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Federación Internacional de Comunicadores Populares

"11 de Septiembre: Un día sin guerra" por Amy Goodman


9 de septiembre de 2010


El noveno aniversario de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos debería ser un momento para reflexionar sobre la tolerancia. Debería ser un día de paz. Sin embargo, el fervor anti musulmán que existe aquí,
sumado a la continuada ocupación militar estadounidense de Irak y a la escalada
de la guerra en Afganistán (y Pakistán), todo unido, alimenta la idea de que, de
hecho, Estados Unidos está en guerra con el Islam.


El 11 de septiembre de 2001 unió al mundo contra el terrorismo. Todo el mundo, al parecer, estaba con Estados Unidos, en solidaridad con las víctimas, con las familias que perdieron seres queridos. Ese día será
recordado por las generaciones futuras como el día que se llevó a cabo el infame
acto de asesinato masivo coordinado más resonante de principios del siglo XXI.
Pero ese no fue el primer 11 de septiembre asociado con el terror:


El 11 de septiembre de 1973, en Chile, el Presidente democráticamente electo, Salvador Allende, muere en el marco de un golpe militar apoyado por la CIA, que marcó el comienzo de un régimen de terror comandado por
el dictador Augusto Pinochet y durante el cual fueron asesinados miles de
chilenos.


El 11 de septiembre de 1977, en Sudáfrica, el líder contra el apartheid Stephen Biko fue golpeado dentro de una camioneta de la policía. Murió al día siguiente.


El 11 de septiembre de 1990, en Guatemala, la antropóloga guatemalteca Myrna Mack fue asesinada por militares que contaban con el apoyo de Estados Unidos.


Del 9 al 13 de septiembre de 1971, en Nueva York, se produjo un levantamiento en la cárcel de Áttica, durante el cual la policía del estado de Nueva York asesinó a treinta y nueve prisioneros y guardias e hirió a otros
cientos.


El 11 de septiembre de 1988, en Haití, milicias de derecha llevan a cabo un ataque durante una misa celebrada por el Padre Jean-Bertrand Aristide en la Parroquia de San Juan Bosco de Puerto Príncipe en el que asesinan
al menos a trece fieles y hieren al menos a otras setenta y siete personas. Más
tarde, Aristide sería dos veces electo presidente, y dos veces derrocado por
golpes de estado apoyados por Estados Unidos.


Si hay algo que es el 11 de septiembre, es un día para recordar a las víctimas del terror, a todas las víctimas del terror, y para trabajar por la paz, como lo hace el grupo “Familias del 11 de Septiembre por un
Mañana de Paz”. Conformado por personas que perdieron seres queridos el 11 de
septiembre de 2001 en el ataque a las Torres Gemelas, su misión podría servir
como un llamado nacional a la acción. En su página web escriben: “Transformar
nuestro dolor en acciones por la paz es nuestro objetivo. Al desarrollar y
abogar por opciones y acciones no violentas en nuestra búsqueda de justicia,
esperamos romper los ciclos de violencia engendrados por la guerra y el
terrorismo. Reconociendo nuestra experiencia común con todas aquellas personas
afectadas por la violencia a lo largo y ancho del planeta, trabajamos para crear
un mundo más seguro y con más paz para todas las personas.”


El estudio de “Democracy Now!” estaba ubicado a pocas cuadras de las Torres Gemelas. Estábamos transmitiendo en vivo cuando cayeron. Durante los días siguientes, miles de folletos con las fotos de los desparecidos
volaban por todas partes, con los números de teléfonos de los familiares para
llamar si se reconocía a alguien. Me recordaban a los carteles que llevaban las
Madres de Plaza de Mayo en Argentina, esas mujeres con pañuelos blancos en la
cabeza que marcharon valientemente semana tras semana portando fotos de sus
hijos desaparecidos durante la dictadura militar que vivió ese país en los años
70.


También recuerdo la constante corriente de fotos de jóvenes del ejército asesinados en Irak y en Afganistán, y ahora, cada vez más frecuentemente (aunque aparecen menos en las noticias) las fotos de quienes se
quitan la vida a sí mismos tras haber sido varias veces convocados a
combate.


Por cada víctima de Estados Unidos o de la OTAN hay, literalmente, cientos de víctimas en Irak y Afganistán cuyas fotos nunca se van a mostrar y cuyos nombres nunca vamos a conocer.


Mientras una multitud descontrolada y furiosa intenta impedir la construcción de un centro comunitario islámico en el Bajo Manhattan (en un edificio vacío, ignorado durante años y dañado, a más de dos cuadras de
la zona cero), un “ministro” evangélico de Florida está organizando para el 11
de septiembre el “Día Internacional de Quema del Corán.” El General David
Petraeus afirmó que la quema, que ha suscitado protestas en todo el planeta,
“podría poner en peligro a las tropas.” Y está en lo cierto. Así como también
pone en peligro a las tropas el bombardear a civiles inocentes y sus
hogares.


Al igual que Vietnam en los años 60, Afganistán tiene una decidida resistencia armada local, entregada a su causa, y un profundamente corrupto grupo en Kabul enmascarado como gobierno central. La guerra está
ensangrentando al vecino país, Pakistán, igual que la Guerra de Vietnam se
esparció a Camboya y Laos.

Poco después del 11 de septiembre de 2001, mientras miles de personas estaban reunidas en los parques de la ciudad de Nueva York y mantenían vigilias improvisadas a la luz de las velas, un autoadhesivo apareció en
carteles, pancartas y bancos de plaza. En él se leía: “Nuestro dolor no es un
grito de guerra.”


Este 11 de septiembre el mensaje sigue siendo—dolorosa y lamentablemente—oportuno.


Hagamos del 11 de septiembre un día sin guerra.

————————–

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


© 2010 Amy Goodman


Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 600 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 250 en español. Es co-autora del libro "Los que
luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en
Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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