martí comienzan a aparecer giros inesperados, hay quienes, incapaces de llegar a su hondura, se atreven a sugerirle que abandone la poesía.

   En el siguiente ejemplo se da por enterado de esas  críticas, porque está rompiendo cánones. Pero hace caso omiso de la academia porque en esos moldes le resulta imposible vaciar la poesía que lleva dentro.

En este ejemplo, la identifica como  su caballo.

 

ACADÉMICA


Ven, mi caballo, a que te encinche: quieren
Que no con garbo natural el coso
Al sabio impulso corras de la vida,
Sino que el paso de la pista aprendas,
Y la lengua del látigo, y sumiso
Des a la silla el arrogante lomo:-
 ----------------------------------------------------
No han de cantarse, no, sino las pautas
Que en moldecillo azucarado y hueco
Encasacados dómines dibujan:
Y gritan “Al bribón!” - cuando a las puertas
Del templo augusto un hombre libre asoma!-
Ven, mi caballo, con tu casco limpio
A yerba nueva y flor de llano oliente,
 

   Martí ha conocido la obra de Whitman en inglés, ve en ella la poesía de la libertad, de la ruptura formal con la academia, no hay rima, la métrica es caprichosa, pero cuánta originalidad, sinceridad, belleza y musicalidad en cada verso. Es un poeta rebelde y desembarazado. Gana este anciano la admiración de Martí.

El Maestro buscaba mejorarse constantemente, necesitaba encontrar una forma que lo identificara, no por la ampulosidad o la demostración de conocimientos sino por la trasmisión de profundos sentimientos reflejados de la manera más sencilla.

Adhirió el Modernismo, pero no el clásico altisonante  de la imitación  extranjera y del arte de la evasión empleado por la casi totalidad de los poetas del momento.

En la esencia de su poesía modernista aparece el Romanticismo: está el deseo de emancipación mental, política, el amor patrio, su fe en el mejoramiento humano, en las posibilidades que tiene cada ser humano de crear. Es poesía autobiográfica y comprometida.

Desde su periodismo mejicano luchaba por sensibilizar a  escritores y  poetas para que evitaran copiar modelos foráneos y buscasen formas propias de expresión, enriquecida con el canto de los valores autóctonos.

En sus composiciones poéticas  podía hacer gala de cultura universal, pero esos modos no se correspondían con el compromiso de luchar por los oprimidos y defender los derechos de los pobres que desde niño se había trazado.

Con los pobres de la tierra

Quiero yo mi suerte echar

El arroyo de la sierra

Me complace más que el mar.

Este  verso sencillo  se me antoja su testamento literario.

Como ha podido apreciarse, en Martí hubo un forcejeo consciente con la inspiración  hasta amoldarla a sus necesidades.

Dio un vuelco a su expresión poética, y, como expresara sobre Víctor Hugo, escribió en Martí.

 Comenzó a escribir versos modernistas con hondura patriótica, con orgullo hispanoamericano y cubano, descubrió que podía escribir con un sello tipificador, identitario.

Cuando se lee algo de Martí, se siente su aliento, se le reconoce por original, sincero, sencillo.

  En 1882 enriqueció la lírica de habla española con el poemario  “Ismaelillo”, dedicado a su pequeño hijo ausente. Es una joya modernista de honda ternura  e imágenes novedosas.

  En la búsqueda de la expresión poética que se aviniera con su carácter, su personalidad, su forma de vivir y de ser, llegó a los versos sencillos, publicados en 1892.

 En ellos se aprecian el amplio  conocimiento  de los cásicos, de la más genuina literatura española, del poeta Víctor Hugo y, más que nada, su modernista y peculiar  capacidad renovadora.

  He aquí algunos ejemplos, de inmediato se apreciarán las diferencias. Son sencillos solo en apariencia, en el fondo, muchos son autobiográficos, patrióticos, libertarios, aunque también los hay de amor y de muy variadas temáticas, como corresponde a un hombre de cultura enciclopédica amante de la sencillez en la expresión poética.

Yo sé de Egipto y Nigricia,

y de Persia y Xenophonte;

y prefiero la caricia 

del aire fresco del monte.

Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.

Otros poemas de su libro “Versos sencillos”, de carácter autobiográfico con profundo aliento lírico son: “La bailarina española”, “La niña de Guatemala” y los que han inspirado la “Guantanamera”.

M.Ed. Elsa Vega Jiménez

Mayo 19 de 2015

Museo Municipal, Arucas.

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